El Normalismo frente al Siglo XXI

By on junio 21, 2013

* La educación pública actual tiene  nuevos retos; la educación nacional exige hoy, verdaderas transformaciones, sin simulaciones ni engaños

Por:  Mtro. Adolfo Napoleón Flores Mtz.

 Se ha dicho reiteradamente, que la educación pública cuenta con infraestructura del siglo XIX, maestros del siglo XX y alumnos del siglo XXI; en este contexto, la escuela actual, emerge a una serie de escenarios donde parece haber más preguntas que respuestas, donde lo característico es el aumento de incertidumbres y la disolución de paradigmas que nos señalaban certezas.

Carlos Fuentes en su obra: “Por un progreso incluyente”, señala que México fue transformado por la educación, pero México también transformó a la educación. En los tiempos presentes, enfrentamos retos, crisis y problemas, que exigen habilidades y competencias no desarrolladas plenamente. Como sociedad, afrontamos una situación de transición en el modelo de relaciones entre países y entre culturas; transición impulsada por el fenómeno de la globalización en diversos ámbitos, pero principalmente en el económico, informativo y comunicacional.

Esta transición ha cambiado totalmente en panorama conocido, los paradigmas hasta hoy aceptados se transforman radical y constantemente. Con incertidumbre, vemos que aquello en lo que regularmente creíamos deja de tener vigencia; las reglas con las que nos relacionamos ya no funcionan; pierden equilibrio los sistemas de valores y los intereses de las personas; la estabilidad económica se pone en riesgo frecuentemente; y más preocupante aún, la honorabilidad y credibilidad de las personas se está perdiendo.

La educación pública actual, ciertamente conserva el mismo espíritu de sus inicios, pero los retos no son iguales; la educación nacional exige hoy, verdaderas transformaciones, sin simulaciones ni engaños, para que esté, a la altura de los desafíos de este nuevo siglo. En esta situación, la educación es considerada como un importante recurso que ayuda a enfrentar retos y crisis, a resolver problemas.

La escuela pública, producto de nuestra Carta Magna, se basa en las ideas de gratuidad, obligatoriedad, equidad y calidad, en el intento de compensar las diferencias sociales. El magisterio nacional, a lo largo de su historia, ha tenido un papel preponderante en este sentido; como lo señaló, Ignacio Manuel Altamirano: “el magisterio ilumina con sus conocimientos a toda la República, despierta las más nobles aspiraciones en los niños y jóvenes y los incorpora a una vida más plena… llevando con las letras, las libertades y los derechos a los pueblos más remotos, manteniendo vigoroso nuestro amor a México y nuestro orgullo de ser mexicanos”.

En este contexto, el normalismo, ha representado la presencia y acción de muchas generaciones de maestros, que han hecho posible la educación nacional. Socialmente, se le ha reconocido como una de las fuerzas decisivas que ha impulsado el desarrollo de la nación; su importancia y trascendencia es innegable. El normalismo ha constituido en sí mismo, un movimiento social primordial y una fuerza histórica significativa.

Sin lugar a dudas, el buen desempeño cotidiano de los maestros en relación con sus alumnos y la comunidad, son factores primordiales para asegurar el cumplimiento de las funciones sociales esperadas de los docentes; pero ésto sólo se logrará sobre la base firme de una formación adecuada en las escuelas normales. Los paradigmas, hasta hoy aceptados, se transforman radical y constantemente en retos, crisis y problemas, que exigen a los docentes en formación nuevas competencias, que sólo se alcanzaran a través de una ordenada y constante preparación.

Entendido de esta manera, todo cambio educativo, debe iniciar en las instituciones formadoras de docentes. Por lo tanto, es necesario un nuevo normalismo, un normalismo vigoroso, renovado y prospectivo, en donde ciertamente se conserve una formación basada en una filosofía pedagógica de inspiración liberal, respetuosa de las diversas formas de pensar y con el ejercicio constante de los valores humanistas; pero también, que privilegie un conocimiento universal y vanguardista.

El México de hoy, pero sobre todo el del futuro, requiere de maestros libres, responsables, solidarios, perfectibles y trascendentes; maestros, que inculquen valores, como el amor a la patria, a la comunidad y la familia; como el compañerismo, la solidaridad, la tolerancia, la honestidad y la disciplina; el esfuerzo personal y el trabajo en equipo; el cumplimiento de las leyes y el saber supeditar los intereses personales al beneficio común; de ello, depende que podamos reconstruir nuestro país, en un lugar más seguro, justo, democrático y próspero.

Maestros que, con el ejemplo, hagan ver lo importantes que son el esfuerzo y la perseverancia para alcanzar las metas que nos proponemos, como lo señaló, José Vasconcelos: “en el alma y el ejemplo de las maestras y maestros nuestra Patria tendrá un futuro promisorio”. Maestros normalistas críticos, con capacidad de propuesta y comprometidos con las grandes causas de la nación; que aprendan a ganar la batalla en el terreno de las ideas y de los argumentos; éticos y profesionales, con una clara conciencia de sus obligaciones como educadores.

e-mail: napo_flores_1963@hotmail.com   

2 Comments

  1. Isaac Pedro S R

    junio 24, 2013 at 8:40 am

    Los maestros actuales independientemente de la antigüedad, origen, función que desempeñe, federal o estatal, etc., deberíamos tener presentes los legados de los grandes pensadores mexicanos o de otro origen porque la cultura no tiene nacionalidad ni fronteras, los valores no han cambiado en su esencia el problema es en muchas ocasiones no actuamos en función de lo que pensamos o expresamos y en el caso de los maestros no cumplimos con la gran responsabilidad social que tenemos.

  2. Hugo Armendariz

    julio 12, 2013 at 7:52 pm

    El normalismo perdió el rumbo hace muchos años, desde que los maestros dejaron de ser educadores y se convirtieron en licenciados en educación; antes con limitaciones de muchas índoles, pero con ética y amor a la profesión docente y a la Patria, los profesores se involucraban verdaderamente con su tarea: educar a las nuevas generaciones.

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