Un acercamiento a la calidad de la educación

By on junio 25, 2013

*  Ante el reto de ofertar una educación de calidad, la escuela del siglo XXI, emerge a una serie de escenarios donde parece haber más preguntas que respuestas

Mtro. Adolfo Napoleón Flores Martinez.

Históricamente las sociedades humanas han aceptado que la educación es el más importante medio con que se ha contado para luchar contra las desigualdades, para afrontar los fenómenos y los procesos de segregación, así como de exclusión social; ya que ha servido para establecer, ampliar y profundizar los valores cívicos y democráticos; como motor del desarrollo económico y cultural; además de propiciar el desarrollo personal y el mejoramiento de la calidad de vida.

 Frente a los retos que implica vivir en una sociedad posmoderna, llena de desafíos en un nuevo y cambiante escenario económico, social, político y cultural; actualmente, resulta necesario actualizar la manera en como están organizados los sistemas educativos nacional y estatal; experimentando cambios profundos para hacer frente a las nuevas demandas sociales y los desafíos que ello implica.

En los últimos lustros, al irse abatiendo el problema de la cobertura, la calidad educativa es un constructo que emerge en el contexto educativo como una exigencia social reiterada, a la cual se le pueden dar varios sentidos de acuerdo a la perspectiva en que se aborde. De principio, es un fenómeno complejo, ya que hay múltiples factores que lo determinan, y cualquier esfuerzo por afectar una de sus causas será, necesariamente parcial; por ello, es necesario tener una visión holística para comprenderlo y así poder implementar acciones específicas, ya que incluye varias enfoques complementarios entre sí.

La calidad, etimológicamente, es entendida como cualidad; se identifica como un conjunto de atributos o propiedades referidas a algo o alguien; también, como superioridad o excelencia; por lo tanto, su acción tiene que ver con la satisfacción de necesidades. La calidad, es un término polisémico, multidimencional y confuso; en este sentido, definir indicadores de calidad educativa es sumamente difícil, y esta dificultad aumenta cuando se trata de la satisfacción de los usuarios con el servicio educativo prestado, ya que la subjetividad juega un papel muy importante.

Los cambios que han empezado a perfilarse en el transcurso de los últimos años y que se vislumbran ya con claridad en el horizonte educativo a partir de la modificación del Artículo 3º Constitucional y próximamente de sus leyes y reglamentos complementarios, permiten que el concepto de calidad educativa se discuta y analice, buscando implementar acciones, desde diversas perspectivas.

Primero privilegiando la escuela y, particularmente, el salón de clases y la relación del profesor con sus alumnos, poniendo énfasis en el propósito de la enseñanza y de sus resultados; asimismo, la atención se centra en la relación de la escuela con la comunidad, resaltando la relevancia del currículo y sus contenidos para los diferentes grupos étnicos y culturales; además, ahora que el acceso al sistema educativo básico se ha generalizado, se centra la atención en la relación de los contenidos con los procesos educativos, surgiendo la necesidad de indagar sobre los procesos pedagógicos, el salón de clase, la escuela, las relaciones entre profesor y alumno y las relaciones entre escuela y comunidad en general.

Desde la perspectiva de la gestión de la calidad educativa, una primera forma de entender la calidad educativa, es abordándola desde el punto de vista eficacia; por lo tanto, una educación de calidad tendrá que ver con que los alumnos realmente aprenden y lo que se supone deben aprender, es decir, aquello que está establecido en los planes y programas curriculares, al cabo de los diversos ciclos escolares; el énfasis está en que además de asistir, los niños y adolescentes aprendan en su paso por las escuelas; poniendo en primer plano los resultados de aprendizaje efectivamente alcanzados por la acción educativa.

Una perspectiva, complementaria de la anterior, se refiere a lo qué se aprende en el sistema educativo y a su relevancia en términos individuales y sociales. En este sentido una educación de calidad es aquella cuyos contenidos responden adecuadamente a lo que el individuo necesita para desarrollarse como persona; intelectual, afectiva, moral y físicamente, para desempeñarse adecuadamente en los diversos ámbitos de la sociedad; esta visión pone en primer plano los fines atribuidos a la acción educativa y su concreción en los diseños y contenidos curriculares.

Una tercera perspectiva, es la que se refiere a la calidad de los procesos y medios que el sistema brinda a los alumnos para el desarrollo de su experiencia educativa; vista así, una educación de calidad es aquella que ofrece a niños y adolescentes un adecuado contexto físico y social para el aprendizaje; un cuerpo docente adecuadamente preparado para la tarea de enseñar; buenos materiales de estudio y de trabajo; así como, adecuadas estrategias didácticas y un buen clima escolar; poniendo atención, en primer plano, al análisis de los medios empleados en la acción educativa, tornando absolutamente insuficientes los indicadores tradicionalmente empleados para evaluar el desempeño de los sistemas educativos: evolución de la matrícula, cobertura, repetición, deserción, etc.; es decir, actualmente, el reto ya no debe ser únicamente cuántos y en qué proporción asisten, sino más importante aún, quiénes aprenden en las escuelas, qué aprenden y en qué condiciones aprenden.

Ante el reto de ofertar una educación de calidad, la escuela del siglo XXI, emerge a una serie de escenarios donde parece haber más preguntas que respuestas, donde lo característico es el aumento de la incertidumbre y la ruptura de paradigmas que nos señalaban certezas; escenarios cambiantes, en donde se debe correr el riesgo y asumir el desafío de operar, resolver y gestionar lo diverso, dinámico, complejo e inestable del trabajo cotidiano docente. Los sistemas educativos, nacional y estatales, deben ser capaces de alejarse de estereotipos paternalistas, dándole a cada escuela la posibilidad de decidir sobre su propio rumbo; reconociendo cabalmente el papel fundamental de los supervisores, directivos y docentes como actores privilegiados en la promoción del cambio; formándolos, actualizándolos y capacitándolos, ya que ellos, son el soporte básico del sistema educativo.

 

e-mail: napo_flores_1963@hotmail.com   

2 Comments

  1. ALFONSO PEREZ HERNANDEZ

    junio 26, 2013 at 9:39 am

    Considero que estamos a la par de éste reto, los planteamientos vertidos deberán considerarse para llevarlos a cabo en nuestro actuar cotidiano, sin menoscabo de recibir nada a cambio sino la satisfaccción de que los adolescentes deberan cumplir con los compromisos adquiridos y uno de ellos es de su propia transformación. Los resultados no se verán a la vuelta de la esquina, sino que son a largo plazo, pero, agilizar esa calidad depende de todos los involucrados.

  2. ALFONSO PEREZ HERNANDEZ

    junio 26, 2013 at 9:39 am

    Considero que estamos a la par de éste reto, los planteamientos vertidos deberán considerarse para llevarlos a cabo en nuestro actuar cotidiano, sin menoscabo de recibir nada a cambio sino la satisfaccción de que los adolescentes deberan cumplir con los compromisos adquiridos y uno de ellos es de su propia transformación. Los resultados no se verán a la vuelta de la esquina, sino que son a largo plazo, pero, agilizar esa calidad depende de todos los involucrados.

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