¿Quién le hace bullying a quién?, a propósito del acoso escolar

By on diciembre 2, 2013
  • Los medios de comunicación también hacen bullying a través de la presión por conseguir una declaración con preguntas inducidas, delante de un micrófono y una cámara de video grabando a los maestros y alumnos

Por: Librado Agustín Ramírez

En los últimos días en los medios de comunicación impresos, electrónicos y digitales de Puebla y algunos a nivel nacional, se dio a conocer un hecho violento que preocupa: la golpiza a un alumno por parte de sus compañeros de clase sucedido dentro de una escuela secundaria de Amozoc, según las primeras noticias. Al correr los días la Secretaria de Educación Pública (SEP) informó que la pelea sucedió a unas cuadras de la escuela y ya concluidas las clases. En este caso y otros parecidos las autoridades educativas, motivadas más por la presión de los medios que por un sentido de justicia, separan de sus funciones al director “mientras se realizan las investigaciones”, afirman. Lo importante es la imagen de la SEP.  Basta una llamada, incluso anónima, a Educatel o a una radiodifusora para que se genere el escándalo. Vienen las entrevistas a los afectados, a los compañeros del lesionado, a los papás que hasta ese momento se enteran del problema, y crean una atmosfera de linchamiento mediático y hasta un juicio sumario en contra no solamente del director, también de la comunidad escolar. Los alumnos, padres de familia y el personal de la institución se sienten agraviados por las notas estridentes y en muchos casos porque tergiversan la realidad. Los medios de comunicación también hacen bullying a través de la presión por conseguir una declaración con preguntas inducidas, delante de un micrófono y una cámara de video grabando a los maestros y alumnos. Violentan la intimidad de los espacios educativos, corre el rumor y nadie sabe a ciencia cierta lo que sucede. Las riñas en la calle, en el hogar o en la escuela son por sí mismas alarmantes, pero adquieren dimensiones tremendistas en las cabezas de las planas de los periódicos, y no se diga en las voces de algunos locutores sensacionalistas. La agresión a ese estudiante, independientemente de dónde y cómo haya sucedido, es uno más de los tantos casos de bullyng sucedidos en escuelas de educación básica en el estado de Puebla y otras entidades de la República Mexicana. De ello dan cuenta los videos subidos a YouTube y las crónicas de reporteros. Los mismos alumnos graban las peleas y las comparten en las llamadas redes sociales.

Durante mucho tiempo el acoso y las peleas, ahora llamadas bullyng, se han padecido, sólo que ahora con rudeza extrema, consecuencias trágicas y su difusión casi al instante, pues los medios de comunicación con inusitada rapidez dan los pormenores sin tener la certeza de que los hechos hayan sucedido como se los contaron, por lo tanto, es propicia la siguiente reflexión: Los reporteros no cubren eventos culturales que organizan los centros educativos, salvo que esté el gobernador o el secretario de educación, ni las actividades dentro de las aulas, tampoco del trabajo profesional de muchos maestros, pero cuando se trata de un conflicto, basta una llamada o un mensaje por el móvil para que desplieguen su equipo de colaboradores. No se cuestiona lo que hacen, sino el cómo tratan un asunto de niños o adolescentes. Es conveniente analizar el papel de los medios informativos en casos de violencia escolar: ¿es ético la manera en que difunden la noticia?, ¿es suficiente tener el testimonio de una parte o de ambas para dar por hecho que es verdad?, ¿la voz de un reportero o de un locutor está autorizada para juzgar el hecho y a los involucrados, sin tener más elementos que el dicho de alguien?, ¿no creen que una mamá, un alumno o un docente puede estar mintiendo o manipulando los hechos a conveniencia? En cualquier caso de bullyng entre alumnos se hace ver a los maestros y directores como los “únicos responsables”. No se soslaya su incumbencia  de lo que sucede o no sucede en la escuela durante el horario de clases pero… ¿Dónde queda la responsabilidad de la familia, de las autoridades superiores, de la sociedad en general? A la escuela se le exige cada vez más: cuidar la calidad de los alimentos por problemas del sobrepeso, atender al sector salud en campañas de vacunación, informar de alumnos con beca oportunidades, aforo con alumnos y maestros a todo tipo de evento que la SEP y el gobierno del estado organizan. Esas y otras actividades extraescolares pasan por la escuela. Además de todo lo anterior, los centros educativos atienden lo esencial: cumplir con el Plan y programa de estudios para elevar la calidad de la educación,  mejorar los resultados de la Evaluación Nacional del Logro Académico en Centros Escolares (ENLACE), desarrollar las competencias para la vida, enseñar a vivir en valores, etc.

El bullyng entre alumnos lamentablemente crece a pasos agigantados, y se manifiesta con empujones, apodos, ofensas escritas en las libretas, en los sanitarios y en las butacas. Actualmente a través de mensajes por twitter, Facebook y  whatsapp. Los maestros y directores también son víctimas de hostigamiento por parte de los alumnos y a veces por los mismos papás: a muchos maestros les ponen apodos, los ofenden, los amenazan, les rayan sus coches o les ponchan las llantas y… ¿se escuchan quejas de los maestros por Educatel o un locutor ha dicho algo en defensa de los colegas docentes? La escuela atiende faltas menores, pero en caso de riñas con resultados fatales, los afectados deberán recurrir a las autoridades ministeriales encargadas de hacer justicia. Los planes y programas de estudio de educación básica ya contienen temas sobre derechos humanos, equidad de género, la no discriminación, la comida sana y últimamente aprender a aprender y aprender a convivir. La escuela está haciendo su tarea, pero la tarea es de todos.

La SEP diseñó el Manual de Convivencia Escolar como un instrumento normativo para prevenir la violencia, hostigamiento y acoso escolar; y para dar cumplimiento a “La Ley de Seguridad Integral Escolar para el Estado Libre y Soberano de Puebla”. El documento lo conocen los alumnos, padres de familia y tutores, pero parece que no es suficiente. Se sancionan desde faltas leves como salirse de clases, hasta graves como las de índole sexual o posesión de arma blanca o de fuego. En ningún caso de violencia se considera la expulsión de los alumnos, de hacerlo, entran en vigor los derechos de los alumnos a la educación. El problema de la violencia, aunque se manifiesta en la escuela, su origen está en el entorno social y en los hogares de los alumnos. Las escuelas tienen información del contexto familiar desde el momento de la inscripción, y tristemente se sabe que muchos alumnos viven en ambientes adversos: desintegración familiar, familias disfuncionales, violencia intrafamiliar, adicciones de papá, de mamá, o de ambos. Todos esos problemas influyen en el comportamiento agresivo de los alumnos, y se agregan otros más: falta personal de apoyo a la educación especializado para coadyuvar en la atención psicológica. La escuela es una comunidad donde conviven desde treinta hasta ochocientos alumnos por turno, y grupos de hasta cincuenta chicos, según el nivel educativo, y todos con diferentes valores, estilos de vida, costumbres, hábitos y diversos contextos socioeconómicos. La escuela carga sobre sus hombros una gran responsabilidad social, educativa, de práctica de valores, de propiciar aprendizajes significativos. La tarea para los maestros es extensa y solos, aunque quieran, no lo van a conseguir, requieren ayuda de las autoridades educativas y del gobierno, de los padres de familia, de los empresarios y asociaciones civiles, del sindicato, de los medios de comunicación y de la sociedad en general. La escuela es y será el gran espacio del desarrollo humano desde temprana edad, por lo tanto, es necesario construir todos juntos una escuela con ambientes áulicos saludables y de calidad.

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