Un acercamiento al concepto de educación

By on diciembre 4, 2013
  • La educación es un fenómeno complejo, y esto se hace presente desde el origen mismo del vocablo, ya que etimológicamente proviene del latín con dos concepciones diferentes, educare: «formar, instruir» y, educere: «guiar, conducir»

Por: Adolfo Napoleón Flores

En la sociedad contemporánea, de entre todas las acciones que se impulsan para construir un mejor país, más justo, democrático y próspero, en ninguna, los ciudadanos se interesan con tal intencidad como en la educación. Pero cabe señalar, que al ser éste un concepto polisémico, con mucha frecuencia es utilizado indistintamente, confundiéndolo a tal extremo que se señala como responsable directo de él a la escuela; cuando en realidad de origen es la familia a quien corresponde esta facultad; sin dejar a un lado, desde luego, las acciones que más allá de la instrucción corresponden al ámbito escolar.

La educación es un fenómeno complejo, y esto se hace presente desde el origen mismo del vocablo, ya que etimológicamente proviene del latín con dos concepciones diferentes, educare: «formar, instruir» y, educere: «guiar, conducir»; de tal forma que desde su raíz la palabra educación es un tema controversial, ya que si reflexionamos sobre ambos significados estos pueden ir en el mismo sentido pero con diferente orientación.

En lo concerniente al concepto educare, este hace referencia al acto de llenar, nutrir, alimentar, como hace la nodriza; se trata de que la familia en primera instancia sea responsable de “transmitir” los conocimientos, habilidades y valores al niño para que pueda desenvolverse más adelante por si mismo en la vida cotidiana; por algo se dice que la educación se mama en el seno familiar. En cuanto al ámbito escolar, más allá de lo que dicta lo normativo, estos conceptos también tienen repercusión en el trabajo de los docentes, ya por su diferente formación (por el momento en que estudiaron o por las escuelas a que asistieron) o por su propia personalidad y experiencia, están aquellos que se adhieren al término «educare», al considerar, que la función docente es directa, ya que el alumno no puede formarse de ninguna manera sin la intervención de él; es decir, el alumno necesita que lo formen e instruyan para que pueda asertivamente desenvolverse por si mismo en el futuro.

Respecto a la locución educere, desde el punto de vista familiar, debe corresponde a ésta, guiar y conducir al niño, apoyándolo para que “saque fuera de él”, los conocimientos, habilidades y valores que conlleva una primera interacción entre adultos y niño, con base en el diálogo continuo e incesante, de un modo auto-constructivo y dinámico, basado en el método socrático. En lo correspondiente al espacio escolar, algunos profesores apuntalan su trabajo en el término educere, al considerar el accionar docente como un apoyo en la construcción del aprendizaje propio de cada alumno; esto quiere decir que el niño o adolescente tiene la facultad de realizar su propio proceso de aprendizaje, y toca al docente orientarle en el desarrollo de su propio proceso metacognitivo.

Lo deseable es que tanto en la familia como en la escuela los conceptos y acciones que implican el educare y educere, sean considerados de forma tal que padres y docentes, pueda dinamizar sus significados; sin considerarlos de manera parcializada; por el contrario, concibiéndolos como parte de un todo, como un proceso complejo entre formar/instruir y guiar/conducir. Es decir, considerando al acto educativo como un proceso multidireccional mediante el cual se transmiten conocimientos, valores, costumbres y formas de actuar; teniendo presente que no sólo se produce a través de la palabra, sino del acto comunicativo donde están presentes todas nuestras acciones, sentimientos y actitudes; ya lo dice el refrán: la palabra convence, pero el ejemplo arrastra.

Por ello, sin pretender constreñir el concepto educación a su origen etimológico, podemos considerar que es un proceso de vinculación y concienciación cultural, moral y conductual, a través del cual, las nuevas generaciones asimilan y aprenden conocimientos, normas de conducta, modos de ser y formas de ver el mundo de las generaciones que les preceden; creando, además, otros nuevos que heredarán a las siguientes generaciones como parte de un proceso de socialización continuo. Vista de esta forma la educación se comparte entre las personas por medio de costumbres, tradiciones, ideas, conocimientos, cultura, y en consecuencia ésta no siempre se da en el aula escolares.

En la tarea de educar, la familia es la base, ya que es el punto de partida en la transmisión de valores; pero actualmente, no podemos obviar el hecho de que los valores están esencialmente relacionados con la cultura de la sociedad y los medios de comunicación; esto a conllevado un rompimiento, en unos cuantos lustros, de la familia tradicional a nuevas concepciones en donde el padre, la madre o ambos están ausentes; y más aún no están al pendiente de los hijos.

Es por eso que, conscientes de la gran dispersión y falta de atención de una educación basada en valores, tanto por la familia como por la sociedad, a la escuela se le está dejando en muchas ocasiones sola en esta tarea, enfrentando escenarios inéditos y en grado sumo complicados al quedarse sin aliados. Y esto se hace patente, en el día a día, cuando se manda a traer al padre, madre o tutor por parte de la escuela para informarle sobre la conducta o dificultades de aprendizaje de los alumnos y, en muchos casos, no existe compromiso para juntos dar solución a las problemáticas presentadas o ni si quiera se presentan justificándose con el hecho de que ellos trabajan y que a la escuela le corresponde encargarse de estos asuntos; poniendo en serias dificultades el trabajo de los docentes al interior de las aulas, en la implementación de acciones concretas para llevar adelante el proceso de enseñanza y aprendizaje.

De tal forma, que en la escuela y, particularmente, en el aula al tratar de solucionar problemas que se arrastran de la familia y del entorno escolar (delincuencia, vandalismo, alcoholismo, drogadicción, embarazos prematuros, etc.), los alumnos terminan siendo atendidos de igual forma en materia de ritmos y estilos de aprendizaje, intereses, cultura, disposiciones, entre otros rasgos de la personalidad humana, pretendiendo que la situación y los educandos se adecuen a los esquemas pedagógicos del maestro, en lugar de intervenir de acuerdo a las particularidades de estos.

Aunado a ello, a muchos padres y maestros, por la misma dinámica que conllevan las pruebas estandarizadas y el impacto social, producto de un incesante golpeteo mediático, que implican los resultados en comparativos desventajosos con otros países, más que educar, les interesa que los niños y adolescentes sean instruidos y aprendan conocimientos; es decir, que “saquen buenas calificaciones”, que sean “competentes”, en una creencia errónea de que entre mejor se intervengan para que éstos se apropien adecuadamente de los contenidos de estudio, de carácter conceptual, mayores posibilidades tendrán en el futuro. Dejando por desapercibido que si bien se puede ser un excelente enseñante, desde esta perspectiva se será un desafortunado educador, ya que meterse en esta dinámica de competitividad no es garante de una formación integral de los educandos como seres humanos.

Actualmente, todos los involucrados directamente en el fenómeno educativo y, toda la sociedad en su conjunto, tienen que visualizar al acto de educar como algo demasiado importante y complejo, que va más allá de la mera instrucción y la apropiación de conocimientos; reflexionando y entendiendo que se necesita de una formación integral, que considere a los niños y jóvenes como personas, desde un punto de vista humanístico. Que se precise la necesidad de intervenir para que los alumnos se apropien de contenidos cognitivos, procedimentales y actitudinales (desde el enfoque por competencias: saber, saber hacer y saber ser). En esta línea argumentativa, el aprendizaje como proceso, debe promover el desarrollo de individuos con actitudes, valores y disposiciones para vivir y convivir como personas, como seres interesados en sí mismos y en los demás, capaces de enfrentar los retos que este mundo les exige, para producir valores agregados.

Desde esta perspectiva, a la enseñanza se le tiene que entender como un arte, como la oportunidad de intervenir con tacto pedagógico, ya que la enseñanza está conformada por aspectos que trascienden las bases científicas de la instrucción como tal; es decir, enseñar va más allá de métodos, fórmulas, algoritmos o recetas, y tiene que ver más con un conjunto complejo de estrategias y juicios individuales basados en experiencias personales, que definitivamente no se pueden medir muy bien en un esquema preestablecido de desempeño profesional docente. Hoy ante los retos que implica ser un profesional de la educación, el profesor se tiene que concebir a sí mismo como un educador que sabe y puede tratar al estudiante como persona, como ser humano. Un ente tolerante, que no le grita, chantajea, excluye, ridiculiza ni penaliza; al contrario, que busca ser amigable con él, afectuoso, sincero, respetuoso; sabedor de que posiblemente el aula y la escuela sean los únicos espacios donde pueda sentirse seguro, confiado, estimado, valorado por sus pares y sus maestros.

En síntesis, el maestro debe ser un generador de verdaderas oportunidades para que sus discípulos mejoren tanto en sus desempeños cognitivos y psicomotrices, como socio-afectivos. El maestro debe ser consciente de que a un buen educador le interesa la evaluación; entendida como la oportunidad para intervenir oportunamente en el fortalecimiento de potencialidades; implementando estrategias para conocer y reconocer las diferencias de los estudiantes en razón de asumir su función con fundamentos pedagógicos y estrategias didácticas y de evaluación diversificadas, flexibles y personalizadas. Las diferencia, pues, entre únicamente instruir y educar son altamente significativas; lo razonable, lo conveniente, lo necesario es enseñar y educar en valores.

e-mail: napo_flores_1963@hotmail.com

http://supervision09escuelassecundarias.blogspot.mx/

http://adolfonapoleonflores.blogspot.mx/

2 Comments

  1. Gilberto Baez

    diciembre 4, 2013 at 3:09 pm

    Ya tenía rato que lo lo leíamos… muy interesante aportación.

  2. Faustino Tepox

    diciembre 4, 2013 at 3:53 pm

    Educación sin Valores NO es Educación

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