Cambios paradigmáticos en la educación

By on diciembre 16, 2013
  • La educación es un concepto polisémico, sustentado en los diversos paradigmas que en este campo se han desarrollado; pasando de un modelo de autoritarismo de la enseñanza, a uno conductista de estímulo-respuesta, hasta el cognitivo que da prioridad al proceso mental

Por: Adolfo napoleón flores

La educación es un proceso inherente al ser humano, permanente, consiente o inconsciente, que se da en todas actividades sociales; a la par, desde su aparición, el quehacer educativo formal de carácter escolar, ha evolucionado de forma intensa y dinámica, llevado por el ritmo de las necesidades de la sociedad donde se desarrolla.

La educación como fenómeno social desde su origen etimológico presenta complejidad, ya que proviene del latín con dos concepciones diferentes, educare: «formar, instruir», y educere: «guiar, conducir»; de tal forma que desde su raíz la palabra educación es un tema controversial, ya que si se reflexiona sobre ambos significados estos pueden ir en el mismo sentido pero con diferente orientación.

En lo concerniente al concepto educare, este hace referencia al acto de llenar, nutrir, alimentar, como hace la nodriza, se trata de “transmitir” los conocimientos, habilidades y valores al niño; en el ámbito escolar, se hace presente cuando la función del docente es directa, ya que el alumno no puede formarse de ninguna manera sin intervención externa, necesita que lo formen e instruyan. Respecto a la locución educere, esta se refiere al hecho de guiar y conducir al niño, apoyándolo para que “saque fuera de él” sus conocimientos, habilidades y valores, con base en el diálogo continuo e incesante, de un modo auto-constructivo y dinámico, basado en el método socrático (mayéutica); en el espacio escolar, se hace patente en el accionar docente como un apoyo en la construcción del aprendizaje propio de cada alumno; en donde el estudiante tiene la facultad de realizar su propio proceso de aprendizaje, correspondiendo al docente orientarle en el desarrollo de su propio proceso metacognitivo.

La educación es un concepto polisémico, sustentado en los diversos paradigmas que en este campo se han desarrollado; pasando de un modelo de autoritarismo de la enseñanza, a uno conductista de estímulo-respuesta, hasta el cognitivo que da prioridad al proceso mental; de este último, las variantes han sido múltiples, pero se destaca, sin duda, el constructivismo. En los modelos educativos actuales se plantea una educación basada en competencias a partir de un enfoque holístico que hace énfasis en el desarrollo constructivo de habilidades y destrezas de los estudiantes. En lo concerniente a estos dos últimos aspectos, el constructivismo y la educación basada en competencias, es pertinente puntualizar algunas particularidades  ya que a menudo se crea una confusión entre ambas.

Frade (2009) señala que el constructivismo es una corriente filosófica que tiene sus orígenes en los filósofos griegos: Sócrates y Platón; el primero con su mayéutica, y el segundo con su dialéctica (en el sentido de que es el sujeto el que construye el conocimiento). Pero, en términos psicológicos y educativos, se considera como el Padre del constructivismo a Piaget con su epistemología genética (que hace referencia a cuando el sujeto interactúa con el objeto de conocimiento). Otra postura constructivista la aporta Vigotsky, al considerar un aprendizaje social del sujeto cuando éste realiza el aprendizaje en interacción con otros. Y una más la plantea Ausubel, cuando ese aprendizaje es significativo para el estudiante. Es necesario destacar que el modelo constructivista está centrado en el alumno, y sostiene que él hace una construcción propia de conocimientos que se van desarrollando paulatinamente; la teoría constructivista postula que el conocimiento es una construcción del ser humano que realiza con los conocimientos previos que ya posee.

En lo referente a la educación basada en competencias, a partir del Informe de la Comisión Internacional para la Educación del siglo XXI, conocido como informe Delors, se estableció que los cuatro pilares para la educación son “aprender a saber o conocer”, “aprender a hacer”, “aprender a ser” y “aprender a convivir” (Delors, et al, 1997);  en consecuencia, el concepto de competencia comenzó a tomar auge. Desde este enfoque una persona es competente cuando tiene la habilidad de reconocer, analizar y resolver situaciones de la vida cotidiana u otras de índole más compleja, a partir de sus conocimientos y experiencias que se enriquecerán de manera permanente. El Acuerdo 592, que entre otros aspectos establece el Plan de Estudios 2011, define a las competencias como: “la capacidad de responder a diferentes situaciones, e implica un saber hacer (habilidades) con saber (conocimiento), así como la valoración de las consecuencias de ese hacer (valores y actitudes)”.

Relacionando ambos aspectos, el constructivismo y la educación basada en competencias, se puede establecer que todo aprendizaje constructivo, supone una construcción que se efectúa por medio de un proceso mental que implica la adquisición de un conocimiento nuevo; en este proceso, además de que se construye nuevo conocimiento, también se desarrolla una nueva competencia que le permitirá aplicar lo ya aprendido a una nueva situación. Es decir, estas corrientes se encuentran y hasta se complementan; pero la diferencia está en que el constructivismo se centra en la adquisición del conocimiento, mientras que las competencias construyen un mejor desempeño para responder a las demandas del entorno.

Para llegar a este punto, es importante considerar los trabajos de observación realizados sobre el aprendizaje a lo largo del siglo anterior, en donde se pusieron de manifiesto los procesos de desarrollo como un entramado de componentes neurológicos, biológicos, afectivos, cognitivos, psicosociales e interculturales que participan en la construcción de esquemas de pensamiento y que se apoyan en una tendencia natural del sujeto para asimilar los estímulos de la realidad.

Estos planteamientos y una incipiente investigación en materia de educación en nuestro país, permiten una serie de reflexiones en torno a la realidad del quehacer docente cotidiano, partiendo de hechos contundentes que ponen al descubierto realidades que a veces se tratan de soslayar. Destacan entre otros aspectos relevantes, que los docentes fueron formados en una época en la que el conocimiento era estático y parecía suficiente; en el que el punto de partida era un aprendizaje memorístico y receptivo, en el que se le enseñaba a los estudiantes a repetir lo memorizado (las tablas de multiplicar, los países de un continente, los datos históricos, etc.); en la cual los docentes daban clases magistrales y había poca clarificación sobre las relaciones de los conceptos.

Posteriormente, muchos docentes ya en el ejercicio profesional, se tuvieron que enfrentar a nuevos paradigmas; entre ellos, al aprendizaje significativo planteado por Ausubel, que después se vio reforzado por un aprendizaje por descubrimiento guiado en el que se aplicaban fórmulas para resolver problemas (trabajo en el laboratorio de la escuela, instrucciones audiotutoriales, etc). Luego, vino el aprendizaje por descubrimiento autónomo, el cual implica mayores niveles de conocimiento fomentando el trabajo en equipo, incrementando la capacidad de interacción simbólica que busca la formación de ciudadanos bien informados y muy motivados, provistos de un sentido crítico con habilidades para analizar los problemas de la sociedad, buscar soluciones y aplicarlas; de manera que el sujeto sepa gestionar su conocimiento a través de un aprendizaje permanente en que desarrolle destrezas para la investigación de los fenómenos que le ocupen.

Estos cambios y algunos otros más, se han hecho patentes en apenas algunos lustros, lo que ha implicado una vertiginosa transformación de conocimientos, habilidades, actitudes y valores por parte de los docentes que tienen que romper abruptamente con los paradigmas establecidos. Actualmente, y hay que reconocerlo, muchos docentes en servicio que fueron formados y actúan bajo principios eminentemente conductistas, hoy son presionados institucionalmente para que intervengan metodológica y didácticamente con sus discentes bajo paradigmas constructivistas y desde un enfoque por competencias. Lo que implica trascender a lo que se concebía como cimiento del trabajo educativo: la vocación; para  involucrarse ahora más con la motivación, con esa fuerza y entusiasmo que se debe tener para orientar el desarrollo de las competencias en los alumnos, teniendo como complemento esencial para esa motivación una conciencia colectiva en donde todos (docentes, directivos, padres de familia, etc.), participen de forma proactiva en la mejora de la calidad educativa.

Estos cambios radicales en la forma de concebir la educación, implican definitivamente resistencias por parte de los profesores ante una ruptura con lo que venían haciendo y el desarrollo de nuevas competencias docentes que les permitan planificar, diseñar, implementar, evaluar y dar seguimiento; ya no desde sus intereses o perspectivas, ya no desde desde el área de confort que significó un sistema educativo que se quedó estático ante los cambios que implica vivir en un mundo globalizado, sino ahora centrando su atención en los estudiantes, en sus procesos de aprendizaje y en las exigencias sociales.

El México del siglo XXI, requiere de maestros autocríticos y conscientes; que apliquen a conciencia las competencias básicas y profesionales de su importante tarea social, para estar en capacidad de desarrollar las habilidades y los conocimientos de sus alumnos para orientarlos a ser mejores seres humanos. El Plan de estudios 2011 establece: Las competencias para la vida, El perfil de egreso, Los Estándares Curriculares y Los aprendizajes esperados que constituyen el trayecto formativo de los estudiantes. Este que es un documento normativo se sustenta en una serie de Principios Pedagógicos, los cuales son condiciones esenciales para el proceso educativo, la implementación del currículo, la transformación de la práctica docente, el logro de los aprendizajes y la mejora de la calidad educativa. Estos principios son doce, a saber:

  1. Centrar la atención en los estudiantes y en sus procesos de aprendizaje;
  2.  Planificar para potenciar el aprendizaje;
  3.  Generar ambientes de aprendizaje;
  4. Trabajar en colaboración para construir el aprendizaje;
  5. Poner énfasis en el desarrollo de competencias, el logro de los estándares curriculares y los aprendizajes esperados;
  6. Usar materiales educativos para favorecer el aprendizaje;
  7. Evaluar para aprender;
  8. Favorecer la inclusión para atender a la diversidad;
  9. Incorporar temas de relevancia social;
  10.  Renovar el pacto entre el estudiante, el docente, la familia y la escuela;
  11.  Reorientar el liderazgo; y
  12.  La tutoría y la asesoría académica a la escuela.

Todos estos cambios suponen nuevas tareas; hoy se tiene que admitir el trabajo colaborativo como una estrategia que permita una intervención favorable en los problemas y retos detectados; cada colectivo escolar, con el compromiso de acciones a emprender tanto individual como colectivamente, deben propiciar una mejora continua a través del encadenamiento de situaciones a resolver, ajustar o reinventar, para lograr los objetivos y metas que se establezcan, ahora, en los Consejos Técnicos Escolares que han sido revitalizados por la autoridad educativa de forma por demás pertinente.

Estas renovaciones paradigmáticas implican, el desarrollo de proyectos que estimulen innovaciones educativas, desde un punto de vista global; con una mirada holística que incida sobre las personas, los recursos, los procesos y desde luego, los resultados; permitiendo visualizar que la palanca de las transformaciones educativas radica en una gestión conceptuada desde un punto de vista integral y consensuado por los distintos actores educativos, que logre el empoderamiento de cada plantel educativo, centrando todas sus acciones en los alumnos y en sus procesos de aprendizaje escolar, como un proceso de construcción de conocimiento, concibiendo a la enseñanza como una ayuda a esa construcción (Coll, en Castorina, 1994).

Hoy es tiempo de entender, como lo señala el reconocido pedagogo italiano Francesco Tonucc, que «la misión de la escuela ya no es enseñar cosas, eso lo hace mejor la televisión o internet». Esta sentencia suscitar una fuerte polémica; pero si la escuela ya no tiene que enseñar, ¿cuál es su misión?. A lo que el mismo responde: «Debe ser el lugar donde los chicos aprendan a manejar y usar bien las nuevas tecnologías, donde se transmita un método de trabajo e investigación científica, se fomente el conocimiento crítico y se aprenda a cooperar y trabajar en equipo».

e-mail: napo_flores_1963@hotmail.com

http://impulsoinformativo.net/author/napoleon-fm/

http://supervision09escuelassecundarias.blogspot.mx/

8 Comments

  1. Faustino Tepox

    diciembre 16, 2013 at 12:47 pm

    El informe Delors fue el punto de partida para toda esta serie e cambios que no solo se han dado en México sino en todo en mundo.

  2. Marco Antonio Niño

    diciembre 16, 2013 at 2:19 pm

    Saludos profe napo y pásela muy bien en estas vacaciones…

  3. Gilberto Baez

    diciembre 16, 2013 at 2:23 pm

    Lo que pasa es que un nuestro país no hay una verdadera política educativa, todos los cambios son producto de las ocurrencias sexenales de los funcionarios en turno en la SEP

  4. Esteban

    diciembre 20, 2013 at 6:16 pm

    Si hablamos de porcentajes, un 90 % de maestros siguen siendo tradicionalistas (conductistas)…

  5. José Rubén Mercado

    diciembre 21, 2013 at 6:46 pm

    Los maestros estamos cada vez más presionados por las exigencias que nuestro país tiene que cumplirle la la OCDE y el Banco Mundial

  6. Marco Antonio Niño

    diciembre 23, 2013 at 2:41 pm

    Buen punto de vista. Feliz navidad!!!

  7. Esteban

    diciembre 30, 2013 at 11:59 am

    Muy interesante posicionamiento; saludos y felices fiestas

  8. Jesús Reyes

    diciembre 30, 2013 at 6:34 pm

    Pues feliz navidad y que el 2014 nos agarre confesados jajaja

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