De la reforma educativa a la energética

By on agosto 17, 2014
el robo del petróleo
Hugo Aboites*
*Rector de la UACM
La Jornada

El cambio en el marco legal es sin duda importante, pero por sí solo no constituye la reforma. Incluso, en ciertos momentos y en ciertos ámbitos puede desencadenar procesos distintos e inesperados. En el 2012-2013 la resistencia de los maestros, padres de familia y sus aliados contra la reforma de la educación alcanzó niveles nunca antes vistos en la historia del país. Más allá de eso, lo importante es que la fuerza de las marchas, paros, plantones, ocupaciones de escuelas y de edificios públicos por primera vez con claridad produjo también una reflexión e intenso debate sobre lo que debía ser un proyecto de educación distinto.

Una vez dejadas atrás las épocas de liderazgo moral y social indudable que tenía el Estado, la reforma no cuenta con el dinamismo ni el apoyo desinteresado de los maestros. Carece de la convocatoria y propuestas liberadoras indispensables a toda reforma, no tiene objetivos definidos, generosos, que respondan a ideales unificadores. No tiene utopía. En su lugar, el gastado llamado a la calidad que puede ser cualquier cosa, y, lo peor, las claras muestras de que cuando se define calidad tiende a traducirse como evaluación, logros cuantitativos y un altero de disposiciones para supervisar y castigar a los maestros. En contraste, la fuerza de la resistencia está construyendo las bases de una propuesta de educación que cada vez con más claridad (y colándose a través de las grietas de un proyecto de educación-evaluación, educación competencias, educación inversión), se pronuncia por procesos de conocimiento desde las regiones, las comunidades, la pluralidad, la recuperación de las culturas, pero sobre todo desde la utopía de una educación como construcción de una nueva historia ya no en torno a un Estado corporativo, ahora en franco declive, sino como el surgimiento de nuevos poderes, todavía dispersos por todo el país, pero que son los materiales de un poder más amplio que ofrece posibilidades de una consolidación profunda y decisiva para el futuro del país.

Paradójicamente, el ciclo de las reformas legales en 2014 se cierra en medio de un enorme silencio que acompaña el despojo que sufren los mexicanos en el terreno de la energía. Ni siquiera una marcha o plantón que por su tamaño sea digna de la historia que arranca en 1938 y que fue el otro gran eje con que se construyó el país. Los maestros –muchos de ellos– se rebelaron en 2013, pero lo hicieron porque ya antes, desde 1956 y 1979, habían comenzado a protestar. Por más que sean profunda la desesperación y el enojo, la resistencia persistente no se crea en unos meses y de la nada. En el terreno de la energía, las dificultades para organizarse, sin embargo, son enormes. La riqueza petrolera fortaleció el yugo corporativo. Los líderes sindicales, los políticos y empresarios locales construyeron un andamiaje de corrupción, con la participación del sindicato a través de su dirigencia. Y con esto pasaron al subsuelo los vitales procesos de ilustración social que fueron la base de la organización y la lucha de los trabajadores en los años 30.

Aunque el SME pudo crear una historia distinta, hoy priva la ausencia de los trabajadores de la energía. La movilización de los maestros, por el contrario subsiste fortalecida, y las hipótesis que lo explican se refieren al hecho de que aunque el magisterio estuvo igualmente subordinado, el autoritarismo y la histórica mala paga, rompió el equilibrio. Otra explicación concurrente se refiere a la materia distinta de trabajo. Pese a las deficiencias en la formación que ofrecen las escuelas normales ahora despojadas de un proyecto transformador, los maestros regresan a sus lugares y orígenes sociales con libros e ideas, como artesanos del conocimiento que dialogan diariamente, a pesar de la enajenación burocrática, con niños, jóvenes, padres y con otros maestros. Y, a pesar del esfuerzo gubernamental por transformar la educación en un proceso deshumanizado y des-socializado, sin ninguna conexión con la historia y el presente, nunca dejan de estar ahí en el trabajo docente las ideas de una educación libertaria, que permita a muchos ver el significado y el sentido de sus dramas y luchas cotidianas

En los años 30, la organización y huelgas de los trabajadores de la energía fueron un factor que hizo posible el regreso del petróleo a la nación. Pero la actual reforma no sólo amenaza con reducir Pemex a una empresa marginal, también abre un proceso de extinción de sus trabajadores. Si tiene éxito, la reforma los sustituirá con otra fuerza laboral, estilo Mc Donalds, en empresas trasnacionales con perfiles y relaciones de extrema explotación. El efecto que esto tendrá será importantísimo. ¿La modernidad trasnacional harán innecesario el corporativismo, el charrismo y la corrupción? Si es así, ¿qué llenará el vacío? ¿Se impondrá elneocharrismo de la maquiladora o surgirá lo inesperado en la forma de un proyecto de organización sindical nacional independiente? ¿Cómo interactuarán estos cambios con un contexto de luchas y efervescencia –incluida la magisterial– que hoy van de un rincón a otro del país? Con su historia, su proyecto y su utopía ciertamente los maestros tienen mucho que enseñar.

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