Cartas a Gracia: La misma historia

By on agosto 18, 2014
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Gustavo Santín Nieto
Cartas a Gracia

Cierto –como comentas–, Gracia, el XXXII Maratón Internacional de la Ciudad de México partirá del Hemiciclo a Juárez y no del zócalo capitalino. La convocatoria establece que partirá de la avenida Juárez, muy cerca del Palacio de las Bellas Artes. Comparto la alegría que te provoca saber que a diferencia del año pasado, corredores y corredoras entrarán por la puerta de Maratón del Estadio Olímpico de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), cuestión que les permitirá “dar” la vuelta olímpica, honor que sin duda alguna merecen quienes se prepararon con anticipación y corren una justa de fama internacional. Que llegarás con dos horas de anticipación, me dices, tal y como aconsejan los organizadores, parecería una exageración pero si consideramos que participarán 20 mil atletas inscritos oficialmente mas unos tres mil que corren sin cubrir ese trámite, que deberás buscar el bloque con el que saldrás de acuerdo con tus tiempos oficiales, que la Juárez es una avenida poco ancha, no esta por demás, así debas salir de tu casa casi a las 4 de la madrugada. Saber que ayer corriste nuevamente 3 horas 24 minutos por el Parque Nacional del Desierto de los Leones permite recordar que todos tenemos un compromiso con la preservación de las escasas áreas verde que todavía existen, lo mismo que con la fauna, al margen de las políticas mediáticas que adoptan los jilgueros del Partido Verde Ecologista y sus corifeos de palabra fácil.

La misma historia, Gracia, los mismos discursos, las mismas promesas, las mismas intenciones, las mismas inconformidades, los mismos señalamientos mediáticos, los mismos discursos y las mismas conductas de las autoridades. “Que los alumnos tengan lo necesario para aprender, que los maestros dispongan de los elementos para que su misión de enseñar la cumpla perfectamente, y que la sociedad vuelva a creer en el poder renovador de la educación”, señalaría Emilio Chuayffet Chemor, secretario de Educación Pública de la administración de Enrique Peña Nieto (Comunicado 238. Se compromete SEP ante alumnos de las 32 entidades federativas, a no disminuir el paso de la reforma educativa), a que hoy regresarían “casi 100 mil, a clases en salones de cartón y varas” (Laura Poy Solano, http://bit.ly/1vYD4no) los datos que leí en uno de mis periódicos de cabecera, La Jornada, me dejan perplejo, Gracia, pues sin dejar de valorar un programa institucional por el que se que dotaría de tabletas a 708 mil alumnos y alumnas de seis entidades de la República, uno de cada 20 alumnos de educación básica, Laura Poy Solano, reportera de la fuente educativa, de lectura obligada los domingos, refiere que “El Censo de Escuelas, Maestros y Alumnos de Educación Básica y Especial (Cemabe) detectó que 14 mil 444 escuelas no tienen pizarrones y que otras 36 mil 628 no cuentan con un escritorio para el maestro… 6 mil 489 escuelas no tienen servicio de agua; mientras en 15 mil 415 se acarrea; 18 mil 581 planteles funcionan sin electricidad; 20 mil 447 no tienen baños, y 82 mil 651 no cuentan con drenaje.”.

Las carencias las enfrentan los maestros, maestras y personal directivo de las escuelas, Gracia, quienes ante la falta de recursos, recurren a la vieja práctica de “imponer”, –solicitar– se escucharía menos agresivo, en contubernio con las “asociaciones de padres de familia”, “aportaciones voluntarias” que de no pagarse, impedirían la inscripción de niñas y niños en las institución, “cuotas” que pronto serán recurridas por los afectados. Los argumentos de pedimento forzoso son siempre los mismos; la Secretaría de Educación –trátese de la federal y/o las de la entidades– no destina los recursos necesarios para el mantenimiento de las escuelas, vaya ni siquiera entrega escobas, jergas, mucho menos líquidos que permitan hacer la limpieza de sanitarios, laboratorios, salones, y que decir cuan tímenos dedica alguna partida para el pago del teléfono, la energía eléctrica o la reparación de alguna vetusta computadora, comprada en la mayoría de las ocasiones por madres y padres de familia y mucho menos destina una partida para la reparación de las rejas de los “laboratorios de cómputo”, construidos con recursos de los señalados que impedirían que algunos vivales, vulgares raterillos, hicieran de las suyas. La lista es interminable, quien convoca a asamblea, que se realiza sin quórum y sin cumplir con la formalidades protocolarias propias de una sociedad civil, el director(a) de la escuela agregará que la SEP no autoriza la contratación de personal administrativo y de intendencia –personal de asistencia y apoyo a la educación–. Rematará, a más de con veladas amenazas de no inscripción que recaerán sobre  el “comité”, con un chantaje en el que resaltará el bienestar de “sus hijos”.

Madres y padres de familia señalarán la condición de obligatoria que reviste a las “aportaciones voluntarias” ante la carencia de recursos pecuniarios pero burócratas de medio pelo en SEP, responderán que las aportaciones son “voluntarias”, que no se condiciona –en teoría– la inscripción de los vástagos, pero señalarán, que ante la carencia de “presupuesto” es necesario que los “pater familias” (pater familiae) se sacrifiquen “un poco” y que deberían anteponer el interés de la niñez, pues las “cuotas” que ellos hagan serían, caso hipotético, utilizadas en beneficio de sus hijos y de sus hijas. Pero “pa que tanto brinco estando el suelo tan parejo”, Gracia, la calidad de la educación, meta no específica de la administración pública federal, pasa por alcanzar la “normalidad mínima escolar”, por  dotar a niños y niñas de condiciones “mínimas” indispensables para hacerlo (“Que los alumnos tengan lo necesario para aprender…”), incluidos maestras, maestros, alimentación, útiles escolares, uniformes, transporte, vivienda, sanitarios con agua, laboratorios y para todo eso se requieren: recursos económicos crecientes, suficientes y a tiempo. En otras palabras, que el Producto Interno Bruto destinado a la educación primero alcance a 8 por ciento comprometido por otras administraciones y que pronto se equipare a 20 por ciento que los países ejemplo –Finlandia, Corea– destinan al sector educativo.

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