La escuela como una organización compleja y singular. Mirada a los consejos técnicos escolares

By on septiembre 26, 2014
La escuela como una organización compleja y singular

Educación Pública

Napoleón Flores Martínez

Por: Mtro. Adolfo Napoleón Flores Martínez

“La docencia es una profesión emocionalmente apasionante, profundamente ética e intelectualmente exigente,

cuya complejidad solamente es vivida por quienes solemos poner el cuerpo y el alma en el aula”       

Michael Fullan y Andy Hargreaves

Históricamente, el ser humano ha pertenecido a grupos primarios (familia, amigos, etc.), pero también a organizaciones sociales más complejas. Con el transcurso del tiempo la complejidad de las relaciones sociales, así como la amplitud de servicios impulsaron la creación y desarrollo de las especializaciones, dando originen a las organizaciones como estructuras específicas para el cumplimiento de determinados fines (San Fabián Maroto:2011).

En la sociedad actual, hablar de organizaciones no solo es reconocer su existencia, sino también afirmar que la sociedad es una sociedad organizada, en la medida en que ordena las funciones que debe de realizar, ya que se apoya en una multiplicidad de organizaciones, dependiendo de ellas y participando en su evolución.

La escuela nace y se desarrolla en este contexto, que describe de forma implícita el paso del individuo del grupo primario a la organización formal. La organización formal, tiene su origen en este grupo secundario de individuos, que se forma voluntaria, intencionada y sistemáticamente para conseguir fines determinados.

Por estar compuesta por un conjunto de personas fácilmente determinables que disponen de una estructura más o menos formalizada, la escuela puede establecerse plenamente como organización formal. En ella, las personas poseen un sistema de coordinación y comunicación, actuando sobre el entorno que los rodea y, a la vez, recibiendo la influencia de éste en una interacción que se pretende armónica; realizando actividades que tienden a la consecución de unos fines determinados.

No obstante, inevitablemente en la escuela surgen, paralelamente a ser una organización formal, tipos de relaciones que aunque no quedan vinculadas directamente con el trabajo, si inciden en sus resultados. Estas relaciones conforman con el tiempo y a través de los grupos informales lo que se ha denominado organización informal; que es una dimensión siempre existente en las organizaciones, que debe ser considerada de modo paralelo y complementario al nivel de formalización alcanzado, adquiriendo gran importancia.

Encauzada oportunamente, la organización informal puede ser utilizada como un dinamizador de los procesos de cambio e innovación institucional si oportunamente se considera que puede tener un valor potencial para servir; dejándola sin control puede repercutir de manera no positiva en los objetivos planteados. Es decir, debe ser tomada en consideración en su justa dimensión, dentro de cada plantel educativo, a la hora de conformar e impulsar equipos de trabajo; específicamente, comunidades de aprendizaje.

Si bien, todas las organizaciones formales tienen rasgos comunes, se observan en ellas rasgos diferenciadores que provienen tanto de la especificidad del contexto en que se sitúan, como de su propia complejidad de su naturaleza. La escuela es un caso muy específico, la especificidad del contexto en que se sitúa y su propia complejidad es ampliamente reconocida, aún cuando poco estudiada, a grado de ser considerada una organización singular.

Es decir, se le entiende como una organización singular por su propia naturaleza, por los fines que tiene que asumir ante las crecientes exigencias sociales y por las muchas peculiaridades de su organización; estos aspectos radican fundamentalmente en:

a)    La diversidad y ambigüedad de sus prioridades, problemáticas, objetivos, metas y acciones, producto de que las variadas y complejas funciones que se les asignan, que pueden ir de facilitar el aprendizaje y potenciar la formación de los alumnos, hasta adaptarlos socialmente, afrontar la violencia social reflejada en la escuela (bulliyng), atender problemas de obesidad y desnutrición, entre otras muchas más, que no siempre están bien delimitadas en sus fines y medios para lograrlo.

b)    La existencia de una cultura escolar diversa, con una falta de uniformidad en los patrones conductuales y de pensamiento, llena de creencias implícitas que subyacen y dan significado a la vida y práctica educativa, producto de los muy diferentes y variados entornos de los que provienen los distintos actores educativos.

c)    Que sus integrantes no han sido seleccionados y formados previamente para un entorno específico; esto se ve reflejado tanto en alumnos como en docentes, ya que en muchos casos asisten con un cierto sentido de obligación y suelen carecer en muchas veces de verdadera identidad colectiva.

d)    Que no hay un modo único ni óptimo de desarrollar el proceso de enseñanza-aprendizaje; dándose tantas variables como individuos responsables de esta actividad se encuentren. Es decir, no existe una única manera de enseñar, ni una sola manera para aprender; lo que enriquece el proceso de enseñanza-aprendizaje es el conocimiento pleno de los profesores sobre la existencia de las diferentes formas de abordar y construir el conocimiento por parte de los alumnos.

e)    La diversidad de los procesos organizacionales, que dependerán del tipo de liderazgo que ejerza cada director escolar, de la presencia y participación de la función supervisora y de la disposición al trabajo de los colectivos escolarea; por ello, generalmente, estos procesos no son técnicos y racionales; cayendo muchas veces en la improvisación o en la intuición, resolviendo lo urgente y no lo importante.

f)     Que entre los profesores existe una tendencia al individualismo y aislamiento de los profesores a la hora de trabajar, de aprender de otros y con otros compañeros; es decir, el trabajo docente se caracteriza por procesos compartidos reducidos, provocando una escasa interacción, dando como resultado un celularismo escolar y una articulación débil.

g)    La necesidad de recursos crecientes y de un mejor y mayor control sobre su utilización; de forma frecuente, se pone en tela de juicio el manejo de las aportaciones voluntarias de los padres de familia, esto reclama una mayor atención de la sociedad, la cual responsabiliza directamente a las escuelas del poco nivel de eficiencia y transparencia con que se utilizan.

h)    Que la escuela es una organización que generalmente no privilegia el tiempo para la gestión de las prioridades del Sistema Básico de Mejora Educativa: 1). Garantizar la normalidad mínima de operación escolar; 2). Mejorar los aprendizajes de los estudiantes; 3). Abatir el rezago y el abandono escolar; y 4). Promover una convivencia escolar sana, pacífica y formativa, por destinarlo a otras actividades, sobre todo de carácter administrativo (Gairín:1991).

Con base en lo anterior, esta singularidad, también se desprende al considerar las siguientes características de las organizaciones escolares como sistemas complejos. Por lo tanto, una escuela es un sistema:

  1. Complejo porque no pueden realizarse predicciones de certeza sobre su comportamiento en el futuro, el cual es en apariencia aleatorio e impredecible a partir de mínimas modificaciones en sus condiciones iniciales o de desarrollo;
  2. Dinámico y no estático, pues sus propiedades cambian a lo largo del tiempo y su desarrollo;
  3. Disipativo porque su evolución y transformación a lo largo del tiempo es irreversible; no pueden detenerse más que con su desaparición; y
  4. No lineal porque su resultado es impredeciblemente mayor que la suma de sus partes (Haefner:2005).

La singularidad de las escuelas definitivamente dificulta su proceso de organización pero justifica más acusadamente una necesidad de cambio; perfilando su propia organización mediante la explicación del diseño de funcionamiento que se quiere potenciar. El Sistema Educativo Nacional en los últimos años ha centrado su atención en la escuela como panacea a muchos de los males que no han permitido despuntar en materia educativa a nuestro país, esto efectivamente tiene mucho de verdad; pero al referirse a la escuela mexicana se requiere de un análisis profundo, que permita abordarlo desde diversas y variadas perspectivas; lo que muchas veces crea un marco de estudio difícil de delimitar.

A partir de 1921, con la creación de la  Secretaría de Educación Pública, se difundió la educación a todas las regiones del país y terminó formándose un vasto sistema educativo federal con una estructura fuertemente centralizada; este sistema educativo fue concebido como un sistema que iba a complementar y estimular la iniciativa de los estados y los municipios; sin embargo, la magnitud del rezago educativo, el tamaño de las tareas que era necesario realizar y la falta de recursos propios de los estados y municipios, obligaron a desarrollar una empresa educativa principalmente de carácter federal.

En este contexto, la escuela se fue arraigando, con el transcurrir del tiempo, como una organización diseñada para garantizar un control normativo y la previsibilidad de problemas burocrático-administrativos. A la fecha, las ideas y prácticas escolares se encuentran arraigadas en una cultura verticalista que anula o minimiza fuertemente los incipientes intentos por analizar las presiones, demandas y desafíos internos y externos que pueden impulsar la iniciativa y cambio que se requieren para mejorar la calidad educativa; ante ello, se asume que una de las tareas fundamentales en el rediseño organizativo de las escuelas, es revisar la disociación existente entre lo específicamente pedagógico-curricular, lo organizativo, lo administrativo y la participación social.

Actualmente, ya no está a discusión el hecho de que solamente una profunda transformación de la forma de trabajo en la escuela permitirá situarla como centro del Sistema Educativo Nacional. El reto hoy, es que la gestión escolar centre sus actividades en el ámbito pedagógico-curricular; considerando y fortaleciendo el liderazgo escolar y de supervisión; desarrollando en los actores involucrados competencias en gestión educativa en cada uno de los planteles escolares, dado que la escuela es el lugar donde ocurre el proceso educativo formal.

Ante la complejidad y singularidad de la escuela, resulta pertinente entonces considerar que ésta es afectada por el entorno en que se localiza; es decir, los factores del contexto: las demandas de los padres y la sociedad, la situación geográfica y la problemática de la comunidad, tienen una influencia importante en la vida de las escuelas, influyendo definitivamente en la gestión de las mismas. Por ende, el análisis y comprensión de las escuelas y su gestión, implica fundamentalmente reflexionar los procesos pedagógicos, las relaciones, los aspectos organizativos y funcionales, su cultura y el entorno en el que está inmersa de manera integral, para la toma de decisiones, sobre todo en colectivo.

El Proyecto Regional de Educación para la América Latina y el Caribe o PRELAC (CEPAL/UNESCO:2005) reconoce que “los cambios promovidos desde arriba y desde fuera de las escuelas no logran cambios substantivos en el aprendizaje de los alumnos”… dicho, en otras palabras, la práctica educativa tiene escasa vinculación con las decisiones de las autoridades educativas, porque depende mucho mas de las concepciones, decisiones, expectativas y prácticas de los diferentes actores escolares, de ahí la trascendencia de la revitalización de los Consejos Técnicos Escolares y de Zona. Por que es precisamente en la escuela  donde las políticas educativas toman vida y forma concreta, porque ahí ocurren los cambios educativos, se desarrolla el currículum y se ejecutan las normas.

Dicho de otra forma, cualquier innovación y cambio tiene que partir de la escuela misma, si se pretende que sea significativa y tenga continuidad; pero cualquier proceso de cambio definitivamente tiene implicaciones organizativas al interior de la escuela; por lo tanto, el éxito o fracaso del mismo depende de múltiples factores, entre los que destaca la manera de realizar su Ruta de Mejora, como un sistema de gestión para la escuela, considerando los diferentes tipos de participación en la toma de decisiones, las formas en que se resuelven los conflictos, el seguimiento y evaluación de los acuerdos reflejados en acciones concretas, la utilización de los recursos, especialmente el tiempo, así como la capacidad y tipo de liderazgo ejercido, entre otros muchos más.

Desde esta perspectiva, cada escuela debe concebirse a partir del hecho de que debe estructurar una nueva forma de comprender y conducir su organización escolar; por lo tanto, más que contar con patrones únicos de soluciones, es imprescindible disponer de estrategias para alcanzar soluciones creativas y apropiadas a cada problema; la implementación de nuevas prácticas involucra entonces, aceptar que existe más de una solución para el mismo problema y que el reto radica en escoger la mejor de ellas, pero, que además, si la solución escogida es inapropiada o inoperante al ser ejecutada, se puede recurrir a otra solución alternativa, a partir de la toma de consensos en colectivo a través de los Consejos Técnicos Escolares.

Esto supone hacer del trabajo colaborativo en comunidades de aprendizaje una estrategia que permita una intervención favorable en los problemas y retos detectados; en otras palabras, se debe propiciar una mejora continua a través del encadenamiento de situaciones a resolver, ajustar o reinventar, para lograr los objetivos y metas que se establezcan. Implica, el desarrollo de proyectos que estimulen innovaciones educativas, desde un punto de vista global; con una mirada holística que incida sobre las personas, los recursos, los procesos y desde luego, los resultados; permitiendo visualizar que la palanca de las transformaciones educativas radica en una gestión conceptuada desde un punto de vista integral y consensuado por los distintos actores educativos, entrelazando las diversas dimensiones de cada plantel educativo y resaltando siempre la necesidad de centrar el interés en los alumnos y en sus procesos de aprendizaje.

En resumen, cada escuela debe transformarse en un ente pensante, que parta de un autodiagnóstico que implique entenderse a sí misma como una realidad compleja y singular; y que en consecuencia, su gestión escolar no se fundamente en uniformidades, ya que la magnitud, intensidad y configuración de los problemas y retos, es específica de cada plantel educativo en particular; por lo tanto no es factible copiar modelos, sólo se pueden tomar como referentes para aplicarlos a las circunstancias concretas de cada escuela; de esta manera, tampoco pueden aplicarse mecánicamente en una escuela innovaciones exitosas de otra, esto es inadmisible.

BIBLIOGRAFÍA

  • CEPAL/UNESCO (2005). Invertir mejor para invertir más. Financiamiento y gestión de la educación en América Latina y el Caribe. Santiago de Chile: CEPAL/ Naciones Unidas. Consultado el 25 de mayo de 2014 en: http://www.cepal.org/publicaciones/xml/6/20696/s43syc-l2246e-p.pdf
  • GAIRÍN, Joaquín (1991), Planteamientos Institucionales en los Centros Educativos, en: Planteamientos institucionales en los centros educativos. Madrid, Ministerios de Educación y Ciencia (Curso de Formación para Equipos Directivos, 2).
  • HAEFNER, Carlos A.  (2005). Modernización y capital humano. El desafío de las nuevas tecnologías y la búsqueda de la equidad educativa en América Latina. México: SNTE. Fundación para la Cultura del Maestro.
  • SAN FABIÁN MAROTO, José Luis (2011). El papel de la organización escolar en el cambio educativo: la inercia de lo establecido, Revista de Educación, 356. Septiembre-diciembre 2011. Consultado el 12 de agosto de 2014 en: http://www.revistaeducacion.educacion.es/re356/re356_02.pdf

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