¿Qué hijos quieres heredarle a México?

By on diciembre 15, 2014

Actualmente los tiempos que corren no son nada fáciles. Muchos problemas nos aquejan en todos los ámbitos. Paradójicamente el ser humano, rodeado de tanta tecnología que acorta distancias parece estar más aislado que nunca, empieza a sufrir una especie de despersonalización, ya que es capaz de entablar una relación amistosa y “profunda” con alguna persona sin rostro del otro lado del mundo pero es incapaz de mirar y mucho menos interesarse por la persona que tiene al lado.

Siempre de prisa, muchas veces malhumorados y con una gran dosis de estrés nos cruzamos a diario con decenas de personas sin ofrecerles si quiera una mirada de reojo.

El tiempo pasa cada vez más aprisa, como si cada uno de nosotros estuviéramos corriendo un maratón al que hay que llegar primero sin detenernos a mirar al de al lado que quizá tropezó y cayó o se desvaneció de cansancio. Pareciera que el objetivo es llegar primero a como dé lugar para demostrarles a los demás que somos capaces de hacerlo aunque ni siquiera tengamos muy claro PARA QUÉ LO HACEMOS…; así dejamos de lado lo más importante, EL DARLE SENTIDO A NUESTRA EXISTENCIA a través de acciones que nos enriquezcan y nos ayuden a crecer como personas integras.

Quizá en este ir y venir cotidiano y frenético logremos por breves momentos ser conscientes del mundo que estamos creando y heredando a nuestros niños, ya seamos padres de familia o no, quizá en algún momento nos hayamos detenido a preguntarnos qué mundo les va a tocar vivir a ellos.

Cuando los problemas nos agobian y estresan al grado de afectar nuestra salud psíquica, física y/o espiritual, nos viene a la cabeza la pregunta un tanto cuanto trillada: ¿Qué va a ser de nuestros niños, que mundo, les vamos a heredar si las cosas siguen marchando igual? (corrupción, ausencia de valores, desintegración familiar, escasas oportunidades educativas y laborales, etc., etc., etc.), muchas veces culpando a todo y a todos sin asumir realmente nuestro grado de responsabilidad en lo que hacemos o dejamos de hacer para heredarles un mundo mejor.

Alguna vez escuche a alguien (no recuerdo a quién, ni en dónde) decir “¿…y si en lugar de preguntarte que país le vas a dejar a tus hijos, te preguntas qué hijos le vas a dejar a tu país?”, como por arte de magia se me abrieron los ojos y pude ver con mucha claridad cuánta sabiduría guardaba esa pregunta. Dicen que las palabras enseñan pero que el ejemplo arrasa y esto tiene mucho que ver con el cuestionamiento anterior.

Si como adultos somos capaces de preocuparnos por preparar a nuestros niños (ya sean nuestros hijos o alumnos) para enfrentarse a las exigencias del mundo que les ha tocado y les tocara vivir, estaremos heredándoles el más grande de los tesoros. Seguramente muchos queremos hacerlo pero no sabemos a ciencia cierta cómo, ya que al mirar a nuestro alrededor nos gana la actitud derrotista y pesimista provocando que nos desmotivemos pues pensamos que nunca seremos capaces de resolver tantos problemas solos. Sin embargo, si entendemos bien el significado de la pregunta “¿qué hijos le vas a dejar a tu país? encontrarás fácilmente el cómo lograrlo.

El punto es empezar a ACTUAR con BUENA VOLUNTAD para cambiar nuestras creencias y actitudes con respecto a lo que es educar y amar a nuestros niños. Si entendemos que amar no significa cubrir todos los caprichos y “necesidades creadas” de nuestros hijos, estaremos empezando a abrirles una brecha para que ellos vayan transitando por su vida sin muchos tropiezos y, si además, les exigimos cuando sea necesario exigirles, de acuerdo a su edad y capacidad intelectual, para que vayan formándose poco a poco como personas integras que sepan controlar sus impulsos, expresar adecuadamente sus sentimientos y emociones sin herir o lastimar a su prójimo, entonces estaremos ayudándoles a seguir transitando sin temor por el camino de la vida

Si comprendemos que el protegerlos de las adversidades no es el mejor camino para lograr el éxito, sino que por el contrario necesitan enfrentarse a retos, tomar decisiones (propias de su edad) y enfrentar sus consecuencias y posibles fracasos, dándoles la oportunidad de crecer a pesar de los contratiempos con los que se tengan que enfrentar entonces estaremos ayudándoles a lograr lo que se propongan de una manera asertiva sin dañar a sus semejantes. Y, si además nos comprometemos con nosotros mismos a ser congruentes en nuestro, pensar, decir y actuar, sin importar que tan cansados, tristes, felices o emocionados estemos para sostener nuestras creencias y valores, entonces ellos vivirán esto de tal modo, que sin darse cuenta pasara a formar parte de su ser, sin necesidad de incurrir frecuentemente a los detestables “castigos” para hacerlos hombres o mujeres de bien.

Si bien es cierto que esto requiere de mucho tiempo y de una buena dosis de paciencia y amor, también lo es el que vale la pena intentarlo si con ello logramos preparar a nuestra niñez para enfrentarse a lo que sea que tengan que enfrentarse en un futuro no muy distante y, mejor aún, lograr en cada uno de ellos el cambio tan anhelado en la actitud que requiere el mundo para combatir tantos males que actualmente le aquejan a muchos de sus habitantes.

En el colegio CEYCA estamos convencidos de ello por lo que estamos comprometidos en apoyar a los padres de familia en su ardua e importante labor trabajando en conjunto con ellos, para que sus hijos sean líderes de acción positiva que impulsen y defiendan acciones de justicia y amor, firmes en sus principios cristianos y que sepan responder a los grandes retos de nuestros tiempos.

Nuestro lema “SEMPER ALTIUS” que en latín significa “siempre más alto”, expresa nuestra aspiración porque nuestros alumnos alcancen, cada día, el máximo desarrollo integral posible.

Por Mónica Lozano Córdoba | Psicóloga Colegio Ceyca Primaria

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