Chiautla: paisaje, economía y cultura

By on octubre 8, 2015
Chiautla

“El sol rural de Chiautla, sol de blasón señor del cielo, de la montaña, de la hora enfática del mediodía. Sol sobre los tepetates combustos…El sol de los chiautecos arraiga a la tierra, da la voluntad de permanencia a la gleba nativa”.              Gilberto Bosques Saldívar

Gildardo Cilia López

Por: Gildardo Cilia López

Camino con mi padre. Sus pasos son firmes, decididos; cortos y rápidos: de centella. No noto fatiga. Él tiene más de 90 años, camina erguido, con firmeza. Su fortaleza y su proclividad al esfuerzo, armonizan con lo que se aprecia en su tierra nativa: Chiautla. Me doy cuenta que mi padre forma parte del paisaje; ¡qué es emblema del paisaje!

Paisaje y economía

La historia es una relación activa entre el hombre y la naturaleza: inteligencia y carácter son capacidad transformadora; pero el medio ambiente encauza el ingenio, el temperamento y el reto que conlleva toda actividad humana. La unidad es dialéctica, convergente: el hombre al interactuar con la naturaleza la moldea, pero invariablemente se moldea a sí mismo. La unidad también es indisoluble: el proceso histórico se deriva de la adaptación del hombre a la naturaleza y llegará a su fin con su destrucción; cuando el uso irracional del conocimiento tecnológico haga inhabitable al mundo.

Las peculiaridades históricas que se observan en cada localidad o región están dadas por una dualidad: por la forma en que se asocian los hombres para aprovechar y explotar los recursos naturales que están a su alcance y por la espiritualidad que genera el espacio geográfico. La adaptación al medio y su transformación, entonces, es un fenómeno social, en el que se conjuga la sobrevivencia y el espíritu del hombre; eso es lo que configura una forma de vida: una cultura.

A lo largo de su historia, el hombre de la región: de Chiautla, ha recorrido caminos agrestes, sinuosos; ha trabajado en pozos de sal, minas de plata y piedra (mármol); ha desjehuitado el campo; recolectado flores y frutos ásperos y espinosos; ha removido, cavado y construido sobre la dureza de la tierra: sobre el tepetate. El hombre de la región ha sido un viajante perpetuo; también se ha dedicado a la caza y a la agricultura, desde tiempos ancestrales.

La flora – como los hombres -es esforzada. En los suelos agrestes, aun en las laderas de los cerros, sobreviven árboles y arbustos (la mayoría de ellos rabones en el estiaje) con troncos y ramas de tonalidades: verdosas, grisáceas, amarillentas y pardas, de los que brotan hojas y frutos de diferentes e inimaginables matices cromáticos. A las raíces, cortezas, ramas y frutos de la flora: palo blanco, guamúchil, cuachalalate, zompancle, cazahuate, guaje, uña de gato y olinolue (árbol de incienso, de esencia grata), los hombres de la región le han encontrado un uso comestible, medicinal o ritual. En los pastos y matorrales también crecen hierbas, que enaltecen el arte culinario de la región: pápalos, frailes, verdolagas, quintoniles, epazotes, hierbabuenas…

Los cactus abundan y sorprenden por su tamaño. En la penumbra, sus troncos y sus muchos brazos parecen espectros de los Quinametzin, la raza de gigantes que según la mitología nahua, fue creada durante el periodo de Sol de Lluvia – etapa previa a la creación de los hombres – y que fue destruida por Quetzalcóatl mediante una lluvia de fuego. En mayo y septiembre, de los cactus brotan frutos de un sabor único, inigualable: las pitahayas, cuyas pulpas pueden tener diversos colores; aunque las de rojo intenso parecen ser las más dulces, además de hacer recordar nuestro mito solar: la esencia roja que simbolizan los corazones ofrendados que le daban fortaleza y vida al Sol.

La mayor parte de las tierras son áridas; sin embargo entre las laderas y los bordes de las barrancas y los riachuelos, en las localidades de Tlaica y Chahuapa, milagrosamente se extienden terrenos fértiles: huertas con mangos y ciruelas criollos de gran dulzura, que después de varias centurias de adaptación se han vuelto propios de la región. No debo dejar pasar que en febrero y marzo, cuando las ciruelas están verdes y las semillas recién brotando en el fruto, se prepara una salsa de ciruela agria, que es el complemento perfecto de los platillos tradicionales de la región. En las huertas también se cultivan hortalizas; entre ellas, la jícama de invierno, infaltable en los ‘aguinaldos’ que se dan en las posadas ceremoniosas y festivas del Pueblo, que inician en diciembre y que se prolongan hasta el 2 de febrero, ya que hay “acostaditas” y “levantaditas”.

En las tierras arables se cultiva principalmente maíz y sorgo (antes era muy común el cacahuate); pero sobresale una planta de reciente desarrollo: la jamaica, de la que ha surgido una variedad única: “la jamaica escarlata de Chiautla”, cotizada por su color y sabor intensos.

El desarrollo de esta flor vibrante, se debe a una adaptación prodigiosa y al esfuerzo de los productores. La selección natural de las plantas madres ha generado el surgimiento de una variedad con una calidad única; en tanto que la tenacidad y la adopción de mejores patrones de cultivo ha incrementado significativamente la productividad. En Chiautla el rendimiento productivo de la jamaica es de 750 kilos por hectárea, muy por arriba de los 300 kilogramos que se obtienen en otras zonas productoras.

La visión empresarial de los hombres de la región, han conformado el surgimiento de una cadena productiva en torno a la jamaica, que ha derivado en la elaboración de polvos, extractos, mermeladas y licores. El potencial de esta agroindustria pudiera alcanzar niveles insospechados, si se hiciera una adecuada promoción de estos productos en los mercados nacional e internacional. Esta experiencia productiva desdice la visión anacrónica que tienen algunos analistas sobre la inexistencia de proyectos rentables en el campo y de que es difícil alcanzar resultados positivos mediante el esfuerzo y la asociación productiva.

zona arqueológica de Teopantecuanitlán

Los hombres de Chiautla

La historia remota de Chiautla data de hace 3000 años. Se sabe que en la región habitaron grupos olmecas; sin embargo ese periodo aún se mantiene en muchos sentidos oculto: inexplorado. Es posible que una mayor y más detallada investigación arqueológica permitan encontrar los vestigios que permita abundar en la narrativa de este periodo histórico. Sobre todo, si se toma en cuenta que dichos grupos vivían preferentemente en las laderas o cerca de los cerros, como se puede apreciar en Chalcatzingo, Morelos y Teopantecuanitlán, Guerrero.

El hallazgo relativamente reciente de la zona arqueológica de Teopantecuanitlán, en 1983, en la convergencia de los ríos Amacuzac y Balsas, cercana a las localidades de Cohetzala e Ixcamilpa de Guerrero, hace indiscutible la presencia y el asentamiento en la región de la cultura olmeca. Esto significa la existencia milenaria en la región de una sociedad integrada por clases, con un esquema diversificado en la división de trabajo y actividades: agricultores, guerreros, comerciantes, sacerdotes y sabios; cuya representación plástica: el jaguar y la serpiente, simbolizaban actividades primordiales como la caza y la agricultura; además de que estos hombres eran viajantes, que interconectaban las Costas del Golfo con la tierras altas de México.

Es difícil desentrañar la continuidad de la historia; esto es, hablar de la desaparición, aparición y fusión de las culturas a lo largo del tiempo. Las referencias históricas nos sitúan miles de años después; en ellas se habla de la presencia de las culturas tolteca-chichimeca, mixteca y nahua. Es particularmente importante la siguiente cita: “En el remoto 1174 la frontera norte de la mixteca se fijó entre los linderos meridionales en los que se encuentran los pueblos de Acatlán, Chiautla, Petlalcingo, Chila y Tzotzollan (Sosola)”1. De modo que 1174, sería el año en la que la región se configura como la Baja Mixteca. La cita también hace mención de un hecho trascendente: “los señoríos mixtecos recibieron una serie de terrenos de los toltecas-chichimecas de Cholula”; lo que es indicio de que Chiautla y las localidades de su jurisdicción eran asentamientos reconocidos en el centro y sur de Mesoamérica.

El carácter de la donación resulta incierto; sin embargo, esa región era de las principales productoras de sal y abastecía a los señoríos mixtecos y a las metrópolis dominantes del Altiplano Central. Este producto en el México prehispánico, además de que era un ingrediente indispensable en la dieta y en la conservación de alimentos, tenía preponderantemente un uso ritual. La sal era uno de los tributos indispensables que exigían los señoríos y pueblos dominantes, entre ellos, el azteca.

extracción de sal.

Chiautla y los demás pueblos, se integraron a la economía mixteca y a sus sistemas de productos y de comercialización, con la característica – reitero – de que eran comunidades que tenían como una de sus actividades especializadas la extracción de sal. Situación que continuó durante toda la etapa colonial; sin dejar de señalar que aún en la actualidad, los pueblos de Chila y Ocotlán siguen explotando sus mantos de sal. Humboldt en su ensayo sobre la Nueva España en los albores del siglo XIX hace mención de la importancia de la región en la producción de sal: “La intendencia de la Puebla tiene salinas bastante considerables, cerca de Chila, Jicostan y Ocotlán (en el distrito de Chiautla)” 2

La especialización productiva de los pueblos salineros y su condición como tributarios de la gran metrópoli, sin duda incidieron en su rápida colonización en el periodo Novohispano; integrando muy pronto a los pueblos salineros a las exigencias comerciales y productivas de los españoles. “En el primer siglo de la conquista los mixtecos seguían enviando como tributo sal a los nuevos colonizadores, además de oro y plumas; telas de algodón y de seda; tintes de cochinilla y de púrpura; maíz, fríjol y calabaza; frutas y chocolate, tal como lo habían hecho con los aztecas y en periodos anteriores con los señores y reyes mixtecos”3. De modo que el nombre del pueblo nativo, a partir de esa especialización y con la evangelización agustina, amplió su denominación: de Chiautlán a San Agustín de Chiautla de la Sal; nombre que se mantuvo hasta el 25 de marzo de 1901.

Ese fue sólo el principio de la inserción a la economía Novohispana. Faltaba algo por venir que iba a dejar una huella profunda a lo largo de tres siglos en la historia de Chiautla y los pueblos salineros. La sal tributo que se utilizaba esencialmente para la purificación ritual, se convirtió en el mundo Novohispano en materia prima para la explotación de la plata.

amalgamación

Bartolomé de Medina descubrió en el siglo XVI un método llamado de amalgamación, también conocido como de patio, consistente en separar la plata de las impurezas de la tierra, mezclando azogue (mercurio), sal común y magistral (sulfato de cobre). Este sistema menos costoso y más redituable que el sistema de fundición, se puso en práctica entre los años de 1554 y 1555 en el Real Minero de la Purísima Concepción, en el actual Estado de Hidalgo y rápidamente se extendió hacia otros centros mineros de México, Sudamérica y Europa.

La innovación productiva en el beneficio de la plata muy pronto impactó a las comunidades y regiones productoras de sal. A partir de este momento, comunidades como Chiautla, Acatlán, Piaxtla, Ocotlán y Chila entreveran su historia con la explotación de la plata. Detengo el relato.

Desayuno ritualmente: chocolate espumoso con pan criollo. Sumerjo, en esta ocasión, una ‘concha colorada’ que tiene una consistencia especial para sopear. La mesa también está puesta para el almuerzo, distingo toda una amalgama de colores y sabores: jocoque, queso fresco (queso de Chiautla), salsa de ciruela agria, pápalos, ‘chile frito’, tasajos de cecina, agua de jamaica; ¡ah! y tortillas hechas a mano.

Ve a mi padre en la mesa, lo contemplo con gran admiración; estoy muy orgulloso de mi pasado, de mis ancestros. Él es manantial entre aguas: manantial de vida: es un Sabino. Ese es su nombre

image-sabino

1 La Mixteca: Su cultura e historia prehispánicas, Barbro Dahlgren, pag. 71, Ed. UNAM. 1966

2 Humboldt Alejandro. Humboldt, Alejandro de. “Ensayo político sobre el Reino de la Nueva España, Tomo Segundo, p. 12, México, Editorial Porrúa, Colección “. Sepan Cuántos.

3 Un Breve Resumen sobre los Mixtecos (Documento en Internet)

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