Chiautla y los pueblos de la sal: inserción a la economía novohispana y causas de su pobreza

By on octubre 16, 2015
salineros
  • La memoria oscila contra el olvido; es nuestra luz interna: lo que le da conciencia a nuestros actos, lo que le da sentido al porvenir.
  • Quien recuerda se sabe parte del universo infinito y como tal, maravillado sabe que la historia es continua expansión; que somos materia pero que nuestra misión es crear espíritus. La fortaleza de los pueblos es herencia espiritual de nuestros antecesores; la que se ha transmitido de generación en generación.

Gildardo Cilia López

Por: Gildardo Cilia López

 

El recorrido histórico.

Los pueblos se articulan con mayor o menor intensidad a los procesos que dan rumbo a la historia: a las concepciones políticas y económicas y a la inserción a cadenas y actividades económicas consideradas como prioritarias globalmente. Las comunidades actúan en dos sentidos antagónicos: adaptación y resistencia; porque resienten el auge y deterioro de los procesos históricos.

En el caso de Chiautla y los “Pueblos de la Sal”, prevalece a lo largo de los siglos una sociedad polarizada, con un núcleo reducido de beneficiarios y una población explotada; pero también una población que ha sido capaz de reivindicar sus derechos y de responder enérgicamente ante la adversidad.

La solidaridad y la lucha contra la desigualdad y la pobreza, así como la raigambre a la tierra, son los factores que explican sustantivamente la sobrevivencia y desarrollo de las comunidades de la Baja Mixteca Poblana. Esos son los elementos que le da un contenido único a su historia.

Baja Mixteca Poblana

El país de la desigualdad

México históricamente es el país de la desigualdad: unos pocos son escandalosamente ricos y una enorme masa de habitantes es pobre. Esa percepción se ha mantenido a lo largo de los siglos y continua inalterable hasta el día de hoy. En la actualidad, “el 10% de la población concentra 64.4% del ingreso nacional y 145 mil individuos, con sus familias, son dueños del 43% de la riqueza del país”; en tanto que 55 millones viven en pobreza y 11.5 millones en pobreza extrema.

Alexandre_humboldt Alexander Humboldt

Humboldt, en los albores del siglo XIX, definió así a la sociedad Novohispana: “Nueva España es el país de la desigualdad. En ninguna parte la hay más espantosa en la distribución de fortunas, civilización, cultivo de tierras y población…La arquitectura de los edificios públicos y privados, la finura del ajuar de las mujeres, el aire de la sociedad…se contrapone extraordinariamente a la desnudez, ignorancia y rusticidad del populacho”1

pobreza

Polaridad social y miseria popular, es lo que han apreciado los estudiosos de nuestro país y los que han recorrido México desde hace centurias. En sus crónicas de viaje a mediados del siglo XVIII, Francisco de Ajofrín apuntaba: “No obstante que hay tanta grandeza en México, caballeros tan ilustres, personas ricas, coches, carrozas, galas y extremada profusión, es el vulgo en tan crecido número…y andrajoso… pues si de toda España se pintasen cuantos pobres e infelices hay en ella, no se hallarían tantos y tan desnudos como sólo en México, y a proporción, en la Puebla de los Ángeles, como dije, y demás ciudades del reino. De cien personas que encuentra en la calle, apenas hallarás una vestida y calzada… De suerte que en esta ciudad, se ven dos extremos diametralmente opuestos: mucha riqueza y máxima pobreza…”2

La minería: acumulación y pobreza.

La economía colonial estuvo sustentada en la expansión y explotación de la minería. Se abrieron vetas en las entrañas del nuevo mundo, aun cuando paradójicamente el menor beneficiario fue España, ya que la acumulación de metales preciosos muy pronto fluyó a potencias más industriosas y diversificadas con mayor vocación comercial y capacidad exportadora. Coincide el auge minero de las colonias con el inicio de un continuo deterioro económico del imperio español. Este estancamiento duró más de tres siglos; a tal punto que durante el siglo XIX y la primera mitad del siglo XX España era una de las economías más atrasadas de Europa.

La propiedad de los metales preciosos era del monarca español y su concesión a particulares era a cambio de una parte del valor de venta. En este contexto se articularon una serie de privilegios que posibilitaron la rápida explotación de las minas y producción de los metales, particularmente la plata; entre ellos: las exenciones fiscales, el control de precios de los principales insumos (mercurio y sal) y la dotación de mano de obra abundante y barata a los reales mineros para su explotación.

La acumulación de la riqueza sólo propició marginalmente la expansión del mercado interno y la diversificación productiva. En la Nueva España sí existió una reflexión crítica sobre la conveniencia de impulsar una diversificación y de no dar preferencia exclusiva a la minería. Esas ideas tuvieron su simiente desde el inicio del periodo colonial, sin que hayan tenido nunca el eco suficiente. Fray Juan de Zumárraga se lamentaba de la “suma pobreza de los indios originada por la falta de plantas, animales y aparatos necesarios para aprovechar esa riqueza aumentando la agricultura, la industria y el comercio”3. Admiraba la habilidad de los indígenas para el tejido; “lo que hacían con el algodón y el pelo de conejo era un indicio de hasta dónde podían llegar trabajando la lana y sentenciaba: “Con estas cosas no saldrían de esta tierra tanto oro ni plata, porque se quedaría en ella y sería muy rica, y los vasallos españoles e indios enriquecerían e rico el pueblo rico el rey”4

mineria

1.- El abasto de sal

El perfil histórico de Chiautla y de los pueblos salineros adquiere singular importancia con el advenimiento de la minería como la actividad eje y rectora de la economía Novohispana; básicamente por una innovación productiva en el beneficio de la plata durante el siglo XVI, en la que la sal se convirtió en un insumo estratégico. Bartolomé de Medina descubrió el método de amalgamación, consistente en separar la plata de las impurezas de la tierra, mezclando azogue (mercurio), sal común y magistral (sulfato de cobre).

La mezcla de los reactivos con el mineral se efectuaba en un patio con suelo de piedra, haciendo que las mulas pasaran repetidas veces sobre el mineral hasta que la plata se separaba de las impurezas. Para realizar las labores de patio, había operarios encargados del repaso, o de realizar con sus pies la mezcla del mineral con el azogue (mercurio); por lo cual estaban expuestos a graves perjuicios en su salud. Como es obvio, este procedimiento de amalgamación o patio, requería de un abastecimiento regular de azogue, de sal y de cobre.

Chila de la Sal

El atributo descubierto en la sal como reactivo en el beneficio de la plata, aumentó considerablemente su demanda y generó una consecuente escasez. Fenómeno sin precedente, en virtud de que los pueblos salineros del centro del país producían los volúmenes suficientes para atender la demanda de la población, cuando su uso tenía exclusivamente fines alimenticios, de conservación, medicinales o rituales. La importancia productiva de los pueblos salineros de Puebla era relevante, producían la mayor parte de sal del Centro de México5.

La producción de plata en el centro de México se ubicaba en las minas de Temascaltepec, Sultepec, Amatepec, Zacualpan y Taxco. Los pueblos salineros de Puebla y los que se encontraban en torno a esos reales mineros tenían la responsabilidad de abastecer la demanda de sal requerida por estas minas. Los pueblos de la jurisdicción de Chiautla de la Sal, en lo particular, abastecían de sal a las minas de Tlaucingo, situada en las inmediaciones de Teutlalco; de Huautla, ubicada en el extremo meridional del actual Estado de Morelos y de Taxco.

El nuevo uso de la sal, muy pronto obligó a que se dictaran ordenanzas para regular su producción y garantizar el abasto de los reales mineros. El Virrey Martín Enríquez elaboró un conjunto de ordenanzas para la sal en el año de 1580. Estas fueran expedidas en lo particular para los pueblos de Chiautla, Ocotlán, Chila de la Sal, Acatlán, Piaxtla, Tehuacán y Cuzcatlán y los demás pueblos de la comarca y distrito de minas de Taxco y Sultepec, pero se hicieron extensivas a toda la Nueva España.

salinas

Para resaltar el sentido de las ordenanzas en torno a la prioridad de mantener un abastecimiento adecuado y a bajos costos de la sal en el beneficio de la plata y hacer énfasis en la importancia que se le concedía en la minería en la economía novohispana, resulta interesante reproducir la introducción efectuada por el Virrey Enríquez a sus ordenanzas: “Don Martín Enriquez, visorrey, gobernador y capitán general de esta Nueva España por Su Majestad, y presidente de su Real Audiencia que en ella reside, e por cuanto la sal para el beneficio de los metales de plata después del azogue es la más principal cosa que hay, y de un año a esta parte ha habido falta della y la dicha sal ha debido ser encarecida y valido a excesivos precios…y también haber regatones que tienen por granjería y trato de la comprar y volver (a vender) y de no poner en ello remedio será mucho el daño que seguiría España…6

Como la sal era monopolio de la corona, dichas ordenanzas otorgaron licencias para que las comunidades explotarán sus salinas y dispuso que dedicaran su producción a abastecer la minería, sin poder diversificar su producción y mercado; es decir, tenían que producir y vender directamente a las minas para mantener un abastecimiento adecuado y a bajos costos de la sal, mediante un esquema de precio controlado.

Los pueblos salineros obligados a producir básicamente sal, así, quedaron a expensas de la capacidad de extracción de los pozos y al advenimiento del temporal. El ciclo productivo de la sal contemplaba las siguientes fases: de enero a mayo, cosecha; al inicio de las lluvias, la actividad productiva se suspendía; y durante noviembre y diciembre, los naturales elaboraban los cajetes en donde se secaba la sal, además de que hacían limpieza de los pozos de donde se extraía.

Quienes poseían pozos de sal vivían con ciertos privilegios: contaban con una fuente de manutención y se les eximía del trabajo forzoso en las minas; lo que implicó que entre este mismo tipo de pobladores hubiese disputas por su posesión; tal como se puede apreciar en la siguiente ficha del Archivo General de la Nacion (AGN) del año de 1797: “Diligencias realizadas por Nicolás Antonio García, Principal de este pueblo (Chiautla de la Sal), contra Pedro Antonio Cuaguamoxtla, sobre el despojo de unos pozos de sal que se encuentran en el paraje llamado Cuahuixcatlan” (Registro 348236 del AGN. Tierras, Expediente 2. Volumen 2685).

La lucha por las tierras y por la posesión de pozos también enfrentó a los naturales con los españoles interesados en ampliar su patrimonio: (Junio 16 de 1640) “A la Justicia de Chiautla de la Sal, a fin de que ampare a los naturales contenidos en el expediente en sus tierras y de que el español de quien se quejan no los agravie” (Registro 148520 del AGN, Indios, Expediente 125).

Sin dejar de mencionar que incluso se presentaron conflictos entre los naturales con las propias autoridades religiosas. En la siguiente ficha se puede observar un conflicto estructural por la posesión de pozos: (Años 1580-1726. 1756-1826) “Chiautla, Po.- Los naturales del pueblo de San Pedro Ocotlan, contra los religiosos agustinos, sobre posesión y usufructo de unos pozos de sal”. (Registro No. 343596 del AGN, Tierras, Expediente 1).

Virrey Martín Enríquez Virrey Martín Enríquez

La pobreza del intercambio

Las ordenanzas del virrey Enríquez se mantuvieron a lo largo del periodo colonial y las comunidades productoras de sal se sometieron a la mayor parte de las mismas; quedando su economía progresivamente endeble. La comercialización de la sal quedó sujeta a un esquema fijo de precio, lo que enfrentaba a los pobladores a un intercambio desigual por la tendencia creciente de los precios de los productos básicos. Además el estancamiento del precio de la sal duró un periodo considerable de tiempo, dos siglos y aun cuando en la segunda década del siglo XVIII el Virrey Duque de Linares autorizó una nueva cotización de la sal (18 reales la fanega), las comunidades productoras de sal manifestaron su inconformidad y pidieron una mejor cotización.

Por ejemplo, los naturales de Ixtapan y Texupilco, de la jurisdicción de la mina de Temascaltepec hicieron el señalamiento de que “el dinero que recibían por la sal no les alcanzaba para cubrir todos sus gastos, ya que además de los tributos y las obvenciones, le daban al cura 12 pesos y un tomín para las fiestas del pueblo y otros 20 reales al principio de cada mes por las misas que celebraba. También daban semanalmente para el repartimiento de minas tres jóvenes que acudían a laborar en las haciendas de beneficio de Temascaltepec”7

El natural deterioro comparativo de la sal con la cotización de otros productos, originaron la existencia de mecanismos de mercado compensatorios:

  1. Comercio ilegal de la sal. Los propios indios trocaban directamente su producto por bienes de consumo, maíz, ropa, pan, jabón, panocha y tabaco. Este trueque ilegal tenía su sustento, en el hecho de que la sal adquiría un valor más real, por encima del precio oficial determinado por la autoridad virreinal.

La existencia de este mercado ilegal fue palpable en San Miguel Ixtapan, lo cual propició que el Alcalde de Temascaltepec prohibiera a través de un bando “que los indios trocaran sal, fijando como pena para los que desobedecieran, azotes, cárcel y una multa con dinero”8 Prohibición que se generalizó a los otros pueblos productores de sal.

  1. Acaparamiento de la sal por revendedores o las propias autoridades de las comunidades, las cuales la ofrecían a mejores postores fuera del mercado minero. Se sabe, por ejemplo, que el “alcalde mayor de Chiautla repartía anualmente a los naturales de Acatlán y Piaxtla cien mulas y caballos con valor de 400 pesos y ropa con valor de 400 a 500 pesos, todo lo cual pagaban los naturales con sal”9.

Los frutos económicos en la producción de sal, en consecuencia, no se quedaban en poder los naturales, porque se trasladaban a los acaparadores, que no eran más que los alcaldes mayores de Chiautla, Acatlán y Piaxtla, quienes monopolizaban la venta de sal y con su reventa elevaban el precio, lo que los confrontaron con los intereses de los reales mineros.

Situación que se puede constatar en la denuncia de José Mariano Samper diputado de Real Minero de Huautla, que acudió a la autoridad virreinal señalando que se estaba infringiendo la normatividad sobre el comercio promulgada por el Virrey de Enríquez. El virrey Mayorga ordena al administrador de tabacos (hacienda) de Chiautla la investigación sobre esta denuncia y queda completamente confirmada el 17 de octubre de 1779. “Por tal motivo se ordena al Alcalde Mayor de Chiautla de la Sal el repartimiento de sal y el cobro de los dos reales por cada carga que saliese de la jurisdicción, así como la suspensión de las licencias de venta, además de declarar la venta franca y libre para los mineros”10.

Conclusión

Durante todo el periodo novohispano, nos encontramos, en síntesis, con estratos económicos en permanente conflicto, en la que prevalecían intereses encontrados, imposibles de subsanar porque lo que estaba en juego eran los mecanismos de extracción y acumulación de riqueza: mineros contra acaparadores; la autoridad del virrey frente a los intereses de las autoridades locales, religiosas y jurisdiccionales.

Contra este entorno, se fue constituyendo una sociedad de indios cohesionada pero con escasas opciones económico – productivas, que coexistía pacíficamente en medio de la polaridad y de los cacicazgos económicos; pero que fue capaz de denunciar los abusos y reivindicar sus derechos en medio de una gran adversidad. (Esto se verá en el siguiente artículo)

Después de este breve recuento histórico, no puedo dejar de expresar lo siguiente. La idea imperante de los economistas es que primero se debe de crecer, de generar riqueza, señalando que la mejora social vendrá por añadidura. Esto a lo largo de nuestra historia no es más que un mito, porque la riqueza generada se ha concentrado siempre en unos cuantos, a costa de una baja retribución social. Si esto ha sido así, ¿por qué no generar primero las bases para mejorar la distribución de la riqueza; por qué poner en un segundo plano que la riqueza del país se genera con el esfuerzo de nuestra gente? Luego entonces, ¿por qué no moderar el lucro y avanzar en una retribución económica socialmente justa, que es lo que nuestro pueblo históricamente merece?

 

1 Humboldt, Alejandro de. “Ensayo político sobre el Reino de la Nueva España, México, Editorial Porrúa, Colección “Sepan Cuántos, p.39.

2 Salvador Bernabéu Albert y María Justina Sarabia Viejo. México Virreinal: Poder, Control Social e Impacto Ilustrado p. 167 (Documento en Internet)

3 Jesús Reyes Heroles. El liberalismo mexicano. Tomo III. La integración de las ideas. Ed. F. C. E.. 1982, pp 426 y 427.

4 Ibidem, p 427

5 Margarita Menegus Borneman. “Las comunidades productoras de sal y los mercados mineros: los casos de Taxco y Temascaltepec, en Minería Regional Mexicana (Dolores Ávila, Inés Herrera y Rina Ortiz Compiladores). Serie Historia INAH.

6 Rodrígo Martínez Barac. Documentos en náhuatl de Oztuma, Guerrero, 1574-1692. En Cuadernos de Etnohistoria 2 . página 24.

7 Margarita Menegus Bornerman. Op. Cit., p 27.

8 Margarita Menegus Borneman. op. cit. p.28

9 Margarita Menegus Borneman. op. cit. p.30

10 Ernest, Sánchez Santiró. Plata y Privilegios. El Real de Minas de Huautla., 1709-1821. p.103. (Documento en internet).

 

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