Chiautla: congregación y explotación forzosa

By on octubre 23, 2015
cantándole a la esperanza

Algún día, asombrado, alguien dirá que no fue cierto, que no pudo ser cierto; negarán que la historia de los pueblos se ha forjado con el esfuerzo de sus hombres. Y las raíces del tiempo se estremecerán, hasta hacer resurgir del olvido los pasos de esos héroes: de esos hombres de hazañas cotidianas.

Entonces, el incrédulo evocará el pasado y de las montañas eternas, de las hondonadas profundas, de esos laberintos acústicos, surgirá el eco creador de las palabras; las que narran la historia de nuestros pueblos esforzados.

Gildardo Cilia López

Por: Gildardo Cilia López

El contexto general

¿Cómo explicar nuestra desigualdad y pobreza históricas? El análisis conlleva a comparar nuestra realidad en distintos tiempos; de ahí se deriva, que las condiciones de explotación humana (más por el avance civilizatorio) sí han cambiado, pero en esencia las causas que explican la pobreza y la miseria popular siguen siendo las mismas desde el periodo novohispano, sin que se hayan podido erradicar, es decir: se ha crecido sin una adecuada o razonable retribución social; con una baja tasa y masa salarial y sin estrategias eficiente para propiciar el desarrollo de nuestras capacidades y potencialidades productivas.

Esos factores comunes persistentes en nuestra historia, han propiciado un entorno económico sombrío, caracterizado por la ausencia de empresas y de proyectos productivos; nula o escasa diversificación productiva; un mercado interno deprimido; una economía regional (primaria) deteriorada y con precios de intercambio desfavorables respecto al resto de los productos de la economía y salarios estancados o en continuo deterioro.

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La explotación forzosa.

Uno de los mayores agravios generados por la economía novohispana, fue el de la explotación forzosa de la mano de obra. Chiautla y los pueblos de la sal se articularon muy pronto a la prioridad de impulsar la actividad minera, en dos sentidos sustantivos: en la provisión de sal y en la dotación de mano de obra suficiente y barata. En el ímpetu de hacer crecer la riqueza del imperio y de la monarquía española, surgieron mecanismos de extracción y acumulación de riqueza, sin importar en ningún sentido la consecuencia social que ello generaba: una creciente y generalizada miseria popular.

Para contar con fuerza de trabajo suficiente y barata se asumió la estrategia de la concentración y del reparto forzoso de mano obra. Describamos ambos procesos.

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Chiautla: congregación.

Las congregaciones se convirtieron en el medio más apropiado para cristianizar y concentrar a grupos de indios que vivían dispersos y con cierta lejanía de los asentamientos indígenas de mayor tamaño. Esta política poblacional inicialmente se sustentó en la persuasión y en el convencimiento, sin hacerles opresión: “como dice una real cédula de 1538, o con mucha templanza o moderación, como expresa otra de 1551”1. Tiempo después, se hizo forzosa, la Cédula Real de 1558 expedida por Felipe II señala que como los indios vivían dispersos y “tienen toda la tierra ocupada…convenía recogerlos y juntarlos en pueblos…, señalándoles largos términos para sus labranzas y montes”[2]; desocupándose así tierras para fundar pueblos de españoles y mestizos

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La orden Agustina se erigió como Orden de América en 1533 y dirigió su labor evangelizadora inicialmente hacia los pueblos y tierras del Estado de Guerrero (Tlapa); después avanzó hacia el centro de México con la fundación de templos y conventos en la Mixteca Baja y en el Estado de Morelos. Para cumplir con su misión, los religiosos tuvieron que caminar sobre terrenos abruptos y escabrosos, buscando a los habitantes de las diferentes comunidades y estancias para convencerlos que se reunieran en cabeceras de pueblos, con el propósito de iniciar su conversión a la nueva religión.

La estrategia de congregación tuvo grandes obstáculos, “el mayor de los cuales fue la resistencia de los indios, que estaban acostumbrados a vivir en diminutas comunidades, barrios, estancias y rancherías, así como la oposición de los caciques y nobles indígenas que veían como se diezmaba su poder jerárquico sobre los demás pobladores, a favor de otros señores principales. No obstante, las congregaciones hicieron nacer nuevos pueblos o dieron nueva ubicación a pueblos antiguos, propiciaron el crecimiento de pueblos o estancias e incluso algunas estancias se convirtieron en cabeceras de pueblos”.

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En el caso de Chiautla, la congregación parece ser una secuencia de lo existente antes del periodo novohispano, ya que era un pueblo importante de los señoríos de la baja mixteca y probablemente un asentamiento de prácticas religiosas y rituales. Ambas razones, tal vez confluyeron en la decisión de la orden Agustina de iniciar ahí la congregación a sólo dos o tres años de su misión evangelizadora.

Más allá de la conversión religiosa, la política en torno a las congregaciones tuvo un impacto económico inmediato: permitió la dotación de mano de obra barata. El requerimiento de fuerza de trabajo se volvió imperante ante la expansión continúa de los centros mineros, derivada de los hallazgos de yacimientos de metales preciosos, particularmente de plata. En todas las regiones de la Nueva España se mantuvo latente la ambición por encontrar estos yacimientos y no estuvo exenta de coerción, a efecto de que se informara sobre la existencia y la localización de los mismos.

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En el último tercio del siglo XVI (a partir de 1570) ya se había iniciado la explotación de las minas de Tlaucingo, en la Mixteca Poblana y de Huautla, en la Sierra de Morelos; minas que fueron abandonadas en el siglo XVII por su baja productividad. No obstante, la de San Francisco de Huautla, en el siglo XVIII, vuelve a repoblarse y a producir, por el auge internacional del mercado de la plata y en el contexto de las reformas borbónicas.

Coatequitl

El régimen del coatequitl o repartimiento, consistía en que cada comunidad indígena debía destinar semanalmente un grupo de peones para las labores en las minas. Esta cuadrilla de peones debía estar formada hasta por el 4% de los varones aptos para el trabajo en los núcleos poblacionales. En el caso de la población congregada en Chiautla y para la existente en los pueblos de su jurisdicción, esta dotación de mano de obra se dio para las minas de Tlaucingo, Huautla y Taxco.

Al respecto, resulta interesante citar la siguiente ficha del Archivo General de Nación (AGN) que data del año 1589: “Para que los naturales de Chiautla y sus sujetos que acuden a dar servicio a las minas de Tlautzingo, no se les pida más de 77 indios de servicio, que es lo que cabe dar a razón de cuatro por ciento. Po. Chiautla. (AGN/Instituciones Coloniales/Real Audiencia/Indios (058)/ Volumen 4/Expediente 113)”. El dato resulta interesante, pues con base en la estimación del cuatro por ciento, podemos señalar que Chiautla en la última década del siglo XVI, contaba con una población aproximada de 1,900 habitantes; lo que indica la existencia de una congregación respetable en su tamaño.

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A esta porción de la población se le requería básicamente para los infames trabajos de beneficio en los reales mineros, es decir, para la trituración del mineral, para lo cual tenían que repasar con los pies o con la ayuda de los animales el mineral previamente semitriturado y enfrentarse al nocivo azogue o mercurio. Este reclutamiento mediante el coatequitl ocasionaba protestas, ocultamientos y la huida de pobladores por las enfermedades cutáneas y pulmonares como la silicosis, a las que estaban expuestos, debido a que: “Ciertas labores realizadas en el molino obligaba a respirar el aire cargado de mineral de polvo… Los operarios encargados del repaso, o de realizar con sus pies la mezcla del mineral con el azogue (mercurio), también estaban expuestos a graves perjuicios para la salud.”[3]

El reclutamiento mediante el coatequitl era perverso en muchos sentidos: “Si bien (el coatequitl), no podía representa un substituto para la mano de obra del real (minero), sí que implicaba la aportación regular de trabajo a precios estables mínimos… por trabajos de desagüe de las minas, acarreo de mineral y trabajos de beneficio de los metales en las haciendas. Una mano de obra que no podía negociar sus condiciones económica en la prestación de sus servicio y a la que no había que ofrecer ningún partido”4

En una fecha temprana de la época colonial, en 1576, los pobladores de Chiautla ya se habían incorporado al coatequitl y sufrido las injusticias de este sistema de explotación forzosa:

1575:

“Oficios donde se da cuenta de la distribución de indios y sus actividades en minas como la de Tlahucingo donde son maltratados y no les pagan lo que corresponde” (AGN/Instituciones Coloniales/Indiferente Virreinal/Cajas 4000-4999/Caja 4101/Expediente 016 (Indios Caja (4101).

La respuesta del Virrey a esta queja fue la siguiente:

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Octubre 26 de 1575:

“El Virrey don Martín Enríquez: para que se guarde la tasación del pueblo de Chiautla y la justicia no consienta que los indios trabajen sin gratificación. Ciudad de México. (AGN/Instituciones Coloniales/Gobierno Virreinal/General de Parte (051)/Volumen 1/ Expediente 239).

El impacto que tenía la cuota de trabajo para los reales mineros en el núcleo poblacional, por la mortandad y los agravios que resentía la comunidad de Chiautla, originaron desde el un principio protestas por parte de la población indígena:

Septiembre 12 de 1575:

“El Virrey don Martín Enríquez: A pedimento del gobernador y alcaldes del pueblo de Chiautla, sobre el castigos de ciertos indios revoltosos. Ciudad de México” (AGN/Instituciones Coloniales/Gobierno Virreinal/General de Parte (051)/Volumen 1/ Expediente 100)

1591:

“Al Alcalde Mayor para que destierre del pueblo de Chiautla a los indios revoltosos que se encuentren por tiempo de dos años. Puebla. Po. Chiautla”. (AGN/Instituciones Coloniales/Real Audiencia/ Indios (058)/ Contenedor 03/Volumen 5/Expediente 213).

Los diferendos en relación con la tasación del tributo en trabajo continuaron y hace presuponer que la defensa activa provenía de las células constitutivas de la población indígena: los barrios.

Noviembre 24 de 1628:

“Para que el juez repartidor de los barrios de Chiautla informe acerca de lo que piden los naturales de dichos barrios relativo a que no se cobre más servicio personal del que les cabe por tasación. Juris. Puebla, Po. Chiautla”. (AGN/Instituciones Coloniales/Real Audiencia/Indios (058)/Contenedor 06/Volumen 10/Expediente 30). 

El cabildo

El cabildo

El cabildo tuvo su origen en la España medieval, siendo esta una institución popular, que los conquistadores trajeron a América. Este organismo representaba a las comunidades y a diferencia de las otras instancias de gobierno, los naturales elegían a sus miembros, si bien tenían que contar con anuencia de las autoridades civiles y religiosas.

Ante esta explotación inhumana, los pobladores acudían a los cabildos, para expresar sus quejas. Lo cabildos estaban integrados por los gobernadores que regían desde la cabecera y bajo su mando se encontraban los principales que administraban la vida social en los barrios, estancias y pueblos “Los cabildos indígenas constaban de los oficiales de república: el gobernadoryotl o juez-gobernador, alcaldes, regidores y alguacil, conocido más comúnmente como topil”5.

La relación del cabildo con las autoridades del poder central (alcaldes mayores y particularmente con los tenientes y alguaciles) fue sumamente estrecha, de colaboración y de diferendos, debido a que estaban en juego aspectos relacionados con la recaudación de tributos, la congregación y distribución de indios, la administración de los bienes de la comunidad, la vigilancia de la moral pública y privada y la impartición de justicia. Los cabildos, así, tenían que coadyuvar a hacer factible el tributo en trabajo, pero como la máxima instancia de representación de los naturales, no podían dejar de atender los reclamos de los pobladores.

Aun cuando es evidente que existen referencias que hablan de colaboración y de asociación lucrativa de los cabildos con la autoridades centrales y religiosas, existen fichas que hacen notar una defensa activa de los naturales, ante dos fenómenos graves que azotaron a la población: la penuria y la mortalidad; lo que propició que a lo largo de la vida colonial, la población de Chiautla se mantuviera en alrededor de 1900 habitantes, ya que se cuenta con referencias de que en 1767 la misma ascendía a 1930 habitantes y en 1788 a 1875 habitantes6.

Citemos algunos ejemplos de ello:

“Año 1609.

“Real provisión a pedimento de los naturales de este pueblo para que se vuelvan a contar sus habitantes, por haber disminuido en número considerablemente, y nombramiento que para este efecto se hace en Jacobo de Arigón y Zarate. Chiautla de la Sal” (Archivo General de la Nación (AGN)/ Instituciones Coloniales/Real Audiencia/Tierras (110) /Contenedor 1252/Expediente 127/Volumen 2964).

“Septiembre 14 de 1634.

“Para que la justicia y juez repartidor de Chiautla informe sobre lo que piden los naturales de ser reservados de ir al servicio, atento a las enfermedades y hambres que padecen. Chiautla”. (AGN Instituciones Coloniales/Real Audiencia/Indios (058)/Contenedor 07/Expediente 142/Volumen 12).

“27 de Octubre de 1789”

“El Alcalde Mayor de Chiautla, sobre relevo de tributos al Partido de Xolalpa, por las penurias de hambre, peste mortandad y otras calamidades que los han acosado” (AGN/Instituciones Coloniales/Real Hacienda/Tributos (113)/Contenedor 02/Volumen 6/Expediente 7”).

Sobre esta solicitud, se tiene la siguiente respuesta de las autoridades tributarias:

“Enero 7 de 1791”.

“Tributos. Perdona a los indios del Partido de Chiautla de la Sal, y su agregado de Teotlalco y Xolalpan, del pago del tercio de tributo que debían con motivo a el hambre, peste y mortandad que tuvieron” (AGN/Instituciones Coloniales/Gobierno Virreinal/Reales Cédulas Originales y Duplicados (100) Reales Cédulas Originales/ Volumen 148/ Expediente 7).

La explotación e injusticia hacia los pueblos y sus naturales, adquiere una connotación especial en el siglo XVIII y en la primera década del siglo XIX; situación que es difícil de narrar en un poco espacio, razón por la que detengo aquí este capítulo.

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Conclusión

La pobreza y la explotación eran los síntomas de las comunidades encargadas de dotar de sal o de mano de obra a los reales o centros mineros. Así, se fue conformando un entorno regional de pueblos que mantuvieron una posición reivindicativa de sus derechos; convirtiendo a la región en un terreno fértil para la insurgencia.

Citemos algunos de los pueblos obligados al servicio del coatequitl: Chiautla de la Sal, Huhuetlán, Chila de la Sal, Ocotlán, Tzicatlán, Coacalco, Pilcaya, Ixcamilpa, Tepecuacuilco, Jonacatepec, Tetelilla, Axochiapan, Tlalixtac, Jantetelco, Amayuca, Tlayacac, Amacuitlaplico, Chalcatzingo, Jalostoc, Tepaltzingo, Huitzililla y Mitepec.

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Visito con mi padre el Pueblo de Teotlalco, en la Mixteca Poblana. Contemplamos el mural de su Palacio Municipal, es un mapa que indica el tramo de la ruta que va de Teotlalco a Tlaucingo. La toponimia del Pueblo de Teotlalco es alegórica: la “Tierra de Dios”. Y es que Teotlalco era el último remanso, antes de llegar por un camino sinuoso a la tierra rojiza de Tlaucingo, en donde se encontraba una de las primeras minas explotadas en el periodo Novohispano.

1 José Miranda. Evolución Cuantitativa y Desplazamiento de la Población Indígena de Oaxaca. p. 15. ..

[2] Noemí Quezada. Congregaciones de indios y grupos étnicos: el caso del Valle de Toluca y zonas aledañas. p.147 (dicumente en inetrnet).

[3] María Concepción Gavira Márquez. Población y producción en el Real de Minas de Tlalpujahua a mediados del Siglo XVII, p. 9

4 Ernest Sánchez Santiró. Plata y Privilegios. El Real de Minas de Huautla., 1709-1821. p.111.

5 María Teresa Jarquín y Carlos Rejón Peredo. Breve Historia del Estado de México. III. La Época Colonial. La Estructura del Gobierno

6 José Miranda. Op. Cit, p. 7

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