Falta de respeto al Magisterio de la UNAM

By on febrero 7, 2016
docente
  • Se sabe que 80 por ciento de las clases en las facultades están a cargo de maestros interinos que, con 20 años y más de servicio, carecen de contrato fijo y garantías laborales
  • Rector Graue: el envejecimiento de la planta académica es un problema que se necesita resolver
  • La juventud es tiempo más valioso para aprender que para enseñar
  • Maestros jóvenes que con un doctorado exprés –y no por talento excepcional, sino por relaciones de amistad o familia– obtienen un contrato definitivo, y así se les ve profanar las aulas en que antes nos deslumbraron grandes docentes
Infancia y Sociedad

Infancia y Sociedad

Por: Andrea Bárcena

hypatia.alejandria18@gmail.com
La Jornada
La sabiduría es cualidad que se obtiene con estudio y sobre todo con el andar por la vida: Más sabe el diablo por viejo que por diablo, dice el refrán. Sin embargo, los criterios neoliberales desprecian la experiencia y sobrevaloran la juventud; quieren gente joven, sangre nueva, competidora a ultranza; moldeables por la sumisión acrítica a modelos establecidos.

Lo sorprendente es que en la UNAM también se cuecen habas. Desde los tiempos del doctor José Narro, y ahora, al parecer, también con el nuevo rector, doctor Enrique Graue, se tiende a valorar al magisterio de acuerdo con criterios de la empresa privada. Se sabe que 80 por ciento de las clases en las facultades están a cargo de maestros interinos que, con 20 años y más de servicio, carecen de contrato fijo y garantías laborales. Muchos dirigen estupendas tesis que no reciben reconocimiento económico ni de otro tipo; lo hacen más que nada por su compromiso con los alumnos y la propia UNAM.

Según declaraciones del rector Graue, aparecidas en este diario el pasado 11 de enero, el envejecimiento de la planta académica es un problema que se necesita resolver, pero ¿en qué sentido se considera un problema? Con todo respeto, opino que es violento y equívoco referirse a la renovación de la planta académica como si se tratara del parque vehicular o de renovar el mobiliario de la UNAM.

En las más elevadas culturas prehispánicas los niños y los viejos participaban en la toma de decisiones. Los primeros por su intuición virginal, sin prejuicios, y los de más edad por su sabiduría. La juventud es tiempo más valioso para aprender que para enseñar (los Mozart no abundan). En mi segunda carrera universitaria, que acabo de concluir, padecí uno que otro maestro joven que con un doctorado exprés –y no por talento excepcional, sino por relaciones de amistad o familia– obtienen un contrato definitivo, y así se les ve profanar las aulas en que antes nos deslumbraron grandes docentes, como el doctor Adolfo Sánchez Vázquez, quien disfrutó dar clases hasta los últimos días que su edad le permitió.

Estamos frente a un tema que requiere consenso, rigor en el análisis y pulcritud de estrategias, para que la UNAM gane, en vez de perder, al dar preferencia a menores de 39 años y no valorar a los maestros (de entre 40 y 60 o más años), a quienes realmente debemos que la Universidad Nacional sea una de las mejores del mundo.

  • Magnífico artículo. Ojalá lo lean los burócratas universitarios que se instalan permanentemente para cargarle el portafolio al jefe y palmearle la espalda por su “brillantez”. Felicidades a la autora.

  • Y sí, en efecto, Dra. Honoris Causa Andrea Bárcena, las carreras meteóricas ya son una tradición viejísima en la UNAM. Justamente, son los incondicionales que, como usted bien dice, “profanan” las aulas. De esos conocemos muchos y algunos ya están en edad de jubilarse. Así que más bien hagamos frente común a un conjunto de barbaridades que suceden en la UNAM, algunas arteramente parapetadas tras la autonomía universitaria, que en la práctica vemos muchas veces retorcida como autarquía. Esta del Programa para la contratación de “jóvenes” es una de esas barbaridades. Pero… ¿y todas las demáS.

  • Señora Andrea Bárcena, usted debería ser rectora. El Dr. Graue, en lugar de calcar los decires de su antecesor y seguramente de un sector de su séquito en Rectoría, debería ser más fiel a su propio plan de trabajo, donde habla de un sano equilibrio entre elementos maduros y elementos jóvenes en la planta académica de la UNAM. Tal parece que ahora se le están imponiendo esos enemigos de la Universidad. Una cosa es hablar de que los académicos que superan los 70 años, edad establecida en el EPA como límite para ser académicos, son una franja que está aumentando cada vez más. La solución que se le dio con el Programa de Retiro Voluntario fue buena, pero este nefasto sector de las autoridades vio la oportunidad de deshacerse de varias franjas de edad inferiores a los 70 años en las cuales los académicos superan con creces, por sus conocimientos y trayectoria, a una serie de jefecillos universitarios que se ven amenazados con perder sus puestos directivos (de hecho, ya desde antes estuvieron conteniendo durante muchos años las convocatorias de plazas que quedaban vacías por muerte o jubilación). Esa es la situación hablando en plata. Como usted dice, los “jóvenes” ahora contratados (que ni lo son tanto, porque ya tienen hijos y empiezan a peinar canas), han ocasionado muchos trastornos en el seno de las facultades y otras entidades de la UNAM: descuidan el desempeño de sus estudiantes, son inconstantes en las tareas que se les encomiendan, andan tanteando al ensayo y error todo el tiempo, dicen barrabasada y media en sus cátedras, echan por tierra labores que ha tomado años ir consolidando, en fin, un desastre. Pero los únicos que salen beneficiados son, precisamente, esos jefecillos en puestos directivos que festinan haber nulificado la contratación definitiva de aquellos a quienes temen por su trayectoria, por su capacidad y por el dominio de sus especialidades.

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