Chiautla y los pueblos del Sur de Puebla: el preámbulo del Plan de Ayala

By on marzo 17, 2016
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  • “El pasado de los habitantes de esta sierra… resulta crucial para comprender la historia antigua y moderna de México. El maíz cultivable, la escritura numérica y la astronomía mesoamericana, los símbolos del sol y de jaguar (tecuani), echaron sus primeras raíces en la tierra donde se proclamó el Plan de Ayala.
  • Ahí se localizan los tipos de maíz más cercanos a las primeras especies domesticadas por los antiguos pueblos de México.
  • A unos 55 kilómetros (de Ayoxuxtla) se encuentra Teopantecuanitlan; en esa tierra se escribían los números tres mil años antes de la época en que vivimos” (Francisco Pineda Gómez)

Gildardo Cilia López

Gildardo Cilia López

La ideología de los pueblos

La historia escrita sobre las dos grandes revoluciones sociales de México: la de independencia y la mexicana, en muchos sentidos es superficial, porque no reconocen los méritos de los pueblos que hicieron suyas y enarbolaron con gran vigor esas causas. Se olvida que la fortaleza de ambas movilizaciones hubiera sido imposible sin el apoyo de estos pueblos y que sus aportaciones, esfuerzos y sacrificios posibilitaron que el curso de los acontecimientos adquiriera una trascendencia social.

La ideología de los pueblos que le dieron aliento al movimiento zapatista tiene una naturaleza convergente. Coinciden en éstos las expresiones culturales, el respeto por los recursos naturales y un valioso acervo de bienes materiales e intangibles que durante diferentes épocas se generaron, evolucionaron y desarrollaron para conformar un patrimonio cultural único e invaluable. Quien recorre las rutas de los pueblos de los estados de México, Morelos y Puebla, se da cuenta que éstos presentan características que le son comunes, en su estructura y trazo arquitectónicos: que el eje y alma de los pueblos radica en su centro, es decir, en su plaza pública. Es ahí donde la convivencia humana se hace magnificente: la religión y el rito y la fiesta y el jolgorio. Estos pueblos, con diferentes matices, también comparten cuentos, leyendas, mitos, testimonios, música, danzas, costumbres y tradiciones.

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De ningún modo podemos hablar, entonces, de entidades aisladas; por el contrario, estos pueblos han mantenido a lo largo del tiempo vínculos culturales y comerciales profundos e indisolubles. La ruta trazada desde el periodo prehispánico y retomada por la orden agustina y otras mendicantes, que va de Chiautla a la Ciudad de México, permite concebir un sistema que posibilitaba relevos, abastecimientos y postas; en donde a una distancia conveniente se hacia el descanso o la descarga y carga de mercancías para avanzar hacia la gran metrópoli o viceversa, de ésta hacia los diferentes pueblos. De modo que quien recorre “la ruta de los volcanes” y hasta la región mixteca, se va encontrar a una distancia máxima de 10 o 15 kilómetros un Pueblo; ello con independencia de las localidades de menor tamaño y estancias, que se encuentran entre éstos. ¡No!, no existe dispersión geográfica, lo que existe son rutas estratégicamente planeadas en torno a los pueblos; lo que ha propiciado el intercambio de conocimientos, costumbres e ideas, así como nexos de amistad y familiaridad entre los habitantes de los diferentes centros poblacionales.

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Dada esta conexión e interrelación, resulta lógico que se dé una rápida difusión de las noticias a lo largo del camino y que se presenté una reacción inmediata de solidaridad entre los pueblos, cuando los sucesos provienen de una causa justa; tal como aconteció en 1911 cuando los pueblos de Morelos se levantaron en armas para reclamar su derecho de posesión de las tierras, que históricamente les pertenecía y que se les había despojado por los hacendados e ingenios azucareros. Así el movimiento zapatistas encontró eco en todas las comunidades que integran las arterías del Centro Sur del país: se expandió por los estados de Morelos, Puebla y México; por algunas regiones de Guerrero, Oaxaca y Tlaxcala y a los pueblos aledaños de la Ciudad de México como Xochimilco, Tláhuac y Milpa Alta.

Dentro del contexto cultural, sobresalen dos aspectos de particular trascendencia: una ideología volcada hacia lo colectivo o comunal y la identidad asociada a la pertenencia de la tierra. Impera en estos pueblos el bienestar colectivo, sobre el mérito personal, en su caso, éste sólo es reconocido si trae consigo un beneficio palpable a la comunidad. De manera natural el interés personal se articula a las decisiones adoptadas por la comunidad y es ésta la que promueve el esfuerzo y la solidaridad de los individuos; además de cobijarlos en su seno. Por eso todo perjuicio a un miembro de una comunidad, más que como un daño a un particular, se concibe como un atentado contra la propia comunidad. El código moral de los pueblos va más allá de las propias leyes y aún más si existe ineficacia en su aplicación o injusticias en el trato.

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Sí, la gente de nuestros pueblos es más proclive a la solidaridad que a la utilidad individual; aceptan la riqueza de las personas; pero no el abuso, menos el despojo. La riqueza más que un fin, es un medio que sirve para engrandecer el prestigio de los pueblos, sus ferias y sus fiestas; para preservar sus tradiciones y cultura; para rendirle culto al pasado, a sus muertos. Esta percepción del mundo y la riqueza ha sido el límite en la imposición del liberalismo económico: fue lo que marcó el declive de la modernidad porfiriana.

El sentido de pertenencia a la tierra es lo que les ha dado viabilidad a los pueblos; es decir su posibilidad de subsistir. La tierra es la única identidad que se quiere conservar: la huella que persiste; lo que permite encontrar la historia, la genética y la razón de ser de la raza. Por eso, la lucha por la tierra tiene más un trasfondo espiritual que económico; retenerla o, en su caso, recuperarla es para nuestros pueblos el mayor acto de justicia.

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El apoyo de los pueblos del Sur de Puebla

Poco se habla del respaldo y apoyo que recibió el movimiento Zapatista en el Sur de Puebla. Se dice que en los primeros meses de la revolución, Zapata no se sentía seguro en el Estado de Morelos y que por ello avanzó hacia la serranía limítrofe entre Morelos y Puebla; en dónde se encontraban pueblos desguarnecidos y en donde era factible obtener abastecimiento de alimentos, armas y municiones y engrosar a sus filas con más gente. Con mayor énfasis se señala que eran pueblos en donde existían partidarios a la revolución y sobre todo, que eran lugares de difícil acceso.

Conviene hacer dos aclaraciones. Chiautla si era un Pueblo conocido desde la época prehispánica; además durante el periodo colonial se consolidó como un centro de congregación y como un punto de enlace para avanzar del Centro del país hacia los pueblos de Guerrero, hasta llegar a Acapulco; o hacia el contorno litoral del Golfo de México; o hacia Oaxaca y el Sur de México. Segundo, cuando Zapata avanzó y llegó a Chiautla no se encontró con el ejército o las fuerzas federales, pero si con una fuerza pública que fue capaz de hacerle frente. Dicha plaza si era importante y a raíz de la toma de los zapatistas, se generó recurrentemente un despliegue de las fuerzas federales hacia el Pueblo y la región.

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Como resulta lógico, había localidades y estancias de la jurisdicción poco guarnecidas; pero más allá de esa condición, lo que debe resaltarse es que para un movimiento incipiente como lo era el zapatista en 1911, esta era una zona estratégica que por sus relieves permitía ocultarse, contando con puntos de observación; además posibilitaba incursionar hacia el Estado de Morelos o retroceder hacia Puebla o Guerrero entre veredas o haciendo camino en la serranía, entre cerros y cañadas. En realidad ese era el valor inapreciable que tenía la región para el ejército zapatista.

Sin duda Zapata conocía que en esos pueblos, las fuerzas insurgentes, cien años antes, habían encontrado el mejor resguardo; que Morelos en esa región había encontrado la estrategia para arremeter y replegarse repentinamente y avanzar por senderos poco conocidos hacia diferentes regiones del centro y sur del país. Los caminos principales y de herradura, en efecto, eran desconocidos por los adversarios realistas; pero eran bien conocidos por los arrieros y los hombres de los pueblos de quienes Morelos recibió decididamente bastimento y apoyo. También sabía que en el transcurso del siglo XIX otros opositores a los regímenes y los bandoleros huían hacia esos rumbos para perderse de los “rurales” y demás fuerzas del orden que los perseguían. En Santa Ana Tecolapa, a unos 7 o 10 kilómetros de Chiautla, aún se cuenta la leyenda que en una cueva de su cerro emblemático, existe un tesoro que fue ocultado por los “Plateados”.

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Existe una reseña sobre Emiliano y su hermano Eufemio, que señala que en su juventud, también habían encontrado refugio en los pueblos de Puebla:

“Los enfrentamientos entre la gente del pueblo y los empleados de las haciendas eran frecuentes. Cuando Zapata tenía 20 años, abofeteó a un hombre de Coahuixtla, que hacía trampa en el juego y lo había insultado. Entre varios rurales amarraron a Zapata y lo llevaban a encarcelar a Cuautla; pero Eufemio Zapata, su hermano mayor, ahuyentó a los policías con su rifle.

Ambos hermanos se fueron al estado de Puebla. Eufemio a Chiautla, donde se hizo relojero. Emiliano se empleó como arrendador -entrenador- de caballos en la hacienda de Jaltepec, y regresó después de un año a Anenecuilco, ya libre de cargos”1.

Lo cierto es que al adentrarse, entre marzo y abril de 1911, a la región de la Baja Mixteca, Zapata consolidó su posición como líder del movimiento y encontró las fuerzas suficientes para convertirse en un contendiente respetado. Es en Jolalpan, donde Zapata es designado como Jefe de la Revolución del Sur:

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“Siendo las 9 de la mañana del día 25 de marzo de 1911 reunidos en el lugar que ocupa la ayudantía del pueblo de Jolalpan, Pue., los C.C. que por acuerdo de todos los Revolucionarios pasan designados como jefes y oficiales del Ejército Libertador del Sur, en virtud del asesinato del Sr. Prof. Don Pablo Torres Burgos, quien fuera el primer jefe nombrado por el Sr. don Francisco I. Madero.

Lo anterior lo hacemos conscientes de nuestros deberes y con el fin de que el movimiento revolucionario no sea abandonado, recayendo la designación por unanimidad en favor del Sr. don Emiliano Zapata, firmando para constancia todos los que enseguida se nombran”2.

Más tarde en Chiautla, se hace de armas y recibe la adhesión de sus pobladores. De acuerdo con la crónica de viejos zapatista, al tomar esta plaza se hicieron de más de 70 fusiles y un buen acopio de parque. Andreu Almazán, además narra que es ahí donde Emiliano se afianza como Jefe Máximo y único del Ejercito del Sur, al reconciliarse con el viejo caudillo Gabriel Tepepa.

Entre abril y diciembre de 1911, los zapatistas resisten los embates de las fuerzas federales en Morelos y es durante ese periodo que da inició la estrategia de tierra quemada o tierra arrasada emprendida por Victoriano Huerta. El primero de septiembre Chinameca fue atacada por los “colorados” de Federico Morales, mientras que el general Huerta avanzó y tomó la Villa de Ayala. Bajo este embate Zapata huye por los cañaverales y se repliega hacia los pueblos de la Baja Mixteca, en donde considera indispensable reafirmar y difundir la esencia de su causa. Cito a John Womack:

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“En septiembre (de 1911), desde San Juan del Río (aún no sé en dónde se hallaba, por haber muchos San Juanes del Río), un lugar aislado, perdido, estos morelenses le enviaron un memorial al presidente provisional de la república explicando las razones del movimiento al que entonces llamaron su “contrarrevolución3.

Me parece importante precisar que esta localidad desconocida que señala Womack no puede ser otra que la de San Juan de los Ríos, lugar en donde se unen los ríos Poblano y Mixteco, y que forma parte del Municipio de Chiautla, a 22 kilómetros de este Pueblo o Villa. San Juan de los Ríos, es un pequeño poblado que se ubica en la región que fue el último bastión de resistencia de las fuerzas insurgentes encauzadas por Morelos y en donde en 1814 se inició la persecución de Miguel Bravo; quien finalmente fue aprehendido en Ocotlán y victimado en la Ciudad de Puebla. Más allá de lo que pudiese resultar una aclaración, me parece importante destacar la parte sustantiva del documento que señala Womack y que es firmado, entre otros, por Emiliano Zapata: “Que se dé a los pueblos lo que en justicia merecen en cuanto tierras, montes y aguas, que ha sido el origen de la presente contrarrevolución”.

Luego en noviembre de 1911, sobreviene un hecho histórico único, el que le da un contenido social trascendente a la revolución zapatista: el Plan de Ayala, elaborado y firmado en Ayoxuxtla, Puebla. Esto merece un capítulo aparte.

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Reflexiones finales

¿Cómo explicar la adhesión por un movimiento que recién surgía a la luz y cuyo vórtice rápidamente se extendió hacia Chiautla y los pueblos de la Mixteca Baja y algunos colindantes del Estado de Guerrero? Pareciera ser que en los pueblos hubiese surgido espontáneamente un deseo natural de justicia y que esto por sí mismo fuese suficiente para explica la simpatía, solidaridad y adhesión. Sin embargo, creo que todo tiene su origen en la lucha histórica por la tierra; que – como dije- es el concepto convergente en el que se ha fundamentado la identidad, la cohesión y la autonomía de los pueblos respecto a otros poderes que les son extraños. Luchar por la tierra significaba, entonces, reivindicar el pasado: recuperar la libertad, emanciparse de la opresión. ¡Tierra y Libertad!

La lucha de los pueblos de Morelos por la tierra, previo a la revolución de 1910, tenía un origen ancestral y sin duda, se trataban de terrenos fértiles que les fueron despojadas a las comunidades y pueblos originales por las rentas y riquezas que generaban, particularmente, en lo referente a la producción de azúcar. Pero esa lucha por la tierra y por la explotación de los recursos naturales, también se había dado en los pueblos del Sur de Puebla. El de Ocotlán habían sostenido una lucha inveterada por la posesión de los pozos de sal. Otros, como el de Huehuetlán había enfrentado disputas por la posesión y arrendamiento de los terrenos en Tepomaxtla con las autoridades jurisdiccionales y religiosas. También los pobladores de la jurisdicción de Chiautla habían sido víctimas del acasillamiento laboral en los ingenios (sobre este punto hay una referencia particularmente interesante del Ingenio de San Nicolás Tolentino).

Más que espontaneidad, existía en los pueblos de la Baja Mixteca una añeja sed de justicia. La lucha contra los abusos y despojos de tierras y la expropiación de los recursos naturales se había presentado desde el inicio del periodo colonial: remitiendo escritos de queja antes las autoridades virreinales y del México Independientes; llevando a cabo proceso legales o manifestándose valerosamente ante la ineficiencia o los “oídos sordos” de los procuradores de justicia.

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Zapata hizo que reviviera en la conciencia de los pueblos del Sur de Puebla su esencia vindicativa. Él surge de la defensa de las tierras de su pueblo nativo: Anenecuilco. Se sabe que esta defensa y lucha por las tierras, se inició en 1587 y que Zapata al asumir, en 1909, la presidencia del Concejo Municipal de Anenecuilco, recibió documentos recabados del Archivo General de la Nación por hombres de la población en 1853. Se trata, pues, de un líder carismático que es elegido por su Pueblo para defender sus derechos de propiedad y usufructo.

Esa necesidad de reivindicar el derecho sobre la tenencia de las tierras con documentos y registros históricos, se había presentado en todos los pueblos ancestrales, desde la etapa colonial. El de Cohetzala, por ejemplo, – a unos 10 kilómetros de Ayoxuxtla – había conservado mapas (pictogramas) y documentos reales que le permitía reivindicar la propiedad de sus tierras:

“Los habitantes del pueblo de Quezala (Chiautla de la Sal, Puebla), reseñaron las luchas consumadas por su gobernante Quetzaltototl, preocupado por legar a sus vástagos las tierras obtenidas en una fulgurante acción conquistadora: <Aquí en el pueblo de Quezala … para que allí lo vean los que vinieren nuestros hijos … y vieren en donde venció las tierras Quetzaltototl … que ninguno se las quitará a nuestros hijos y nietos … porque todo es del pueblo (de) Quetzaltototl >”4.

La percepción de los hombres de nuestros pueblos no se podía equivocar, Zapata era el líder que reivindicaba también su lucha histórica: el derecho por la posesión de las tierras y los recursos naturales, que se les había conculcado a lo largo de siglos de explotación, marginación y olvido.

1 Guillermo de la Peña. “Nieve en la Cima, Fuego en el Cañaveral”. Monografía estatal. SEP. México 1987. Primera Edición. p. 270

2 Acta de designación de Emiliano Zapata como jefe supremo del movimiento revolucionario del Sur. Jolalpan, Puebla, Marzo 25, 1911.

3 Womack John Jr. El plan de Ayala, en la revista Nexos del 1 de marzo de 1997.

4 Ángel J. García Zambrano. El poblamiento de México en la época de contacto, 1520 – 1540, pp. 246 y 247 (documento en internet).

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