Érika Moreno, la maestra apacible, tratada como criminal

By on abril 19, 2016
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Por Sarelly Martínez

La profesora Érika Moreno esperaba que la jornada de protestas del viernes fuera rápida y pacífica.
Salió, sin desayunar, a las siete de la mañana de su casa, ubicada en el barrio El Último Suspiro de Suchiapa. Poco más de dos horas después había sido gaseada y detenida por la Policía Federal, y por la madrugada del sábado, trasladada, como delincuente de alta peligrosidad, a un penal de Nayarit.
Érika Moreno, de 35 años, no tiene nada que ver, sin embargo, con una delincuente como el gobierno pretende hacerla pasar; es de carácter apacible, profesional, formada en la Universidad Pedagógica Nacional de Tuxtla Gutiérrez, y profesora de la Escuela Primaria Juan de la Barrera de la colonia Los Pájaros desde hace cinco años.
Para ella, como para muchos de sus compañeros, no le fue fácil obtener una plaza; tuvo que cubrir interinatos por más de seis años y después de un examen quedarse con una definitividad como profesora de educación primaria.
En realidad, no está en desacuerdo con las evaluaciones, pero se opone a la reforma educativa por lesiva, mal planeada y por tratarse principalmente de una reforma laboral.
El viernes apenas estaba llegando al lugar en donde iniciarían las protestas cuando una nube de gas lacrimógeno le cegó la vista. No pudo correr. Los policías entonces la detuvieron y la subieron a un camión. No la golpearon, a diferencia de sus compañeros.
Su padre, Javier Moreno Gutiérrez dice que es una injusticia, que no comprende por qué a su hija y a sus compañeras detenidas las trasladaron en menos de 24 horas a un penal federal, y tampoco que no les permitieran hablar con ella.
Por las imágenes que difundió la PGR se enteró que su hija le dieron de comer en el camión que la llevó al aeropuerto, poca antes que la subieran a un avión que la llevó Tepic.
Cree que las cosas que llevaba Érika el día de su detención, como un celular y cartera, no se recuperarán jamás. Y es lo que menos le importa, “sino que regrese y bien, porque existe el riesgo que la quieran desaparecer”, dice.
La madre de Érika está al lado de su esposo. No participa en la plática. Se le ve triste, preocupada y cansada.
No es para menos. A diario ha visto a su hija salir muy temprano de su casa para trasladarse a su trabajo, pero en estos dos días siente su ausencia. Y aunque los compañeros y compañeras de Érika la han visitado y le dicen que pronto saldrá libre, porque no hay delito qué perseguir, ella se mantiene pensativa; pregunta por ratos, a su hija más pequeña, si hay alguna noticia de su hermana.
Pero hasta el momento no hay nada. Solo la certeza de un atropello y una represión injustificada, de violencia institucional desmedida y desbocada.

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