Liderazgo Distribuido: Cambio Cultural para mejorar la Calidad de la Educación

By on diciembre 30, 2016
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La utopía está en el horizonte.
Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá.
¿Entonces para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar.
Eduardo Galeano

napoleon flores martinez

Por: Napoleón Flores Martínez 

La educación pública mexicana enfrenta retos que la llevan a asumirse como promotora de cambio y de transformación social; esto implica una reformulación profunda del modelo escolar 
de cara a las nuevas demandas de la sociedad a la que se debe. En consecuencia, si se quiere mejorar la educación se debe cambiar a las escuelas y, para ello, se necesita contar con personas que ejerzan un liderazgo que impulse, facilite, gestione y coordine los procesos de transformación desde el interior de cada una de ellas.

Con la creación de la Secretaría de Educación Pública (SEP), se difundió la educación a todas las regiones del país y terminó formándose un vasto sistema educativo con una estructura fuertemente centralizada. En este contexto, la escuela se fue arraigando como una organización diseñada para garantizar un control normativo y la previsibilidad de problemas burocrático-administrativos. A la fecha, las ideas y prácticas escolares se encuentran arraigadas en una cultura verticalista que dificulta los intentos por analizar las presiones, demandas y desafíos internos y externos que pueden impulsar iniciativas y cambios para mejorar la calidad educativa. Actualmente, sólo con una profunda transformación de la forma de trabajo en la escuela se le podrá situar como centro del Sistema Educativo Nacional.

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Transformar el trabajo directivo para mejorar la calidad de la educación básica tiene varios significados e implicaciones; se trata de un proceso de cambio a mediano y largo plazo, que tiene que ver con los distintos actores escolares —directivos, docentes, alumnos, padres de familia, supervisores, asesores, personal de apoyo, etc.—. Esto conlleva a crear y consolidar nuevas y distintas formas de hacer, por parte de todos estos actores, que permitan mejorar la eficacia, la eficiencia, la equidad, la pertinencia y la relevancia de la acción educativa.

Transformar el trabajo directivo involucra partir de ciertos cuestionamientos iniciales: ¿Por qué es necesario cambiar el actual modelo de dirección escolar? ¿Cuál modelo de dirección escolar puede contribuir mejor a promover un liderazgo pedagógico en las escuelas? ¿Qué cualidades, actitudes y acciones necesita desarrollar el director para instituir un nuevo modelo de dirección escolar?

Si partimos de que la gestión del director y su estilo de liderazgo son un aspecto clave que determina otros procesos al interior de la escuela, con efectos sobre el rendimiento académico, el impacto que produce el ejercicio del liderazgo en la eficacia educativa en el tradicional modelo de dirección, hace un llamado a ser revisado, abriendo el camino a nuevos enfoques. Es decir, sólo se conseguirán escuelas de más calidad y más equitativas si los directivos se comprometen en la tarea de transformar la cultura de la escuela, trasformación que pasa inevitablemente por una reformulación profunda del modelo de dirección tal y como está planteado en la actualidad. Si queremos otra sociedad, necesitamos otras escuelas, y en consecuencia, también otro modelo de dirección.

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El clima organizacional se vincula con el liderazgo, y el liderazgo con el empoderamiento; hoy se demanda un tipo de organización más flexible, ágil y liviano, en la que sus miembros accedan a mayores niveles de compromiso con los objetivos acordados entre todos; en consecuencia, esto obliga a nuevo modelo de liderazgo educativo. A continuación de manera sucinta se describen cuatro modelos que dado su impacto son necesario considerar.

El liderazgo situacional es un estilo de liderazgo que se ha desarrollado y estudiado por Kenneth Blanchard y Paul Hersey; en este modelo le corresponde al líder cambiar su estilo, no al seguidor adaptarse al estilo del líder; por lo tanto, el estilo del líder puede cambiar continuamente para satisfacer las necesidades de los demás en la organización en función de la situación.

En 1978 y en el contexto de los movimientos políticos y sociales, James Mac Gregor Burns, estableció los conceptos de liderazgo transaccional y transformacional. En cuanto al liderazgo transaccional o institucional este tiene como base el intercambio; el trabajador ofrece sus servicios y obtiene por ello beneficios, el líder reconoce qué quiere conseguir y facilita a los trabajadores los recursos necesarios para hacer que lo consigan (se centra en el desempeño del grupo). El líder promueve el cumplimiento de sus seguidores a través de intereses y recompensas y éstos responden con su trabajo.

El liderazgo transformacional o carismático es ostentado por aquellos individuos con una fuerte visión y personalidad, gracias a la cual son capaces de cambiar las expectativas, percepciones y motivaciones, así como liderar el cambio dentro de una  organización. Se logra cuando los líderes y seguidores trabajan juntos para avanzar a un nivel superior de moral y motivación; se trata de un empuje más motivador y próximo al trabajador y de un ejercicio más importante en la transmisión de los objetivos de la organización.

Por último, Autores como Gronn (2003), Spillane (2006) y Harris (2009; 2012), con perspectivas conceptuales diferentes, pero con focos tanto en la práctica del liderazgo como en la atención a otros actores influyentes en las decisiones escolares, buscan comprender el liderazgo distribuido; el cual hace referencia al hecho del liderazgo compartido o repartido, como alude a la naturaleza misma del fenómeno que es inequívocamente social; es decir, es algo que tiene lugar entre los líderes, así como entre éstos y los seguidores.

El liderazgo distribuido representa un cambio que revoluciona la cultura de la escuela, desarrollando procesos de participación, democratización y corresponsabilidad de los resultados escolares, entendidos estos como el desarrollo de toda la comunidad escolar; en este modelo de liderazgo la mejora se logra en la medida en que se realiza una acción conjunta, ya que debe existir sinergia en las acciones que se establecen como necesarias, con lo cual es vital la generación de equipos de trabajo que no compitan entre sí, sino que se dispongan a desarrollar tareas que los conduzca hacia un fin compartido.

Para el logro de las prácticas compartidas por los miembros del equipo, el liderazgo distribuido proporciona la articulación necesaria para conectar las prácticas de los miembros de la organización y, en consecuencia, para el aprendizaje y la creación de un conocimiento genuinamente organizativo, puesto que, bajo condiciones favorables, los grupos y las organizaciones pueden auto organizarse y ajustar el comportamiento colectivo al entorno.

En síntesis, el liderazgo distribuido puede contribuir a conformar organizaciones flexibles con estructuras fluidas y orgánicas, es decir, metabolismos más que estructuras. La meta: más liderazgo distribuido y menos liderazgo directivo.

Bibliografía
  • Labrín, K. (2014). Prácticas que configuran un liderazgo distribuido en un Liceo Politécnico en la Comuna de San Miguel.Tesis para optar al grado de Magister en Educación. FLACSO: Santiago de Chile.
  • Sánchez-Moreno, M., & Hernández-Castilla, R. (2014). Otros tiempos, nuevas visiones del liderazgo educativo. Revista Iberoamericana sobre Calidad, Eficacia y Cambio en Educación.
  • Torrecilla, F. J. M. (2006). Una dirección escolar para el cambio: del liderazgo transformacional al liderazgo distribuido.  Revista Iberoamericana sobre Calidad, Eficacia y Cambio en Educación.
  • Vázquez, R. (2006).Habilidades Directivas y Técnicas de Liderazgo, su aplicación en la gestión de técnicas para el trabajo. España: Ideas propias.

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