La Educación Inclusiva una tarea pendiente

By on diciembre 31, 2016
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napoleon flores martinez

Por: Adolfo Napoleón Flores Martínez

Para poder establecer qué es y por qué resulta necesario contar con una educación inclusiva, primero se debe tener en claro que la sociedad es diversa y compleja de siempre; dicha diversidad y complejidad ha estado marcada por diferencias de género, preferencia sexual, edad, condición económica, social, cultural, capacidades diferenciadas, creencias religiosas, posturas político-partidistas, etc. Y es precisamente esta diversidad y complejidad, la que acentuando prácticas que socialmente se han ido aceptando y que implican la exclusión de aquellos individuos considerados menos aptos o diferentes, a grado tal que se les excluye y margina.

En el ámbito educativo, las escuelas para alumnos “normales”, tradicionalmente se dividieron en dos grandes bloques; unas, las escuelas de “prestigio”, tuvieron un carácter selectivo, ya que en ellas los alumnos debían cumplir con ciertas normas esperadas de aprendizaje y conducta, de tal forma que aquellos alumnos que no se podían adaptar a esas pautas eran “rechazados” y mandados a otras, las escuelas de “mala fama”, donde se aceptaba a la mayoría de los alumnos, incluidos desde luego a los de bajo rendimiento escolar y “mala conducta”. Marcando con esto exclusión y profundas diferencias al asistir a una determinada escuela.

Escuelas jodidas

Pero se debe resaltar que ambas escuelas, las de “prestigio” y las de “mala fama”, sólo aceptaban a los alumnos que consideraban dentro de los parámetros considerados “normales”; los otros, y por tanto diferentes, debían ser atendidos por instituciones de educación especial; marcando con esto exclusión y marginación. Ya que cualquier tipo de discapacidad o de diferencia era motivo para rechazar a estos alumnos de estas escuelas. De esta forma, inicialmente las instituciones de educación especial se pensaron para alumnos con alguna discapacidad, dedicándose a atender a estudiantes con deficiencias sensoriales (visuales y auditivas), con problemas físicos, mentales, intelectuales, etc.

En este mismo sentido, algunas escuelas también cerraban sus puertas a los alumnos indígenas por el solo hecho de pertenecer a algún pueblo originario; incluso a los adolescentes con rezago educativo se les enviaba a escuelas para adultos, y si una alumna estaba embarazada, se le expulsaba del plantel o no se le permitía asistir a clases.

Actualmente, estas situaciones empiezan a cambiar al existir una mayor apertura de la sociedad y, particularmente de las políticas educativas, que se ven reflejadas en las escuelas, para aceptar a todos estos alumnos excluidos. Afortunadamente, autoridades educativas, directivos y docentes se están involucrando cada vez más en consolidar una escuela incluyente, abierta a los niños, niñas y jóvenes sin importar sus características específicas, ni sus cualidades personales o su pertenencia a un determinado grupo social, económico o cultural; enfocándose en la razón misma de la enseñanza al ofrecer una educación justa y equitativa en la que aquellos que tienen más dificultades para aprender encuentren los recursos, los apoyos necesarios y, sobre todo, el compromiso colectivo para lograrlo.

Como referente se encuentra la Organización de las Naciones Unidas para la Educación la Ciencia y la Cultura (UNESCO, 2003), que define a la educación inclusiva como:

La educación que implica que todos los jóvenes y adultos de una determinada comunidad aprendan juntos independientemente de su origen, sus condiciones personales, sociales o culturales, incluidos aquellos que presentan cualquier problema de aprendizaje o discapacidad […] En la escuela inclusiva todos los alumnos se benefician de una enseñanza adaptada a sus necesidades y no sólo los que presentan necesidades educativas especiales.

Con base en esta puntual apreciación, a la educación inclusiva se le debe entender como un proceso escolarizado en donde se toma en cuenta la diversidad de necesidades de todos los estudiantes, a partir de estrategias enfocadas en responder a ellas mediante una participación creciente en el aprendizaje, las culturas, las colectividades y la reducción de la exclusión que se presenta diariamente por inercia en la educación escolarizada; entendida así, la educación inclusiva implica que todos los niños y jóvenes aprendan juntos independientemente de sus condiciones personales, sociales o culturales.

castigos en las escuelas a veces son necesarios

Alcanzar una educación inclusiva permitirá no sólo identificar sino, además, eliminar las barreras presentes en los diversos contextos educativos para impulsar la participación y el aprendizaje de todos y todas a través de la reconstrucción de políticas, culturas y prácticas de la escuela y del aula con la intención de asumir la centralidad del aprendizaje en una Escuela para Todos. En este sentido, una educación inclusiva entendida como proceso, implica contar con varios indicadores para llevarla a cabo:

  • Identificar y eliminar barreras de los contextos escolar, áulico y familiar. A través de la planeación estratégica se deben impulsar iniciativas en la escuela y el aula, para fortalecer el aprendizaje y la participación de todos los alumnos y alumnas, así como de los propios docentes y las familias.
  • Impulsar la participación. 
Todos los alumnos y alumnas, sea cual sea su condición, se deben educar juntos en la escuela de su comunidad; participando sin discriminaciones, del currículo y de las actividades educativas.
  • Centralidad en el aprendizaje. Implica la responsabilidad profesional de todos los docentes y directivos para realizar el seguimiento de sus logros, así como las acciones necesarias para garantizar su asistencia, participación y egreso exitoso de la educación básica; reconociendo a la escuela como un lugar idóneo donde los alumnos simultáneamente aprendan la cultura, aprendan con otros y aprendan consigo mismos.

Pero para poder lograr impactar en los indicadores de una educación inclusiva, esto sólo será posible con la participación de todos y cada uno de los siguientes actores, quienes se comprometen, a:

  • Alumnos y alumnos. Respetar y valorar las condiciones personales de sus compañeros; reconocer que la diversidad es un medio para aprender a ser y a vivir juntos; comprender y aprovechar sus diferencias individuales; construir y reafirmar su propia identidad y posibilitar las condiciones para distinguirse de los otros; preocuparse por los demás y responsabilizarse de ellos mismos; sentirse valorados y acogidos;
adquirir y desarrollar competencias que les permitan materializar su proyecto de vida.
  • Responsabilizarse de que todos y cada uno de sus alumnos se sientan acogidos y seguros; reconocer y valorar la diversidad como fuente de enriquecimiento del currículo; orientar a los alumnos y a las alumnas para que comprendan y aprovechen sus diferencias individuales; crear situaciones pedagógicas que favorezcan el aprendizaje y la participación de todos desde la perspectiva del desarrollo de competencias;
promover situaciones de aprendizaje fundamentadas en el modelo social de la discapacidad y en la atención de las dificultades educativas; promover y facilitar la creación de redes de apoyo, el desarrollo y adquisición de valores, los sentimientos de pertenencia al grupo, de autoestima, así como formas de convivencia basadas en el pluralismo, el entendimiento mutuo y las relaciones democráticas; desarrollar sus competencias docentes; trabajar en colaboración para la disminución o eliminación de barreras para el aprendizaje y la 
participación.
  • Coordinar el análisis de los contextos y de las dimensiones de la gestión escolar y pedagógica para la identificación de barreras para el aprendizaje y la participación; colocar en el centro de su Ruta de Mejora (planeación estratégica) el desarrollo de políticas, culturas y prácticas que se manifiesten en la gestión y el logro educativo; motivar y orientar los procesos educativos para favorecer los aprendizajes y la participación de todos los alumnos al lograr reducir o eliminar las barreras presentes en cada contexto; promover la creación de una comunidad escolar segura, acogedora, colaborativa y estimulante, en la que cada uno sea valorado; incentivar la profesionalización y la cooperación profesional para la mejora de la enseñanza; disponer de los recursos humanos, técnicos y materiales en beneficio de todos; compartir el liderazgo de manera democrática.
  • Participar de los procesos educativos de sus hijos a través de un diálogo democrático y una vinculación estrecha con la escuela y los docentes; comprometerse a difundir en la comunidad los valores inclusivos de la escuela; crear condiciones familiares que enriquezcan el desarrollo de competencias en sus hijos e hijas.
  • Implantar políticas que faciliten y garanticen el acceso y permanencia de todos los alumnos y las alumnas, asumiendo que es cuestión de justicia e igualdad, constituyendo un impulso fundamental para avanzar en la agenda de educación para todos; concretar el derecho a una educación de calidad para todos; compartir en colectivo una visión diferente de la educación basada en la diversidad, enfatizando una educación que valore y respete las diferencias, viéndolas como una oportunidad para 
optimizar el desarrollo personal y social y para enriquecer los procesos de enseñanza y aprendizaje; modificar y adecuar la infraestructura de las escuelas; dinamizar la organización de la escuela y del aula; crear comunidades donde todos aprendan (alumnos, maestros, familias y autoridades); generalizar la idea de que todos los niños, las niñas y los jóvenes pertenecen al grupo y pueden aprender en la 
vida normal de la escuela y de la comunidad; fomentar valores de respeto hacia la diversidad; hacer uso de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC ) para el aprendizaje de 
todos. Las familias y la comunidad colaboran en el logro de los objetivos de la planeación estratégica.

escuelas luz

En lo correspondiente a la participación de los equipos de supervisión su Plan estratégico de intervención se debe enfocar en la promoción y generación de condiciones para una lograr que cada todos y cada uno de los centros escolares de su zona sean considerados como escuelas inclusivas; que respondan a un modelo de escuela abierta a todos los que demandan educación, en donde no existan requisitos para ser aceptados, ni mecanismos de selección o discriminación de ningún tipo.

Uno de tantos retos, es lograr que las escuelas comprendan que sus principios se deben fundamentar en acciones concretas que permitan hacer realmente efectivos los derechos de los alumnos a la educación, a la igualdad de oportunidades y a la participación. Llegando a constituirse en escuelas abiertas, flexibles, acogedoras y receptoras de todos los que desean tener una educación de calidad, una formación para la vida y para la convivencia en democracia. Escuelas que practiquen cotidianamente los valores humanos sin matices de racismo, discriminación o exclusión de ninguna índole.

Escuelas con espacios áulicos, que para atender educativamente a la diversidad, que diseñen en colectivo procesos y estrategias diversificadas; cuidando que este diseño y su desarrollo se oriente hacia una pedagogía comprometida en atender los requerimientos de todo el alumnado, alejándose de toda pedagogía tradicionalista promotora de exclusión.

Escuelas con docentes que implementen estrategias diversificadas orientadas a una enseñanza creativa, que enriquezca las experiencias pedagógicas, favoreciendo el desarrollo y adquisición de competencias en los diferentes campos de formación del currículo de Educación Básica. Donde se potencien e innoven las propuestas metodológicas y estrategias didácticas (secuencias didácticas, situaciones didácticas, proyectos didácticos o unidades didácticas); el uso de los materiales y recursos; el uso eficaz y eficiente de los tiempos; las formas de organización, integración e interacción entre alumnos, y entre alumnos y maestro; así como el uso inteligente de los diversos espacios áulicos.

En este sentido, el Supervisor y los Jefes de enseñanza deben capacitar, asesorar, y tutorar a los directivos y docentes en el empleo adecuado de estrategias diversificadas que prioricen el aprendizaje de manera organizada y flexible a partir de reconocer que no todos aprenden de la misma manera ni a la misma velocidad, ni de acuerdo con las mismas estrategias; destacando que el objetivo de la enseñanza no sólo es cumplir con una planeación de aula sino asegurar el desarrollo de competencias en todo el alumnado.

En correspondencia a este último punto, se hace indispensable reconocer los diferentes niveles de competencias de los alumnos y las alumnas, así como sus estilos y ritmos de aprendizaje, de modo que sean sus conocimientos previos el punto de partida para el diseño de actividades diferenciadas que respondan a sus distintos niveles de competencia. Ya que será a partir de esta diferenciación que se pueda hacer el diseño de actividades para abordar los mismos contenidos en diferentes niveles de complejidad, determinando el producto que se obtendrá de cada uno en función de los aprendizajes esperados y diversificar las formas de evaluar desde una perspectiva formativa.

Todo ello, con el propósito de lograr que cada experiencia pedagógica para los alumnos represente la oportunidad para que todos y cada uno de ellos ponga en juego sus competencias al lograr que la tarea de aprender sea atractiva y retadora; sin que necesariamente se encuentren obligados a realizar lo mismo, con los mismos materiales y al mismo tiempo. Ajustando la atención de necesidades de aprendizaje asociadas a las diferentes discapacidades cuyo principal objetivo sea potenciar el aprender y el participar de las oportunidades que brinda la educación básica. El tarea es ardua, pero con corresponsabilidad y con un cambio de actitud de todos se puede lograr.

Bibliografía:
  • Moliner, G. O. (2008).  Condiciones, Procesos y Circunstancias que permiten avanzar hacia la  Inclusión Educativa: Retomando las aportaciones de la experiencia canadiense. REICE – Revista Electrónica Iberoamericana sobre Calidad, Eficacia y Cambio en Educación. Vol. 6, No. 2. Disponible en: https://repositorio.uam.es/bitstream/handle/10486/661085/REICE_6_2_4.pdf?sequence=1
  • Sánchez, R. Norma.(2012). El Currículo de la Educación Básica en México: Un proyecto educativo flexible para la atención a la diversidad y el fortalecimiento de la sociedad democrática. Revista Iberoamericana sobre Calidad, Eficacia y Cambio en Educación, vol. 10, núm. 4, , pp. 149-163. Disponible en: http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=5512484101
  • Organización de las Naciones Unidas para la Educación la Ciencia y la Cultura. (1990). Declaración mundial de la educación para todos. París, UNESCO .

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