El vínculo madre e hijo

By on mayo 10, 2017
madre

Por: Alma Dzib Goodin*

El innegable vínculo madre e hijo se ha estudiado desde numerosas perspectivas, por ejemplo, se puede analizar desde el punto de vista genético, pues no hay duda que nuestra información genética tiene al menos el 50% de las bondades maternas, aunque esto puede ser relativo en términos familiares. Si el niño presenta habilidades sobresalientes, se deben por supuesto a la aportación genética de la madre, pero si presenta dificultades, por supuesto se deben al linaje paterno.
Otro análisis que se ha realizado son los efectos a nivel epigenético, que implica las variaciones genéticas debidas al ambiente y que se pueden pasar de generación en generación. En este sentido existen por lo menos dos líneas de investigación que muestran que las madres que sufrieron durante el holocausto situaciones que las llevaron a la desnutrición, ajustaron su respuesta a una baja ingesta calórica, lo cual han heredado a sus hijos.
La otra línea de exploración se lleva a cabo a alrededor de las madres que se encontraban en el primer trimestre de embarazo durante los ataques del 11 de septiembre de 2011 en la ciudad de Nueva York. Se encuentra que la respuesta ante el estrés de estas madres coincide con las de sus hijos, lo cual muestra que el vínculo es muy fuerte incluso en aspectos ambientales que marcan respuestas aún si las situaciones no son extremas como las vividas por sus madres.
A nivel escolar, sin duda debemos mucho a la respuesta de las madres ante el desempeño de los hijos, de este modo se pueden caracterizar a distintos tipos de madres que crean distintos tipos de estudiantes. No debemos olvidar que los primeros años de moldeamiento son clave para los años posteriores. Una madre que lee mucho, sin duda obsequiará ese gusto a sus vástagos, y que una familia con hábitos o sin ellos, marcarán la pauta de conducta futura.
En este sentido, quizá el primer tipo de madre que surge al ojo público y que se hace claro en el ambiente escolar, es la madre consentidora, aquella que no sabe decir no a las solicitudes del niño. Esta madre sufre del dilema de emitir una negativa firme y clara, o someterse a los berrinches de su pequeño encanto. El resultado, el hijo amado se convierte en un pequeño tirano, y la mamá realiza con diligencia todas las tareas escolares, pues por supuesto, su máximo orgullo es ver que su peque es el mejor de la clase. Todo a costa de su angustia y sus desvelos. Sin duda su herencia se volverá cada vez más clara y los efectos a largo plazo se harán intolerables no solo para ella, sino para quienes les rodean.
El otro tipo de madre es muy controlador, madres que están al tanto de cada tarea, que conocen a cada uno de los compañeros de sus hijos, a quienes les dicen quien puede y no estar en contacto con ellos. Solicitan constantes reuniones con el profesorado, y no soportan que sus hijos sean ninguneados. Muchas de ellas se vuelven parte activa de las actividades escolares, llaman a otras madres para pedir las tareas a horas malsanas y revisan cada punto, coma y nota en los cuadernos. No consienten un error y están constantemente sobre los niños, asfixiando cada célula que pudiera sentir un poco de gozo por la escuela.
En el lado opuesto, se pueden encontrar las madres que ignoran a los infantes, aquellas que parecen dejar en libertad extrema a sus hijos, que miran con desdén las notas de los maestros, y pedirán no ser molestadas con reportes que no tengan que ver con las calificaciones. Pueden aparentar que lo único importante es asistir a la escuela y sobrevivir a ella, desconociendo los comentarios ya sean buenos o malos del desempeño de sus hijos, pero en realidad, están preocupadas porque ellos encuentren su propio camino en la vida.
Hay un cuarto grupo, aquellas madres que buscan apoyos para sus hijos, aceptando que no tienen tiempo o que no son capaces ellas mismas de estar con ellos en los pasos que han de dar, son madres tranquilas, pero prestas a indicar lo que se ha de hacer y cómo. Son madres educadoras al mismo tiempo que permiten que uno cometa errores, pero que sin recriminar, están ahí para levantar los pedazos después de un encontronazo con el fracaso.
Sé que muchos se verán reflejados en estos grupos, y que sin duda hay más, pero por falta de espacio no se pueden caracterizar a cada una de las estrategias que las madres diseñan, inventan o copian para que cada uno de nosotros seamos personas de éxito. La realidad es que no existe una receta o un manual de cómo ser madre y sobrevivir en el proceso.
Seamos honestos, el trabajo más complicado es el ser madre, y en algún momento de nuestra vidas, a veces más tarde o más temprano, debemos admitir que ellas son el invento más genial del universo, cuando hablamos de aprendizaje.
En ocasiones, tenemos en extraño honor de cuidar de ellas cuando sus fuerzas se ven limitadas, la vida me ha dado ese privilegio, y es extraño intentar enseñarle a mi madre lo que ella con tanto amor me inculcó. Ahora sé que abrochar los zapatos no es cosa de una lección, que no se aprende a amar la naturaleza en una tarde, que no es posible convencer a alguien de comer, solo porque un libro dice que los aminoácidos se obtienen de los alimentos. Definitivamente, no existe una sola madre que diga que es perfecta para todo, eventualmente el cansancio les hace olvidar algo, o queman la comida, meten, vierten blanqueador sobre la ropa de color, pero aún eso, las hace maravillosas.

*Directora del Learning & Neuro-Development Research Center, USA. alma@almadzib.com

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