Cada vez más años y más costosos

By on junio 13, 2017
educación

Por: Luis Rodolfo Morán Quiroz*

*Doctor en Ciencias Sociales.

Profesor del Departamento de Sociología del CUCSH de la UdeG.

rmoranq@gmail.com

“En mis tiempos apenas alcanzábamos a estudiar algunos años de la primaria y si alguien llegaba a sexto ya era mucho”, me contó alguna vez un anciano en un centro de atención a personas de la tercera edad.

Efectivamente, mi padre emigró de su Lagos natal para poder cursar la preparatoria en Guadalajara, mientras que una tía materna fue parte de la primera generación del bachillerato en Ciudad Juárez, antes de viajar al sur para inscribirse en la universidad. Lo que habla que en menos de un siglo la educación en México ha aumentado en alcance y en duración. Mientras que al terminar la revolución eran pocos los que lograban estudiar alguna profesión y, de ellos, una buena proporción lo lograban por haberlo hecho en el extranjero, en esta segunda década del siglo XXI son cientos las opciones de estudio profesional en licenciatura y en posgrado.
Esta multiplicación de carreras profesionales ha requerido de un enorme costo social. Es verdad que vemos las consecuencias de esa educación y de una alfabetización casi plena en nuestro país. No obstante, son todavía escasas las personas que juzgan prudente, rentable o deseable ejercer sus profesiones fuera de las grandes ciudades o fuera de las profesiones de mayor prestigio (o desprestigio, según se las vea). Cada vez se amplía más la cobertura de la educación en nuestro país y ya no es tan frecuente que sea una obligación emigrar para poder avanzar en los estudios y acceder a otros ámbitos de preparación profesional.
El aumento en la cantidad de años que se requieren en México para acceder a un trabajo calificado es notable y significa que nuestros estudiantes son educados cada vez más años en especialidades que en generalidades. Que los docentes nos hemos profesionalizado cada vez más y que la educación misma constituye un importante nicho laboral. Es probable que en unos cuantos años más las profesiones sean el mínimo básico, a pesar de que existen todavía importantes contrastes en algunos sectores de la población que todavía no tienen acceso a la educación básica y a otros servicios socialmente indispensables.
Y para resolver esos rezagos habrá que estudiar cada vez más y mejor. Porque cuesta cada vez más tiempo y dinero para los profesionistas del futuro el poder prepararse y actualizarse adecuadamente. No estamos lejos de que para ser docente en el nivel univrsitario sea menester contar con dos o más doctorados y demostrar que se manejan sus disciplinas y áreas de aplicación con la solidez, rigurosidad y dinamismo adecuados.
En meses recientes se ha hablado de las enormes deudas que asumen los estudiantes de las universidades en los países desarrollados para poder formarse y aspirar a una profesión y aun espacio laboral digno. Que compense el haberse quemado las pestañas. Y que compense también los enormes préstamos financieros que asumieron ante instancias públicas y privadas para poder dedicar tiempo al estudio que tendrá efectos profesionales, personales y sociales de gran impacto. Estas deudas, por más que parecerían haberse contraído para satisfacer un afán personal o familiar, son también reflejo del enorme impacto que tiene la educación en nuestra sociedad. Nos cuesta educarnos y educar a otros. Y eso implica costos y beneficios (no siempre tan evidentes) para las sociedades en las que se impulsa y aprovecha la educación básica, profesional y de posgrado.

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