El nuevo rol docente y las instituciones que lo (debieran) formar

By on junio 13, 2017
estudiantes

Por: Andrea Ramírez Barajas*

*Doctora en educación y consultora independiente.

andrearamirez1970@hotmail.com

Recién acabo de asistir hace unos días a un Seminario internacional acerca del Rol docente del siglo XXI. Retos, desafíos, oportunidades. Dicho seminario trataba de que todos los asistentes llevaran algún escrito para animar el diálogo y las conversaciones, dicho escrito podría ser un reporte de investigación, un ensayo, una propuesta de acción o un documento en donde se analice la política educativa.

Me llamó la atención la forma de cómo es visto nuestro país a partir de los ojos de afuera. Los cuestionamientos que se me hacían tenían que ver con el rumbo de la reforma. Los colegas del exterior conocen las aportaciones de la escuela rural mexicana, del cardenismo, de la vocación social de los educadores mexicanos y entonces la pregunta obligada es ¿qué está pasando ahora, hacia dónde se dirige la formación y las intenciones de conformar un nuevo rol docente?
En mi trabajo planteaba esta ruptura, efectivamente yo reconozco junto con muchos colegas que han trabajado en tema en México, que a los nuevos docentes en nuestro país se les está formando sin claridad en los rasgos de identidad de cómo queremos que sean y sin claridad en cuanto al espectro profesional de lo que ineludiblemente queremos que sepan hacer.
El discurso que proviene de la política educativa, cobija o encierra una aspiración definida a partir del deseo de mejorar la calidad en el servicio, sin embargo, tanto en el plano del discurso como en lo mediaciones no existe claridad de cuando se habla de mejorar la calidad, qué es lo que realmente se quiere y junto a ello, definir el cómo lograrlo.
Estamos entrando a un escenario donde comenzamos a borrar y queremos olvidar, los aportes y la herencia en cuanto a formación y rol docente que vienen del pasado. Básicamente dicho aporte se sintetiza en tres grandes cualidades:

a) Se tiene claridad en la vocación docente, es decir, los educadores tienen claro que tienen que hacer y se empeñan en lograrlo.
b) Debido al origen ligado a la pobreza, los educadores tienen un compromiso social, ligado a defender, encabezar o apoyar las luchas de los pueblos y las comunidades y lo asumen con congruencia la gran mayoría. En este plano no queda disociada la tarea educativa con el compromiso y la lucha social.
c) Se comienzan a evidenciar los primeros embriones que apuntan hacia la adquisición de una habilidad ligada con la reflexión de las prácticas, con la reflexión de lo que se hace dentro y fuera de los espacios escolares y una tendencia hacia la intelectualización de la tarea docente. En este punto hay algunas vertientes y muchas propuestas, todas ligadas o pensadas a mejorar el estatus y el nivel profesional de los educadores.

Mi preocupación central reside que en este momento no existe claridad ni en el terreno de la política ni tampoco de los círculos académicos y aquí incluye a las universidades en darle claridad al nuevo rol docente.
En la modesta propuesta que he elaborado se trataría de volver a vocacionar a los educadores, pero a partir de engarzar todo ello con la clave actual de reformas y avances tecnológicos. Los nuevos docentes en México deben formarse mirando sus orígenes y los fundamentos, escribiendo una narrativa significativa de su propia trayectoria y haciendo acotamientos en cuanto al compromiso profesional de donde se pretende incursionar profesionalmente. No encuentro otras propuestas ni tampoco mejores salidas al respeto. El nuevo rol docente amalgama pasado con futuro en un presente lleno de retos y de propuestas para la acción y la participación colectiva.

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