El doloroso proceso de la titulación

By on enero 16, 2018
estudiantes
  • ¿Es problema del alumno?, no… es la vergüenza de un sistema educativo incapaz de lograr que los alumnos aprendan lo básico, ya no digamos a nivel ciencia, ingeniería o humanidades, con básico me refiero a leer y escribir

Por: Alma Dzib Goodin*

Se define al proceso de titulación como el procedimiento mediante el cual el estudiante de cualquier licenciatura, maestría o doctorado de un programa universitario, obtiene el título que acredita su carácter de profesionista.
En términos generales es un proceso académico-administrativo, en el cual se concreta, desarrolla y se entrega un producto específico que cumpla con los estándares propuestos por la institución. Con la única excepción del examen general de conocimientos, modalidad en la cual los aspirantes deben aprobar un examen específicamente diseñado por la institución.
La forma tradicional en la mayoría de las instituciones universitarias, es por medio de una tesis o tesina que es un escrito cuya meta es que el sustentante puntualice, desarrolle y concluya un producto que beneficie a una comunidad o a la ciencia, mostrando cualidades de análisis, síntesis y capacidad de determinar problemas y resolverlos de una forma novedosa o eficiente.
Suena simple ¿no?, finalmente ha pasado entre 4 a 5 años en las aulas universitarias preparándose para el gran momento. Es el pináculo de tantos años en las aulas, ¿quién no sabe leer o escribir?, después de todo, ha pasado al menos un año en el jardín de niños, 6 en la primaria, 3 en la secundaria, 3 en la enseñanza media superior y 4 o 5 en la Universidad… escribir algo que tenga sentido no debería ser gran problema, ¿o sí?
En promedio, un estudiante de licenciatura tarda un año, 12 meses, 365 días en lograr escribir algo que puede al menos ser leído. En otros casos el tiempo para titularse ha sido de hasta 7 años… ¡7 años!, de una licenciatura que requirió 4 años. ¡Si ya sé, culpemos al estudiante!, es flojo, no entiende, no cumple con las reuniones, no lee…
¿En serio? podemos culpar al estudiante que ha cumplido con todos los requisitos para concluir sus estudios en la forma en que se le solicitó y ahora le decimos básicamente que es incapaz de cerrar su ciclo académico.
Debería darnos vergüenza encontrar alumnos que no saben leer y escribir, que no entienden metodología básica, que no pueden ligar dos ideas, que no son capaces de hacer análisis estadísticos, entender matemática básica o conducir un experimento. ¿por qué?, porque eso implica que el sistema no les dejó absolutamente nada y, ahora este alumno, está creyendo que tiene la capacidad de hacer algo en el mundo real.
Ha pasado los mejores años de su vida en espacios artificiales y ahora le decimos que no aprendió lo mínimo. ¿Qué somos?
Está bien, culpemos a los asesores, que hacen dar vueltas y vueltas a los alumnos, especialmente los varones hacen que las alumnas se presenten en sus oficinas suplicando un minuto de su apreciado tiempo, mismo que no es empleado para avanzar proyectos, sino para mirar su escote. Los predadores no existen sólo en Hollywood, ¡están en los espacios universitarios!
Cuando dirigí la comisión de titulación de una institución educativa pública, descubrí una estrategia simple, que desafortunadamente no agradó al cuerpo académico. ¡Es tan simple que da risa!… simplemente le dedicaba una hora a los estudiantes o asesores a quienes identificábamos con problemas metodológicos o de integración de la información.
Esos 60 minutos, los empleábamos en ir punto por punto en cada uno de los problemas y les daba una semana para que corrigieran. Si tenían más preguntas, podían enviarme un mensaje electrónico con la pregunta especifica, no había charlas vanas, no había preguntas tontas. Solo tenían una hora.
Esa hora, redujo hasta en 6 meses el periodo de construcción de un escrito decente. Una hora… no, 7 años de infame vergüenza. Una hora que cambiaba las vidas de los estudiantes, porque pasaban del “no puedo, no lo voy a lograr, no sé cómo”, al “!oh, así de simple!… en ciencia cuando algo cuesta trabajo podemos estar seguros que está mal hecho, pero no todos son capaces de crear la estrategia a partir del error y mejorar el procedimiento. Para esos estamos los asesores.
No hay institución libre de culpa respecto a la titulación. La UNAM ha implementado un sistema de acoso constante a los asesores y alumnos para que se titulen, porque ha producido más alumnos que títulos. Es un problema del sistema que ha desbordado por mucho a las comisiones de titulación, de ahí que se aprueben más y más opciones.
Si eliminamos a los maestros que aman sentirse idolatrados por las estudiantes, si eliminamos a los maestros que no leen y que no están dispuestos a dar su tiempo, si eliminamos a los que no tienen habilidades de asesoría, a los cretinos y a las profesoras que solo tienen tiempo para sus hijos, nos quedaremos con unos cuantos que no se dan abasto.
En una ocasión haciendo números, descubrimos en el programa que dirigí que si cada profesor titulaba a 5 alumnos por año, sería fácil acabar con el rezago, pero la realidad es que solo el 20% era capaz de esa cuota.
¿Es problema del alumno?, no… es la vergüenza de un sistema educativo incapaz de lograr que los alumnos aprendan lo básico, ya no digamos a nivel ciencia, ingeniería o humanidades, con básico me refiero a leer y escribir.

*Directora del Learning & Neuro-Development Research Center, USA. alma@almadzib.com

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