Meade y la carga de explicar que se hizo económicamente lo correcto

By on febrero 5, 2018
Meade gasolinazo

Por: Gildardo Cilia López

Como candidato sucesorio de la actual administración, José Antonio Meade Kuribreña lleva consigo una gran carga: la de explicar que el Gobierno de Peña Nieto hizo lo correcto. Ello porque los datos revelan que prácticamente no hubo cumplimiento alguno con respecto a las metas propuestas en el Plan Nacional de Desarrollo (PND) 2013 a 2018 y sí, graves déficits en materia económica.

Bajo crecimiento económico

En el PND 2013 a 2018, se hablaba de alcanzar un “México Prospero”, mediante la generación de un crecimiento económico sostenido e incluyente, lo que iba a  permitir erradicar de una manera permanente la pobreza, elevar el nivel de vida de la población y alcanzar una sociedad más equitativa. Desde la etapa de campaña, el presidente Peña Nieto, afirmaba que su compromiso era triplicar el crecimiento que México había tenido en la última década de apenas 1%, para llevarla en los dos últimos años de sexenio a tasas superiores de 5%.

La Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), hizo las proyecciones correspondientes estableciendo dos escenarios posibles, uno con la instrumentación de las reformas estructurales y otro sin la aplicación de las mismas. Esta dependencia estimó que con las reformas estructurales la tasa promedio de crecimiento durante el periodo 2013 a 2018 podría ser de 4.3%; en tanto que sin reformas el incremento se iba a situar en 3.4%.

El incumplimiento es obvio, en 2017 la tasa de crecimiento apenas va a sobrepasar el 2% y la tasa promedio del periodo 2013 a 2018 podría ser menor a 2.5%; ambas distantes a las contempladas por el titular del Ejecutivo y a las estimadas por la SHCP, incluso considerando el escenario pesimista de una economía sin reformas estructurales.

No obstante el Presidente Peña Nieto ha calificado a su administración como el “sexenio del empleo”, porque hasta el 2017 se habían generado poco más de 3 millones de empleos, cifra nunca antes vista en ninguna administración anterior. Habría que aclarar que, aunque histórica, esta cifra únicamente representa el 56% de los empleos que el país requiere para incorporar a las nuevas generaciones a la vida económica.

crecimiento economico

Sin embargo, surge una duda: ¿por qué en este gobierno con una tasa de crecimiento económica inferior a la observada en otros registra en cinco años un mayor incremento en la generación de empleos? Por ejemplo, en el sexenio de Salinas de Gortari, la expansión económica fue en promedio de 3.91%, aproximadamente el doble de la actual y la creación de empleos fue menor en casi un millón. ¿Es que acaso no existe una relación directa entre el nivel de empleo y la tasa de crecimiento económico? ¿La literatura económica ha estado errada?

La respuesta a la paradoja menor crecimiento con más empleo durante el Gobierno de Peña Nieto sólo puede explicarse por tres factores: 1) los empleos no se sustentan en una mayor productividad; 2) la creación de empleos no ha reconstituido al mercado interno para darle un impulso adecuado a la economía, debe decirse que en México el 66% de la población asalariada gana menos de 3 salarios mínimos diarios ($7,952 mensuales) y el 40% menos de 2 ($5,302 mensuales) y 3) la probable incorporación a la formalidad de trabajadores que antes se ocupaban en el mercado informal.

No hay lugar a engaños, nuestro país es pobre en tres sentidos: en su desempeño económico, en su productividad y en la estructura y nivel salarial de sus trabajadores. Lejos estamos de la meta de tener una economía con crecimiento sostenido e incluyente.  

economia

Inflación

La tasa de inflación anual en 2017 ascendió a 6.77%, que de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) fue la más alta desde el año 2000, cuando se situó en 8.96%; aclarando que ésta no había rebasado el 4% desde 2008. Cuando se habla de inflación, los economistas entran a un conjunto de disertaciones, pero siempre es importante recordar su principal efecto: la inflación reduce el valor real del dinero, es decir, disminuye la cantidad de bienes y servicios que se pueden adquirir. De acuerdo con cifras oficiales, el índice de precios de la canasta básica durante 2017 tuvo un incremento de 9.61%; con lo cual se pulverizó el incremento de 9% que desde el inicio del años se había otorgado.

El peso específico del incremento en el precio de las gasolinas, el gas doméstico y de algunos productos agropecuarios (frutas y verduras), influyó en el crecimiento del Índice Nacional de Precios al Consumidor en 2017. Siendo Secretario de Hacienda, Meade reconocía que el incremento de precios de las gasolinas iba a generar un impacto negativo en la tasa inflacionaria, pero argüía que esto resultaba benéfico en el mediano y largo plazos por tres diferentes motivos: 1) porque ya no se iba a manipular artificialmente el precio; 2) porque se iba a determinar el precio como en el resto del mundo y 3) porque se dejaría de utilizar la riqueza petrolera y los recursos públicos para dar un apoyo artificial y regresivo, destacando que con el precio controlado los que se beneficiaban eran los que más tenían. (Fuente: Milenio)

De ser cierto, esto es una premisa relativa, porque el incremento de precios en los energéticos al tener un impacto negativo inmediato en el precio de los demás bienes, inevitablemente genera un efecto regresivo en el consumo total de bienes y servicios que realizan las empresas y particularmente, las familias. No debe olvidarse que la inflación distorsiona aún más el ingreso real de amplios segmentos de la población, lo que lleva finalmente a asignar más recursos fiscales mediante programas compensatorios.

Tampoco es del todo cierto que ante la liberalización de los precios de las gasolinas no se tengan que asumir sacrificios fiscales. En 2017 Hacienda tuvo que reducir el IEPS a gasolinas y diésel, con lo cual dejó de recaudar 68 mil millones de pesos, con el propósito de atenuar el impacto que tenían el precio del petróleo a nivel internacional y el tipo de cambio. ¿Acaso este sacrificio fiscal no significa en los hechos un subsidio regresivo?

gasolinazo

El efecto es más nocivo cuando se considera el gas licuado, el gas LP, cuya liberalización ha desencadenado incrementos continuos en su precio, generando zozobra e incertidumbre en las familias porque no existe un límite, ya que su precio se fija a partir de los costos de la cadena productiva (precio del propano, transporte, almacenamiento, tipo de cambio, entre otros elementos). De acuerdo con la Secretaría de Energía, 5 de 7 hogares consumen gas LP; esto significa, que la medida afectó a 23.5 millones de 32.9 millones de hogares y a alrededor de 87 millones de personas.  

Meade dice no ser el “padre del gasolinazo”, pero durante los meses de diciembre de 2016 y enero de 2017, fue un defensor a ultranza de la liberalización del precio, argumentando que no había otra alternativa; desestimando toda posibilidad de actuar con prudencia y gradualidad. En esa etapa, era el Secretario de Hacienda y ni remotamente pensaba que iba a ser el candidato del gobierno;  por lo que obvió el efecto más importante: que el incremento de precio en los energéticos iba a provocar la irritación social.

En el ideal de la liberalización del mercado energético, Meade puso en segundo término el efecto inflacionario; no sopesó debidamente que la inflación es el más regresivo de los impuestos porque daña más a los que menos tienen; a los que poco se pueden proteger debido a que sus ingresos son insuficientes y poco flexibles.

Un último balance

En el balance de la situación económica quedan muchas dudas por resolver. La más importante es la que tiene que ver con la posición que guardan las finanzas públicas, de donde subyacen preguntas fundamentales: cuál es la evolución de la estructura de ingresos y las fuentes de financiamiento y cómo se han utilizado estos recursos.  

Es sabida la debilidad de las finanzas públicas y la ingente necesidad de recurrir a la emisión de deuda; sin que quede claro cuál debe ser el límite del endeudamiento. La interrogante es aún mayor cuando los resultados en materia económica no son los esperados y cuando existen cifras que indican que el costo de la deuda sobrepasa a los recursos que se destinan para el desarrollo social y a sectores prioritarios como la educación y la salud.

deuda económica

Recientemente la SHCP anunció que en 2017 la deuda del sector público disminuyó con respecto al tamaño de la economía observado en el año inmediato anterior. Dicho endeudamiento representó 46.2% del PIB, 2.5 porcentuales menos en relación con la proporción observada en 2016. Sin embargo, este índice es mayor en 10 puntos porcentuales al que se tenía cuando inició el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto.

El costo financiero de la deuda y eso es lo preocupante, ha alcanzado un nivel sin precedente. El presupuesto de egresos autorizado para 2018 contempla un pago para el servicio o intereses de la deuda por 647.5 mil millones de pesos, costo que resulta equiparable al que se tenía en 1990. El costo de la deuda para 2018 es mayor 2.3 veces al presupuesto de la Secretaría de Educación Pública, 2 veces más que a la suma de los presupuestos del Programa de Atención en la Salud y del Seguro Popular y 7.9 veces más que Prospera. Habría que preguntarse: ¿cuántos pobres menos habría y cómo se elevarían la atención y la calidad de la educación y los servicios de salud, si no se tuviera esa gran carga financiera?

Sí, no hay duda, ahora somos más pobres que hace cinco años y nuestros márgenes de desarrollo parecen ser más estrechos. ¿O no es así?

El Doctor Meade nos debe una explicación.

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