La profesionalización de los docentes en México: ¿hay algo nuevo)

By on febrero 18, 2018
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Por: Andrea Ramírez Barajas*

*Doctora en educación y consultora independiente.

andrearamirez1970@hotmail.com

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A las y los docentes de este país, no sólo se les reconoce como la pieza clave de toda reforma educativa, son también la columna vertebral que sostiene el sistema educativo, también se les reconoce (desde el sistema) por un desempeño pobre y deficiente el cual deberá ser evaluado para luego profesionalizarlos.

Los maestros y maestras de México han sido objeto de los caprichos políticos de los malos y los peores funcionarios, no recuerdo en mi trayectoria a algún secretario de educación que realmente (en los hechos) reconozca el trabajo y las aportaciones de los docentes y demás trabajadores de la educación. Si bien, cada 15 de mayo son objeto de discursos tan trascendentes que se olvidan días después. No, me refiero aquí a un reconocimiento permanente, sostenido y consecuente.

Es por ello que hoy se hace pertinente pensar en la profesionalización digna e integral de los maestros y las maestras de nuestro país que atienden el servicio educativo desde maternal, inicial, preescolar hasta el nivel superior, pasando por la primaria, la secundaria y el bachillerato.

La profesionalización docente se ha reconfigurado como tantas otras cosas ligadas con el ser y el formarse para ser maestro, dicha reconfiguración tiene algunos rasgos tendientes a confiar más en el desempleo de los docentes, es decir, en el escenario de la práctica, las intenciones de la misma y lo que se produce con lo que se hace. En dicho proceso (por llamarle de esta manera), hay factores intrínsecos que tienen que ver con el sujeto y otros que están más bien en el plano del sistema y las instituciones.
El primer rasgo o la primera característica para garantizar una profesionalización digna tienen que ver con el asunto de la autonomía docente y de los espacios de organización y democracia colectivas. Este no es un componente aislado, es un componente transversal que atraviesa a todos los demás componentes.
Un segundo elemento de la profesionalización tiene que ver con la formación, pero entendida ésta como un itinerario permanente o más bien como el conjunto de eventos que han dado lugar a la trayectoria docente en la perspectiva de profesionalizarse, es decir, de ser un profesional dedicado a la educación. La formación está ligada con el estudio de y en la formación, pero también con la reflexión de lo que se estudia, ser un profesional de la educación no significa haber tenido acceso a muchas teorías y al conocimiento referencial de muchas corrientes pedagógicas, sino hacer uso de todo ello en la práctica, en una práctica crítica que se construye cada día en el mismo contexto en donde se realiza la tarea.
Un tercer rasgo de la profesionalización está ligado con la capacidad de gestionar recursos y gestionarse en la profesión como sujeto que aprende y que sabe lograr lo que se necesita para hacer mejor la tarea. La gestión, entre otras cosas, es la habilidad y capacidad de poder conseguir todo lo necesario para que la educación (desde las aulas) se viva de manera digna y significativa.
Un cuarto rasgo de la profesionalización está ligado a la relación que viven los docentes con sus pares como una relación de encuentros que permiten intercambiar conocimientos y visiones de la propia profesión. El trabajo colectivo es una de las aportaciones más importantes de los nuevos rasgos de la profesión docente.
Todo lo anterior nos sirve para preguntarnos ¿cuál es el estado que guarda nuestra realidad con respecto a la profesionalización?, ¿qué tan deficitarios estamos?, y, ¿cómo podríamos hacerle para superar los rezagos identificados?

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