José Pablo Ortiz Partida, ciencia con sentido social

By on marzo 21, 2018

Por Dulce Miranda

Ciudad de México. 16 de marzo de 2018 (Agencia Informativa Conacyt).- Rodeado de los compañeros con quienes comparte una casa, José Pablo Ortiz Partida inicia su jornada diaria. Hace algún tiempo, el joven nacido en Guadalajara no conocía a quienes hoy, a cuatro años de haber dejado su país de origen para cumplir un objetivo, se han convertido en una segunda familia.

Como la mayoría de los días, Pablo preparará sus alimentos antes de tomar su bicicleta para salir en camino hacia su oficina en la Universidad de California en Davis, donde trabajará en su proyecto para recibirse como doctor en ciencias hidrológicas. Aunque es una labor absorbente, el también ingeniero ambiental no desaprovechará la oportunidad para beber un café con su asesor o salir a comer con otros estudiantes.

Familia de académicos

El vínculo que Pablo crea con amigos y colegas puede explicarse por el apego que siempre tuvo con su familia, quienes encontraron en el estudio y la docencia una gran pasión que transmitieron al futuro doctor.

“Cuando era niño pasaba las tardes jugando con mis primos o yendo a clases, a veces mis tíos o abuelos nos cuidaban porque mis papás trabajan. Mis padres son psicólogos, mi papá trabajaba dando clases en el Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Occidente (ITESO) y mi mamá trabajaba con niños con problemas de aprendizaje. Tal vez, por su profesión, supieron enseñarme a reconocer lo que estaba bien y mal para que fuera yo quien decidiera en cada aspecto de mi vida”.

Gracias a esta libertad con la que creció, cuando llegó el momento de elegir una licenciatura, Pablo optó por ingresar a la Universidad Autónoma de Guadalajara (UAG) para estudiar medicina. Tras dos días de asistir a sus clases, se dio cuenta de que su lugar estaba en otro sitio.

“Me sentí raro, no era mi lugar, llamé a mi mamá y le dije que no quería estar ahí, que estudiaría ingeniería ambiental en el ITESO; ella no me dijo nada, solo llegó por mí. Pienso que el ambiente fue lo que me hizo cambiar, la carrera de medicina me sigue gustando mucho, incluso quisiera tomar un curso de paramédico o de primeros auxilios. En algún momento también quise convertirme en jugador de tenis o en mago, pero son carreras que por lo general tienen poca causa, ahora solo practico tenis como un hobby y a veces hago trucos de magia en las fiestas”.

En ese momento, Pablo no imaginó cuánto cambiaría su vida esta decisión. Fue hasta que concluyó sus estudios de nivel superior y buscó ingresar a una maestría en el extranjero, cuando comenzó a ver los resultados de este hecho en la proyección internacional de su trabajo sobre el manejo del agua contenida en las presas.

“Me puse en contacto con Samuel Sandoval Solis, exbecario del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) y actual profesor en la Universidad de California en Davis. Le comenté mi idea de estudiar una maestría y él me propuso ingresar al doctorado en ciencias hidrológicas”.

La suerte se construye

En 2014, tras ser aceptado en la Universidad de California y recibir una beca del Conacyt, Pablo se mudó a Estados Unidos de Norteamérica donde fue recibido por compatriotas que lo hicieron sentir en confianza. Por otro lado, Davis, urbe donde se ubica el campus al que asiste, es una ciudad pequeña regida en su mayoría por la vida académica, situación que favoreció al tapatío.

A la par de su proyecto principal, Pablo desarrolló la investigación Gestión multiobjetivo de presas bajo condiciones climáticas cambiantes —con el título original Robust management of multipurpose reservoirs under uncertainty—, trabajo que le valió ser aceptado en el Instituto Internacional para el Análisis de Sistemas Aplicados (IIASA, por sus siglas en inglés) ubicado en Viena, Austria, para profundizar su trabajo durante el verano de 2017.

“Para mí, la suerte es cuando el momento y la preparación se encuentran; yo me preparo y hago lo que debo hacer, eventualmente va a llegar una oportunidad para aplicar lo que sé. Si la oportunidad llega y no estás preparado, todo se pierde”, opina Pablo.

El resultado de aplicar esta filosofía fue ser reconocido por el IIASA con el premio Mikhalevich 2017, que consiste en regresar al instituto para continuar con su investigación durante el 2018.

“El hecho de venir de México no es algo pequeño, en nuestro país hay un nivel de enseñanza muy bueno, podemos competir o colaborar con quien sea en cualquier lugar. Les diría a los mexicanos que pongan a un lado ciertos estereotipos y salgan al mundo, es hora de que otros países sepan de lo que somos capaces”, agregó.

Sueños con sentido social

Aunque el joven de 28 años ha alcanzado reconocimiento internacional por sus propuestas sobre el manejo del agua, su objetivo no es obtener beneficios personales, por el contrario, desea impactar de manera positiva en la vida de las personas menos favorecidas.

“Durante 15 años asistí a escuelas jesuitas, eso influyó mucho en mi forma de ser porque más allá de imponer ideas religiosas, te enseñan que todos somos iguales y debemos ayudar cuando tenemos la posibilidad. Mi sueño es desarrollar, en algún momento, un sistema para proveer agua limpia a comunidades que no tienen el acceso a este recurso”, compartió Pablo.

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