¿Usos pedagógicos para una hierba medicinal?

By on abril 11, 2018
estudiantes
  • ¿los universitarios están dispuestos a tolerar un mercado de sustancias dentro de los centros universitarios?

Por: Luis Rodolfo Morán Quiroz*

*Doctor en Ciencias Sociales.

Profesor del Departamento de Sociología del CUCSH de la UdeG.

rmoranq@gmail.com

El recién nombrado rector sustituto de la Universidad de Guadalajara lo declaró muy explícitamente: a sociólogos y a filósofos les da por profundizar sus pensamientos con el uso de marihuana (Cannabis) en el Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades (CUCSH) del alma mater jalisciense (ésa que lleva tan solo el nombre de su capital). Diversas opiniones comenzaron a expresarse en torno a si se trata de un problema de seguridad, de salud, de pedagogía, de libertad. Algunos de quienes hemos sufrido el olor a “hierba mala”, que tampoco somos amantes del olor a tabaco quemado, hemos señalado que se trata de un debate pendiente en varios aspectos. No solo en cuanto a la posibilidad de que entre la policía y se vulnere la autonomía universitaria, sino también respecto a si los universitarios estaríamos dispuestos a tolerar un mercado de sustancias dentro de los centros universitarios.
Ya sea con efectos curativos, recreativos, de sanación espiritual o para hacer más relajado el aprendizaje, hay quienes defienden su uso en los jardines del centro universitario. No necesariamente estudiosos o profesionales de la filosofía y la sociología. Y hay quienes consideramos que no es para escandalizarse, pero tampoco para regocijarse, por las horas de esparcimiento y quizá (no lo hemos comprobado todavía) por sus efectos para facilitar el aprendizaje y la retención de los elementos básicos y avanzados de las disciplinas de las humanidades y las ciencias sociales. Todo indica que el debate, que no se ha hecho explícito y sólidamente argumentado en nuestro centro universitario ni en nuestra universidad, se prolongará en diversos conjuntos de argumentos implícitos o explícitos, preferencias y rechazos.
La gama de argumentos incluye, entre muchos otros que desconozco, el de si los estudiantes, trabajadores y académicos son adultos y están en posibilidad de decidir no solo sus vidas sexuales, espirituales y espirituosas, sino también sus formas de elevar el alma y profundizar los pensamientos, además de si los elementos químicos activos incluyen alguna sustancia que facilite o dificulte el aprendizaje. El de si es un derecho humano llenarse los pulmones con el humo de la hierba que uno prefiera, o si no hay derecho de llenar el aire de una universidad pública con olores que a algunos no nos placen (lo que llevaría también a que discutiéramos si las emisiones de los vehículos de la ciudad tienen derecho o no distribuirse en nuestro cielo metropolitano). El caso es que tampoco los académicos del CUCSH (por el asunto de la “salud”) se han pronunciado para decir que la llamada hierba mala en realidad es hierba sana.
Parece que el nuevo rector ha hecho sus declaraciones a partir de lo que alguien le ha contado, aunque no necesariamente haya gozado o sufrido sus efectos en el centro universitario. Tampoco es que su uso se limite a los estudiosos de esas dos disciplinas ni que todos los estudiosos y profesionales de ellas la utilicemos. Todavía más: el CUCSH y otros centros universitarios (sean de la UdeG o de otras instituciones) no es el único plantel en que se consume marihuana ni es ésta la única droga que llega al interior de los organismos y cerebros que tanto piensan y trabajan en Jalisco. El uso de estas hierbas medicinales trasciende, con mucho, este centro universitario y constituye una parte de la oferta de sustancias recreativas cuyo consumo y venta se han convertido en un problema de política pública, no solo en la educación, sino también en el ámbito de la salud y de la seguridad.
Está por verse cómo los diferentes actores de lo que ha dado en llamarse “comunidad universitaria” están dispuestos a asumir el problema. Habría que ver si algunos simplemente seguirán aspirando mientras reflexionan, y otros seguirán reflexionando en torno a las inspiraciones ajenas. Sin, como dice aquella tesis que tanto nos gusta a filósofos y sociólogos, transformar el mundo… y el aire de nuestro centro.

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