La educación en medio de rebatingas y contiendas electorales

By on mayo 7, 2018
anaya y meade
  • La educación debería de colocarse en el centro porque atrás de cada discurso, de cada promesa de cada compromiso político está una forma particular de mostrar un nivel de concreción educativa
 Miguel Ángel Pérez Reynoso*
*Doctor en educación.
Profesor–investigador de la UPN Guadalajara, Unidad 141. mipreynoso@yahoo.com.mx
Las contiendas en la disputa política electoral en la que todos estamos inmersos han pasado de ser espacios de confrontación y disputa en el terreno de las ideas y las propuestas, a convertirse en disputas por la descalificación de los otros. Algunos candidatos a la presidencia de la república junto con sus partidos políticos han confundido sus aspiraciones y colocan por encima la disputa y descalificación del contrincante político, sin embargo, está sucediendo que mientras más cuestionan o descalifican al adversario más elementos dan para que incrementen sus preferencias.
La educación (en este terreno de contienda política) ha pasado a segundo término, los políticos se han olvidado de hacer evidentes sus aprendizajes cívicos (hacer evidente de que pasaron por las escuelas públicas y que algo aprendieron de civismo y de respeto dé y en los otros). En cambio las campañas demuestran que pareciera que no ha sido así. Muchos políticos en campaña están prometiendo lo que no pueden demostrar en congruencia con su propia persona, intentan ofrecer o prometer a los demás lo que no han logrado consigo mismos. Es por ello que el discurso se torna falso y nada convincente.

La política y la educación se juntan o se distancian de acuerdo a las coyunturas, hoy en día el oportunismo, el pragmatismo y el arribismo político son la constante.
El fin último de la educación es contribuir a la formación cívica de los sujetos y que éstos hagan evidente en la sociedad y en el conjunto de relaciones humanas y sociales que aprendieron a comportarse y relacionarse civilizadamente. La civilidad es sinónimo de ciudadanía y ésta se adquiere tanto dentro como afuera de los espacios escolares.
En esta contienda electoral, están en juego miles de situaciones e intereses en disputa, pero lo que aparece en el fondo es nuestra capacidad de resolver nuestros conflictos y diferencias de manera civilizada.
La educación debería de colocarse en el centro porque atrás de cada discurso, de cada promesa de cada compromiso político está una forma particular de mostrar un nivel de concreción educativa.
Los políticos en general se muestran como mal-educados, por mentir, por ser demagogos, por ser oportunistas, por ser corruptos, por ser arribistas, por pasar de un partido a otro, por querer engañar a las personas a las que antes les piden el voto.
El último aprendizaje que se puede demostrar en la civilidad se concretiza en el momento de votar. El voto es la concreción de nuestra frágil democracia. En la caricatura de demócrata bajo la cual vivimos el voto es el acto más importante porque es el momento de cuando el ciudadano decide y actúa en función de mostrar la preferencia electoral de acuerdo a su ideología, principios e inclinaciones electorales y éste también es un acto educativo. Ser de izquierda, de centro o de derecha es una concreción política, la cual pasa por el nivel y compromiso educativo y su corolario último es la congruencia de asumir dichos principios en acciones concretas.

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