Carlos es el primer alumno de 12 años de edad en una licenciatura de la UNAM, lo que abre un capítulo de inclusión en la vida universitaria.

En tres años Carlos abrevó conocimiento en la Facultad de Química (FQ), en el Centro de Ciencias Genómicas (CCG) y en el Instituto de Investigaciones en Materiales (IIM), donde cursó diplomados y algunas materias, e hizo prácticas por separado.

El próximo lunes 6 de, iniciará su semestre, y seguramente será el único alumno que vaya de la mano de sus padres hasta la puerta del aula.

Ya tiene su credencial membretada con su número de cuenta, asignado al igual que los demás. La licenciatura de Física Biomédica es de las carreras más jóvenes de la Universidad y llegó ahí tras lograr 105 aciertos en el concurso de selección de ingreso al ciclo escolar 2019, como cualquier aspirante, “sin concesiones ni venias”, afirmó la institución.

Y ante las dudas de las posibles complicaciones que podría tener que un niño conviva con universitarios de 18 años y más, la UNAM, apuntó:

“No será un infante en tierra de gigantes, ni un adulto en ciernes caracterizado de niño, es un estudiante de alta capacidad cognitiva, juguetón, ruborizado, que ha desafiado al tiempo y a las convenciones administrativas”.

Y Carlos secundó: “Sólo quiero estudiar; si me cierran las puertas, me meteré por las ventanas”.

Universitario excepcional

La UNAM conoció a Carlos en 2015, cuando estaba por cumplir nueve años, y se aventuró, a cursar módulos en dos diplomados: uno sobre química analítica; y otro en bioquímica y biología molecular para la industria farmacéutica, que imparte la FQ.

El joven adolescente está feliz: “Es el sueño de tres o cuatro años cumplido, el ‘medio fin’ que queríamos alcanzar, así como terminar la secundaria, la prepa… pero se siente muy bien haber alcanzado esto.

“Realmente quiero empezar, no quiero tener expectativas porque casi siempre es diferente, me ha pasado. Elegimos la UNAM porque aquí comenzó todo”, relató.

Carlos contó que la mayor dificultad para llegar a las aulas de la Facultad de Ciencias, fue que sus papás convencieran a las autoridades correspondientes de que los dejaran hacer los exámenes de secundaria y bachillerato, “porque decían que seguramente era puro cuento”.

Reconoció que el examen de admisión fue muy duro: “Ya ves que trae cálculo, y yo todavía no me metía muy bien a integrales; entonces, de las 15 preguntas que saqué mal seguramente fue una de ahí, pero ahora he estudiado más y ya le entiendo bien”.

Y recordó cómo fue que se enteró de que había logrado entrar a la Universidad.

“Es toda una historia. La noche anterior había llovido muchísimo y se fue la luz, queríamos checar los resultados, entonces mi papá conectó el módem a la corriente de la batería del coche, y así nos enteramos. Muy de mañana, mientras mi papá buscaba el folio yo daba vueltas alrededor de la mesa. Lo mínimo para entrar eran 103 aciertos, vi el folio y tenía 105, estaba aceptado”.

Carlos y sus padres Arcelia Díaz y Fabián Santamaría viven actualmente Cuernavaca, a unos pasos del Centro de Ciencias Genómicas (CCG) de la UNAM campus Morelos, donde Carlos hizo una estancia semestral.

El joven adolescente ya tiene varios proyectos académicos, uno es en bioquímica. “Creo que podemos reconstruir una célula, curar todas sus enfermedades, por ejemplo, la mitocondria, que tiene una membrana exterior y una interior. Aunque es relativamente sencilla tiene un montón de componentes: proteínas, hasta su propio ADN, ribosomas; se puede tratar de crear un medio.

“Construir una mitocondria desde cero, identificar todos sus procesos, relacionarlos y poco a poco reconstruir esos procesos en la vida real, y hacer una pequeña población de mitocondrias, generar un medio en el que se puedan desarrollar. Podemos seguir con los demás organelos hasta conseguir una célula completa y de ahí curar casi cualquier enfermedad”, explicó.

Y cuando le preguntaron cómo llegó hasta el punto de iniciar la universidad contestó:

“Es estarle dando, nunca decir ‘no se puede’, me voy a regresar a la primaria. Siempre hay una forma de entrar. También estudié por Internet, así he aprendido biología, cálculo, pero además hay que tener el apoyo de toda tu familia, lo más importante. Mis padres han hecho más que yo, ellos han preparado todo, y yo sólo estudio y apruebo los exámenes, pongo la última pizca para pasar a lo siguiente”.

Carlos también disfruta su niñez, aunque lleva de lo lúdico a otro nivel pues le gusta programar y jugar videojuegos. “Mario Bros sigue siendo el clásico, la base para todo. Me gustaría hacer un videojuego, he trabajado en eso, lo he tenido que detener un poco, pero he estado trabajando en uno de bioquímica.

“Me gustaría encontrar más niños como yo, ayudarlos con lo que no les deja hacer la primaria o la secundaria, decirles por dónde pueden ir para seguir aprendiendo, porque nunca se debe parar”, comentó.

Los padres de Carlos se conocieron en la alberca de Ciudad Universitaria, como parte del equipo de Triatlón. Cuando unieron sus vidas pensaron que tendrían un hijo deportista.

“La estructura del sistema educativo nacional existe, gracias a eso recibimos apoyo de autoridades, de legisladores, de la SEP en el área de enlace, para que sus exámenes de primaria y secundaria fueran muy expeditos: hizo exámenes para adultos, aunque debieron haber sido exámenes únicos para niños, pero no existen,” indicó el orgulloso papá.

Arcelia Díaz, su mamá, es maestra de educación física, proviene del municipio guerrerense del mismo nombre, uno de los de mayor índice de rezago social en el país. “Tenemos la fama de ser gente brava, pero también noble, hospitalaria, alegre, y esas características las tiene Carlos”, aseguró.