Certificación de la protesta y la supervivencia sindical

By on septiembre 19, 2018
Juan Díaz de la Torre
  • El principal capital con que cuenta el SNTE es la sumisión de los trabajadores de la educación, la nula crítica, la ausencia de líderes visionarios del sindicalismo y el patrimonialismo histórico
Por: Jaime Navarro Saras*
*Editor de la Revista Educ@rnos.
jaimenavs@hotmail.com
La actual dirigencia del SNTE (al igual que las anteriores, pero con menos descaro), está irreconocible, hoy en día presenta una cara donde la denuncia y la demanda son parte de sus prácticas y discursos ante autoridades educativas y demás entes sociales, tanto públicos como privados. Esa actitud le ha acarreado (al SNTE) infinitas quejas y protestas de sus agremiados y no agremiados, se pueden leer críticas que van desde atinados análisis y comentarios mordaces, hasta la aparición de memes que son tendencia en las redes sociales sobre su oportunista y voluble posición, sobre todo, porque ahora critican y denuncian, lo que hace no mucho tiempo (1º de julio) defendían a ultranza, e incluso, pagaban cientos de millones de pesos en publicidad para que se supiera de qué lado de la reforma educativa estaban y a quién apoyaban. Fueron, quieran o no reconocerlo, parte de la trama que lesionó la imagen, los derechos y autoestima del magisterio, además de ser parte fundamental en los atentados contra la educación pública y su deterioro, a través del cierre de grupos, turnos completos y la desaparición y fusión de escuelas, sobre todo las que no eran de organización completa, principalmente en comunidades marginales, rurales y de bajo desarrollo (escuelas multigrado, bidocente, tridocente…).

Es entendible la personalidad que quiere asumir el SNTE, su repentina dinámica es una manifestación de que han sido obligados a ello por las circunstancias recientes, sobre todo por la llegada al poder de Andrés Manuel López Obrador quien, se ha manifestado a favor de la democratización de los sindicatos, al igual que la reaparición de Elba Esther Gordillo Morales y los supuestos 500 mil trabajadores de la educación que se han sumado a su causa, pero, principalmente (y no menos importante) la desaprobación en silencio de la gran mayoría de agremiados y que no saben qué actitud tomar por la ausencia de liderazgos emergentes que le disputen el poder a Juan Díaz de la Torre y a Elba Esther Gordillo.
El principal capital con que cuenta el SNTE es la sumisión de los trabajadores de la educación, la nula crítica, la ausencia de líderes visionarios del sindicalismo y el patrimonialismo histórico, no por algo ha habido menos secretarios generales y presidentes del SNTE que gobernantes de México, tan solo de 1974 a la fecha ha habido 3 del SNTE contra 8 presidentes de México.
En este país, principalmente en educación, la protesta y denuncia de los trabajadores de la educación deben llevar la certificación y aprobación del SNTE, ya que el sindicato es el único responsable de velar por los intereses del magisterio (por lo menos así lo marcan los estatutos) sino ocurre así, entonces cualquier protesta, denuncia, paro, marcha, toma de edificios y manifestaciones ad hoc, pasan a ser parte de la disidencia, de la CNTE, de Bases Magisteriales, del magisterio de Oaxaca, Michoacán, Chiapas, etcétera, y en automático y de manera inmediata los medios de comunicación pagados (como que ya tuvieran listo el formato publicitario) azuzan a la sociedad para que desapruebe cualquier brote de inconformidad, no controlado y sin consentimiento del SNTE.
El SNTE actual es de dar lástima, su desesperación por trascender en el gobierno que entra y no querer bajarse del tren movido por las generosas e incontables cuotas sindicales de los trabajadores, los ha transformado en un tiempo récord, no me queda claro si realmente son conscientes y creen en lo que hacen o, si sólo están queriendo asumir un papel que siempre pretendieron realizar pero que no lo asumieron porque era políticamente incorrecto y porque no convenía a los intereses gremiales y particulares de la dirigencia.
Lo cierto de todo es que este SNTE está más desprotegido y dividido que nunca, por apostarle al candidato equivocado perdieron todo: recursos extaordinarios, un partido político, escaños en ambas cámaras tanto a nivel federal como en los estados, identidad, interlocución directa con ambos gobiernos, el entrante y el saliente, credibilidad con sus agremiados y, lo más importante, vergüenza con ellos mismos.
¿Qué va a suceder con el SNTE?, no lo sabemos a ciencia cierta, lo cierto es que el nuevo gobierno no debe caer en los mismos errores que los anteriores: dejar sobrevivir al SNTE sin modificarle un ápice de su personalidad. Sabemos de sobra que éste existe por el control que ejerce sobre el magisterio y no más, su labor es cuidar que los maestros no se quejen, que cobren los salarios más bajos de todos los países de la OCDE y que les exija (este mismo organismo) estar a la par que los países líderes en educación.
La llegada de López Obrador significa muchas cosas, principalmente esperanza y transformación, eso es lo que ha dicho él y replicado por su equipo de trabajo, de lo cual, la mayoría de maestros están a la espera de una mejora educativa, la urgente renovación de la escuela pública, el rescate obligado de la imagen del magisterio y la llegada inminente de nuevas visiones y prácticas para hacer las cosas. En este sentido, el SNTE no puede ser la excepción, su transformación está más demandada que nunca, de no hacerse se estará perdiendo la oportunidad histórica de darle una nueva cara, más incluyente, nulo patrimonialismo, una democracia esperanzadora de que ahora sí, se quiera o no, están obligados y en deuda con los maestros, niños, jóvenes y con la dignificación de la escuela pública para todos, principalmente con los que menos tienen.

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