Fernando del Paso: México ante el peligro del autoritarismo

By on noviembre 16, 2018
Fernando del Paso

Las cosas no han cambiado en México, sino para empeorar, continúan los atracos, las extorsiones, los secuestros, las desapariciones, los feminicidios, la discriminación, los abusos de poder, la corrupción, la impunidad y el cinismo. Criticar a mi país en un país extranjero me da vergüenza. Pues bien, me trago esa vergüenza y aprovecho este foro internacional para denunciar a los cuatro vientos la aprobación en el Estado de México de la bautizada como Ley Atenco, una ley opresora que habilita a la policía a apresar e incluso a disparar en manifestaciones y reuniones públicas a quienes atenten, según su criterio, contra la seguridad, el orden público, la integridad, la vida y los bienes, tanto públicos como de las personas… Esto pareciera tan solo el principio de un estado totalitario que no podemos permitir. No denunciarlo, eso sí que me daría más vergüenza” (Fernando Del Paso).

Gildardo Cilia López

Por: Gildardo Cilia López

La percepción de Del Paso

Del Paso, nuestro gran escritor, un día antes de haber recibido el Premio Cervantes de Literatura 2015, expresó que México es un país en decadencia y que eso a nuestra sociedad pareciera poco importarle: “en México hay mucho gobernante inepto y codicioso y la profunda abulia y el escepticismo del pueblo, lo han convertido en un país en decadencia”. Nuestra abulia más que sorprenderlo, lo hiere. Le duele nuestra intrascendencia, el que nada parezca indignarnos: nuestra ausencia de juicio histórico para cambiar de inmediato el estado de las cosas. Su percepción es que nada pareciera ya asombrarnos, nuestra indiferencia nos ha convertido en cómplices habituales de la impunidad y el cinismo, sin entender que el caos deviene siempre de la inacción ante la injusticia. Y lo que padecemos ahora es una terrible injusticia.

Fernando del Paso

Lorenzo Meyer, al respecto, comentó que en la historia moderna de México, nunca ha existido un Estado totalitario, que el mismo requiere de una concepción ideológica que articule todas las decisiones de gobierno; así como de la existencia de un régimen en el que prevalezca “un orden” que posibilite el control sistemático de todos los aspectos que le dan vida al Estado. Más bien, aclara Meyer, todos los excesos que existen en el país provienen de la falta de orden y de la anarquía; nuestros gobernantes carecen de ideología y de inteligencia política para lograr la consecución de objetivos totalitarios; lo que prevalece en ellos no es una visión de Estado, sino el propósito de obtener beneficios personales, conscientes de que se vive en un país de prebendas y en el que impera una gran impunidad.

Lorenzo Meyer

¿Por qué un Estado puede endurecer sus leyes? ¿Cómo explicar sin ese reclamo suficiente de la sociedad, la intención de los gobiernos de inhibir o reprimir la movilización social? Tratar de explicar esto lleva a dos planos. Primero, un Gobierno en el que prevalece el abuso, la corrupción y el descaro, se pervierte a sí mismo, porque progresivamente pierde legitimidad y quien gobierna sabe que la protesta social se convierte en un riesgo latente. Segundo, un Gobierno con malos resultados se vuelve poco tolerante a la crítica; se empecina en sus conceptos y proyectos, aunque tenga en contra a la opinión pública. Se gobierna cada vez más sin el consenso de la sociedad, pero difícilmente se cambia de paradigma; no sólo porque se asuma un dogma, sino por no contravenir los intereses de grupos que se constituyen como los verdaderos poderes fácticos.

Sí, es cierto que la abulia persiste en grandes segmentos de la población, pero ésta ha ido cediendo a partir de la denuncia ciudadana, provocando el escándalo y el escarnio público; sobre todo, porque a los pobres resultados se ha sumado el desprestigio, la mala reputación y el descaro de quienes gobiernan y de quienes detentan las grandes riquezas del país. El malestar ha ido aumentando y la moral es lo que debe imperar; porque de no encauzarse la realidad por el camino de la honorabilidad, la decencia y la efectiva constitución de un Estado de derecho, el descrédito puede llevar a una inestabilidad indeseable.

La ausencia de la justicia y el uso acotado de las leyes es preocupante, más si los proyecto de los gobiernos, sin importar partido o tendencia, se asocian indisolublemente a la ruta de los negocios; si se piensa que lo económico es todo y que sólo basta invertir o crecer económicamente, para incidir positivamente en los niveles de desarrollo en los municipios, los estados y el país.

represion

Ese economicismo ha sido una catapulta que se ha tornado en contra de la sociedad: ha ampliado la desigualdad y la inequidad; ha reducido nuestra realidad a indicadores, números y tasas; ha hecho trascender a las leyes de mercado sobre la justicia y su efectiva impartición; ha transformado nuestra Constitución para posibilitar concesiones y prebendas para el capital y los particulares; ha enriquecido y pervertido a nuestros gobernantes, quienes no conciben a la política como la más hermosa y maravillosa de la funciones, consistente en servir a los demás, sino como un medio para enriquecerse subrepticiamente articulándose a esa concesiones y prebendas.

Ante semejante perversión, lo que crece es la inequidad; quien gobierna bajo este contexto pierde el consenso y la aceptación social y cada vez más en solitario sabe que cuenta con las instituciones y el fuero que les concede el propio Estado para mantener el estatus quo. Tal vez Meyer tenga razón, no estamos en la ruta de lo que podría ser un Estado totalitario; pero sí ante la presencia preocupante de gobiernos que requiere de más coacción para poder gobernar; lo que configuraría un Estado autoritario.

desigualdad

Justicia, derecho y leyes

Día a día parecen desasociarse los conceptos sustantivos que posibilitan la existencia de un régimen estable y en continua expansión para su desarrollo: justicia, derecho y ley. La discusión en torno a estos conceptos, se ha tornado divagante y ante la carencia de profundidad, hay quien con cierta razón expresa que “todo se puede hacer, mientras lo que se haga sea legal”; sin importar que lo que se haga sea profundamente inmoral porque atenta contra el bienestar del país. Reafirman su dicho a partir de una tesis permisiva: “lo que no está estrictamente prohibido está tácitamente permitido”.

Sin entrar en falsos dilemas, en efecto, diría que la grandeza de un Estado no proviene de su carácter prohibitivo; más bien afirmaría, acorde con la concepción clásica, que la grandeza deviene de la conciencia ciudadana; de la capacidad de entender que siendo cada individuo parte de un engranaje social, tiene que contribuir de la mejor forma para constituir un Estado sustentado en la solidaridad, es decir, en el bien colectivo. Es ese carácter solidario, lo que dio origen al Estado, así como a su crecimiento evolutivo.

Platón

En la medida en la que cada quien relaciona su bienestar con el bienestar de los demás, se configura la cohesión ideológica que hace concebir a la justicia como una bien intrínseco que debe tener cualquier sociedad para su desarrollo; de eso subrayó depende realmente el desarrollo de un país. Se podría decir, en este sentido, que en nuestra sociedad palidece la justicia, porque permea en ella la inseguridad y una violencia cada vez más masiva; una economía débil y con tendencia al deterioro y una lacerante pobreza, marginación y discriminación, sólo basta decir que en nuestro país más de 21 millones de niños y adolescentes se encuentran en la pobreza y de estos casi 5 millones en pobreza extrema. Nuestro sistema también es poco solidario, porque aun cuando las estrategias económicas premian a capital, existe cotidianamente una alta emigración de capitales, ante una sed insaciable de ganancias y riquezas.

Debe decirse que el concepto de justicia no se ve acotado o restringido por el derecho; es más no lo agota el derecho. Por ejemplo, ante la falta de solidaridad de los individuos que pueden mover sus fortunas hacia los diferentes paraísos fiscales, en un ámbito jurídico que lo hace permisible, los tribunales o quienes imparten justicia no fallarían en su contra, de no existir tácitamente una evasión fiscal u operaciones irregulares; pero eso no es óbice para señalar que esta fuga de riquezas es profundamente inmoral, porque atenta contra el bienestar colectivo y hasta contra el objetivo de los gobiernos de privilegiar al capital para alentar las inversiones y con ello, alcanzar el tan anhelado crecimiento económico de más de 5% del PIB.

FRASES   PENSAMIENTOS  VERSOS   CITAS CELEBRES ILUSTRADOS- (121)

Ante la ausencia de reglamentación o de leyes, en un país que no puede abatir sus grandes rezagos sociales, que tiene que avanzar a pasos agigantados para posibilitar su continuidad histórica, la justicia no puede palidecer; se tiene que convertir en una fuente del derecho. Eso no implica prohibir la riqueza, más bien significa garantizar las condiciones que posibilitan su mejor distribución mediante una mayor equidad y moderación; significa también acercarse más a las prerrogativas sociales, que le dieron razón de ser al Estado mexicano después de la revolución de 1910.

Sin perífrasis, debe decirse que la justicia trasciende siempre a lo jurídico, pero esta se convierte en un concepto abstracto y relativo, si no se inscribe en un marco jurídico que esté acorde a nuestras necesidades concretas, que posibilite el desarrollo armonioso de la sociedad y la consecución política de contar con un Estado que para ser fuerte requiere de un mayor consenso social. No debe quedar lugar a dudas, las leyes deben constituirse cabalmente como un elemento garante de la justicia a partir del principio sustantivo del bien común.

injusticia

Las fracturas de la ley

El otro gran tema es como se promulgan las leyes y el carácter de las mismas. El influjo es que las mismas deben ser promulgadas por la legítima autoridad, pero debe entenderse que aun cuando dicha legitimidad proviene del voto ciudadano, en la vida social esta legitimación se va dando en el día a día, mediante el buen ejemplo y una intachable conducta moral. De modo que resulta contradictorio, por ejemplo, que alguien que ha desviado recursos públicos para beneficiar a terceros o en beneficio propio, legisle sobre la transparencia o sobre la anticorrupción. La ley así presenta un vicio de origen: socialmente carece de credibilidad.

El otro gran problema es que la ley debe tener un carácter general, es decir debe abarcar todas las circunstancias posibles. La plena aplicación de la justicia para todos los ciudadanos, es imposible si ello se deriva de proyectos políticos, que son notoriamente excluyentes y cuando se pretende beneficiar a un segmento de la sociedad, aunque éste sea sumamente reducido. Las leyes en materia laboral, por ejemplo, le han restado derechos a los trabajadores o conculcado derechos ya adquiridos y tendrían razón éstos en manifestar su irritación, no sólo porque no se les ha procurado justicia, sino porque se les ha arrancado lo que por ley les había correspondido. Esta es una de los grandes facturas entre la ley y la justicia, porque los que dictan las leyes lo hacen pensando en preceptos teóricos desasociados de la realidad, que son injustos para la mayor parte de la población. El país requiere de crecer – se dice – y todo lo demás vendrá por añadidura; sin embargo se quiere crecer concentrando más la riqueza; tornando al país más desigual y en el colmo las tasas de crecimiento han sido insuficientes para alcanzar los equilibrios en el mercado de trabajo que el país requiere.

Es importante revisar la historia de nuestra legalidad; se vive actualmente con gran incertidumbre por la falta de decoro y honestidad. Sí, existen fracturas entre la justicia y la ley; pero está fragmentación crece hasta hacerse añicos si pensamos en la impartición de la justicia, en donde a la parcialidad se le debe sumar otros vicios, entre ellos la simulación y la dilación.

zapata

La ley zapatista sobre la administración de la justicia

¿Qué queda de nuestra historia de la legalidad? Diría la gran dignidad de nuestros héroes, todos ellos hombres que propendieron al sacrificio por sus ideas y compromisos sociales. Esa historia ha sido poco estudiada. Hay que nombrar en el recuento a Morelos; a la corriente anarquista del siglo XIX y al General Miguel Negrete; a Zapata y a la corriente liberal anarquista del siglo XX y a los constituyentes del 17, que le imprimieron a nuestra carta magna un sentido social, en aras de garantizar efectivamente el bien común.

No puedo omitir – por su importancia histórica – mencionar la “Ley general Zapatista sobre la administración de la justicia”, publicada en diciembre de1915, cuyo salto cualitativo consiste en establecer la necesidad imperante de hacer prevalecer la justicia y la ley cotidianamente, mediante una correcta impartición. Cito los tres primeros puntos de la exposición de motivos de la Ley:

“Primero: Que la recta administración de la justicia es una de las más grandes necesidades de la sociedad porque sin la garantía eficaz de los derechos de sus miembros, el orden público no puede existir, ni habría aliciente para la consecución de los fines a que todo hombre aspira en virtud de…su naturaleza intrínseca.

Segundo. Que si en tiempos de la tiranía pudo invocarse el derecho de la fuerza bruta para exprimir y explotar a los pueblos, hoy que éstos han conquistado su libertad, los gobernantes todos deben considerarse como simples servidores de la comunidad y el bien público, (siendo esto) el origen de su autoridad y la justificación de su existencia.

Tercero. Que para que la Administración de justicia beneficie a la sociedad entera, se hace necesario reconocer la verdad…de que la justicia no es obra técnica sino profundamente humana, y establecer, como consecuencia, leyes justas y procedimientos breves, sencillos y claros para aplicarlos por los tribunales a los casos de controversia que ante ellos se presenten.”

Somos un pueblo festivo, tenemos la capacidad de reírnos de nuestra realidad, aunque esta paradójicamente nos hiera. En esa paradoja inventamos la palabra que explica nuestra ausencia de justicia: COCHUPO.

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *


*

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>