Autor de “Azteca” nos hizo viajar al pasado y conocer Tenochtitlan

By on mayo 13, 2019
mercado Mexica, Tenochtitlán
  • ¿Alguna vez has imaginado cómo sería conocer Tenochtitlan? Pues Mixtli nos relata su primer viaje para conocerla en el libro “Azteca” de Gary Jennings, que nos transporta de una forma mágica a la ciudad más grande del mundo.

«¡Abre bien los ojos ahora, hijo Mixtli!», gritó mi padre desde su lugar en los remos.

Como si Flor del Atardecer hubiera dado una señal, una segunda luz apareció, ésta a un nivel muy por debajo de la línea dentada de las negras montañas. Entonces llegó otro punto de luz, y otro y otros veinte de veinte más. Así vi Tenochtitlan por primera vez en mi vida: no como una ciudad de torres de piedra, de ricos enmaderados y pinturas brillantes, sino como una ciudad de luz. Según se iban encendiendo las lámparas, linternas, velas y antorchas, por las aberturas de las ventanas, en las calles, a lo largo de los canales, en las terrazas, cornisas y tejados de los edificios, los puntitos separados de luz se hicieron grupos, los grupos se mezclaron para formar líneas de luz y las líneas de luz dibujaron los contornos de la ciudad.

Los edificios en sí, desde esa distancia, estaban oscuros y sus contornos borrosos, pero las luces, ¡ayyo, las luces! Amarillas, blancas, rojas, jácinth, en todos los colores variados del fuego y aquí y allá una verde o azul, en donde el fuego del altar de algún templo había sido rociado con sal o con filigranas de cobre. Cada uno de esos grupitos y bandas de luz como cuentas relucientes, brillaban dos veces pues cada una tenía su reflejo brillante en el lago. Aun las calzadas elevadas y empedradas que saltan entre la isla y tierra firme, aun éstas, portaban linternas en palos a intervalos en toda su extensión, a través del agua. Desde nuestro acali podía ver solamente las dos calzadas que salían de la ciudad hacia el norte y hacia el sur, pero cada una parecía ser una brillante y delgada cadena de joyas a través del cuello de la noche, un espléndido pendiente de brillante joyería en el seno de la noche.

«Mexico-Tenochtitlan, Cem-Anáhuac Tlali Yoloco —murmuró mi padre—. Es realmente El Corazón y el Centro del Único Mundo.» Yo había estado tan transportado por el encanto, que no me había dado cuenta de que él estaba a mi lado. «Mira todo lo que puedas, hijo Mixtli. Tú puedes ver esta maravilla y muchas otras más de una vez, pero siempre y por siempre habrá sólo una primera vez.».

Tenochtitlan

Dirigí mis ojos hacia la ciudad que estaba más allá de la zona de los muelles. Brillaba, pulsaba, resplandecía de blanco a la luz temprana del sol. Eso hizo que me sintiera orgulloso de mi isla natal, porque los edificios que no habían sido construidos con la blanca piedra caliza estaban aplanados con el yeso blanco, y yo sabía que la mayor parte de aquel material llegaba de Xaltocan. Aunque los edificios estaban adornados con frescos, franjas y paneles con pinturas de vividos colores y mosaicos, el efecto dominante era el de una ciudad tan blanca que casi parecía plateada y tan resplandeciente que casi lastimaba mis ojos.

En esos momentos, las luces de la noche anterior ya estaban totalmente extinguidas y sólo desde alguna parte el fuego quieto de un templo enviaba una cinta de humo hacia el cielo. Entonces vi una nueva maravilla: en la cumbre de cada azotea, de cada templo, de cada palacio de la ciudad, de cada una de las partes más sobresalientemente altas, se proyectaba un asta y en cada una flotaba un estandarte. Éstos no eran cuadrados, triangulares o rectangulares como las insignias de batalla; eran mucho más largos y anchos. Totalmente blancos excepto por la insignia de colores que portaban.

Algunas de éstas las pude reconocer, como la de la ciudad, la del Venerado Orador Axayácatl, las de algunos dioses; pero otras no me eran familiares, deberían de ser las insignias de los nobles locales y de los dioses particulares de la ciudad.

Fuente: Tuul.tv

https://tuul.tv/cultura/asi-describio-tenochtitlan-el-autor-azteca-y-nos-hizo-viajar-al-pasado

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