Las Raíces del Fuego: Sombras y Destino

By on mayo 25, 2019
Camino

Gildardo Cilia López

Por: Gildardo Cilia López

El Episodio del tren

Entre 1915 y 1924, se vivió un periodo sombrío, la desolación se intensificó en Chietla y por supuesto en toda la Baja Mixteca. La inseguridad era el rasgo característico de todos los días y, sin excepción alguna, todas las familias estaban expuestas a beber del cáliz amargo de la tragedia.

La muerte y la destrucción se percibían en los hogares y  en las calles de las poblaciones; también en las veredas, caminos, montes y cerros: todo el paisaje de la Mixteca estaba sujeto al vendaval de la violencia. Por esa razón, “Vito”, periódicamente y de acuerdo con sus posibilidades, trasladaba a las personas que consideraba más vulnerables: a su esposa “Gabi”, a su madre Cristina  y a sus hijos adorados: “Tollo” y Sabino, sin olvidar a “Mirito”, a lugares más seguros; en donde podían vivir con menores sobresaltos. Más protegidos.

Podía morir en cualquier momento, pero consciente de su condición de “pater familias”, comprendía que él era el baluarte del sustento, la defensa y la sobrevivencia de su prole. Así, en 1915, mediante la intervención del Jefe de la Estación del Ferrocarril Interoceánico de Atencingo, don Guillermo Andónegui – hermano del  Jefe Político de Chiautla de Tapia, victimado por los zapatistas en 1911 – empezó a laborar en esa empresa, como responsable del “Carro de Express”. Ante tal circunstancia, decidió trasladar a la familia a la Ciudad de Atlixco.

La vida, sí, depende del azar; pero en el periodo armado de la Revolución Mexicana el hilo era aún más insondable: tristemente más misterioso. En el destino actúa lo que se quiere para sí, pero éste se vuelve  inescrutable porque en él interviene una fuerza extraña, que es ajena al deseo y a la voluntad de los hombres. Se pude forjar el futuro, pero hay eventos que cotidianamente modifican el sentido que le queremos dar a la vida. ¡Sí!,  la vida es transitoria, pero nuestra permanencia sobre la tierra se puede  acortar o alargar por situaciones imprevistas. ¿Qué tanto actúa la mano de Dios en el destino de cada quién?; nadie lo sabe, es un problema de fe; pero creo que las circunstancias son los dados con los que juega Dios:               

tren

Estación ferrocarril de Atencingo


“Teníamos pocas semanas de radicados en Atlixco, cuando circuló en la población  la noticia de que un tren procedente de Chietla había sido “volado”. Inmediatamente se posesionó una inquietud y temor incontrolables, pues sabíamos que ese día le tocaba a mi padre arribar a Puebla con su carro de express. Nos fuimos a la Estación y ahí nos enteramos que las dinamitas habían sido colocadas entre las estaciones de Champusco y la Sabana, que el tren explorador que antecedía al tren de pasajeros había sido volado (al igual) que el carro del express.

 Lo que voy a narrar a continuación, relacionado con la milagrosa salvación de mi padre en el atentado por la facción zapatista parece obra de la ficción, a no ser por la natural explicación que inmediata y posteriormente él nos describió:

 Resulta que estando trabajando en la Estación de Chietla por una ventanilla le hizo señas una persona para que saliera al andén. Salió y se encontró con su antiguo conocido y paisano el señor Librado García, quien por su precaria condición económica y la incapacidad de llevarle el pan a sus hijos, le pidió a mi padre que le consiguiera con el Jefe de Estación un empleo, así fuera de barrendero o cargador, favor que le agradecería de infinito.

 Mi padre conocedor de las necesidades humanas, le contestó más o menos así:

 Este día me toca salir de Mensajero de Express, trabajo consistente en llevar un carro de carga de express a Puebla y le ofreció: yo voy a ir a Atlixco a llevar un poco de dinero a mi esposa; si te conviene manejar el trabajo del carro express, hoy mismo te ofrezco bajarme del tren de pasajeros en cada una de las estaciones que pasemos para explicarte en la práctica el manejo de las guías que amparan todos y cada uno de los bultos del carro y los que tienes que recibir.

 En efecto, al llegar a Colón cumplió con lo ofrecido; esto es, se bajó del tren de pasajeros y a toda prisa se dirigió al carro express que era arrastrado por el tren explorador para explicarle el manejo de las guías y así lo hizo en Matamoros y en San José Teruel, la última estación en que se vieron.

 El tren explorador iba delante del de pasajeros unos diez minutos, o sea, iba a unos cinco kilómetros de distancia; maniobra que se hacía por precaución, con el propósito de salvaguardar la vida de la gente. En Teruel arrancó su marcha con su equipo de tropa y el carro de express en el que iba el infortunado Librado. Al aproximarse en Champusco se escuchó un estruendo terrorífico, habían volado el tren explorador y por la detonación de los explosivos se habían volcado y volado otros carros de arrastre, incluyendo el de express.

 Rebasando los límites de la prudencia y desafiando el peligro, mi padre se bajó del tren de pasajeros y se encami al lugar del desastre. Se dirigió al carro de express, buscó entre los bultos, cajas, costales y huacales, el cuerpo de Librado, muerto o herido, pero no lo encontró. A diez metros estaba un chamaco, pastor y se dirigió a él para preguntarle si por casualidad había visto a una persona con tales características. Él le contesto que se había fijado en un hombre que saliendo de los carros dinamitados, había corrido a campo traviesa, pero que lo habían interceptado unos hombres – los que le habían puesto la dinamita al tren – y que lo habían matado, pues vio y oyó que le habían disparado y que había caído al suelo. Buscó mi padre el lugar donde le había indicado el chamaco y no encontró a Librado; lo volvió a buscar y todas sus búsquedas fueron infructuosas. Fue así como mi padre se salvó de una virtual muerte, tendiéndole la mano a un amigo; así de dramática era la vida. (Notas Biográficas de Eustolio Cilia Flores)


revolución

Ataque zapatista a un tren, autor, José Guadalupe Posada

La otra sombra del apocalipsis: las enfermedades

México no acababa de sufrir, las Moiras incansables seguían cortando los hilos de la vida. A los tiempos aciagos de la revolución prosiguieron problemas epidémicos en las ciudades y pueblos de México. La influenza española llegó a Chietla entre los años de 1918 y 1919 y pese a la recaída de “Gabi”, la familia pudo sobrevivir. Tío Tollo hace especial énfasis que “Papá Vito” no se contagió por las copitas de mezcal con limón:


“Ahí tuvimos que sufrir la espantosa epidemia de la influenza española, pues mi madre enfermó y se vio muy grave, y si digo espantosa, lo digo sin hipérbole, pues basta decir que en un pueblo de tres mil habitantes en aquella época, morían de 20 a 30 personas diariamente. Mi padre, como muchas de las personas mayores, se reunían en las cantinas para tomarse dos o tres copas de mezcal con limón, dizque para prevenirse del contagioso mal, y a fe mía que no andaban tan errados, pues además de que todos los participantes en la “prevención” no enfermaron, tiempo después fue opinión de algunos doctores de que la ingestión de mezcal con limón había contrarrestado o prevenido el microbio de la enfermedad.” (Notas Biográficas de Eustolio Cilia Flores)


mezcal

Las bebidas alcohólicas en la región tenían una calidad indiscutible. El mezcal se producía con los abundantes agaves silvestres que existían en la Baja Mixteca. En el periodo novohispano “El Real Decreto del 17 de enero de 1774”, estableció limitantes en la producción de mezcal en Puebla, pues competía con los licores de España. La tradición no se perdió, el destilado se continuó produciendo en la región pese a las prohibiciones y limitaciones; de tal forma que la “Estadística de la República Mexicana de 1880”,  señala que el Estado de Puebla era el segundo productor nacional de mezcal. Esta bebida sigue siendo excelente y es infaltable en las fiestas patronales y de los barrios de muchos pueblos de la Región de la Baja Mixteca, tal como acontecía desde el siglo XVIII.

La región azucarera, en la planicie de la Baja Mixteca, por su parte,  producía un aguardiente incomparable llamado “chínguere o chinguirito”, que fue objeto de exportación a tierras españolas. Los trapiches producían la miel que en los alambiques artesanales se transformaban en aguardiente; éste se depositaba en barricas y se añejaba virtuosamente en el vaivén del movimiento del mar durante el traslado oceánico; de modo que al llegar a España la calidad del producto era excepcional, por lo que tenía una gran demanda; a tal punto que competía con los destilados españoles. El proteccionismo y la concepción mercantilista de los colonizadores españoles sustentada básicamente en la explotación de la plata, redundó en  la imposibilidad de crear y  desarrollar este tipo de industrias. En el último tercio del siglo XVIII, se prohibió la exportación y se limitó la producción del chinguirito; sin que se cumpliera del todo, porque en la región se siguió elaborando esta excelente bebida.

Ambos destilados: el mezcal y el chinguirito,  no sé si fueron un factor de sobrevivencia, como lo afirma “Tollo”, pero, sin duda, eran dosis exquisitas que “hacían olvidar las penas y el riego inminente de contraer la gripe española”.

Sin embargo, en efecto, la esperanza de vida en las primeras décadas del siglo XX era corta. La familia no podía estar exenta a los padecimientos que aquejaban al país; se había salvado de la influenza, pero en 1918 empezaron las calamidades y desgracias:

“Constituían la familia (directa): mi padre, mi madre, por orden de edad yo, mi hermano Sabino y mi hermanita Josefa, quien nació en 1916 y por esos años tenía dos año y medio o tres y… el destino se cebó pues en 1918 falleció mi tío Jesús, víctima de un grave mal hepático y meses después mi hermanita Josefa a causa del sarampión”. (Notas Biográficas de Eustolio Cilia Flores)


La muerte de Pablo Cilia

En 1924 el infortunio llegó de nueva cuenta con la muerte violenta de Pablo, el padre de “Vito”; el abuelo muy querido de “Tollo”, “Sabino y “Mirito”. El evento presenta varias lecciones importantes:

Primero, el carácter de “Gabi”, que nunca se doblegó ante la adversidad; además tenía un valentía incomparable, incluso fue capaz de enfrentar a un criminal atroz. Su carácter y fortaleza, le dieron la continuidad que la familia necesitaba en ese tiempo de violencia extrema. Fue desde niña una mujer forjada por la pérdida de seres queridos y heredades; pero nunca tuvo tiempo de duelos largos, porque casi inmediatamente tenía que sobreponerse para afrontar la desolación y la desesperanza; de modo que concebía a la vida como una lucha continua contra el destino que le habían impuestos crueles hados:


Mi inolvidable mamacita Gabina, entre otros atributos, era decidida y valiente. El Domingo de Ramos de la Semana Santa del año de 1924, eran como las once de la mañana, cuando Casimirito y yo estando jugando en la casa, nos dimos cuenta que en la calle pasaba mi abuelito Pablo en medio de dos hombres, todos ellos con síntomas de embriaguez, salimos y le pedimos dinero, nos lo dio, y siguieron caminando. Momentos después una vecina le grito a mi mamá diciéndole que en la esquina habían lastimado a mi abuelito. Inmediatamente se armó con un garrote que encontró a la mano y al pasar a toda carrera el delincuente, mi mamá lo persiguió varias calles hasta llegar a una huerta a orillas del pueblo. Para entonces ya iban también los policías en su persecución, lo mismo que mi papá, quien portaba una pistola. El maleante se había trepado en lo alto de un árbol frondoso. (Notas Biográficas de Sabino Cilia Flores).


El segundo elemento a considerar es el carácter apacible y la profunda convicción en la justicia de “Vito”. ¿Cómo poder contenerse ante la actitud alevosa de un criminal que había victimado con un puñal a su padre? En ese momento, seguramente, su sangre hervía y era presa de una profunda obnubilación; lo más probable bajo esas circunstancias es que se actué instintivamente;  dejarse llevar por impulsos primitivos, inconscientes, derivados del dolor, la impotencia y el rencor. No actuó así, en él operó como siempre la mesura y la prudencia:


“Mi papá carente de instintos criminales y como buen cristiano, no solamente no lo mató ahí, no obstante de que estaba haciendo  azuzado por el comandante de la policía y los agentes del orden; sino que prohibió terminantemente que ellos lo hicieran, habiendo sido aprehendido el asesino y conducido a la cárcel de Chietla y días después trasladado a Chiautla en donde procedía legalmente su consignación. En el colmo de la benevolencia, mi papá obedeciendo indicaciones de su mama Cristina, se abstuvo de toda gestión en el proceso para el castigo del culpable, de lo que resulto que al poco tiempo saliera en libertad y que ya estando en Chietla, se convirtiera en un enemigo más en la vida de mi papá. Pero poco después, el asesino de mi querido abuelito Pablo, fue acribillado por otro individuo, cumpliéndose de esta manera con aquel axioma que dice: “El que a hierro mata, a hierro muere”. (Notas Biográficas de Sabino Cilia Flores).


Gabina

Doña Cristina Méndez de Cilia

La discordia y el odio eran incontrolables, “Vito” se había convertido en un hombre acechado  por la envidia y la radicalización de las pugnas políticas; fue “Gabi” la que evitó que el destino fuera todavía más aciago:


“Mi Papá Vito en su actuación de litigante, funcionario o político, ocasionó que algunos individuos se convirtieran en sus enconados enemigos, los cuales haciendo a un lado los cauces de la legalidad, trataron varias veces y en distintas formas de cometer actos de violencia en su persona, tan infames como el del criminal que asesinó a mi abuelito Pablo. Esta fue la causa por la que él iba armado de una pistola en momentos de necesidad, como sucedió cuando fue invitado a una fiesta en la que participó tocando el violín en la orquesta. Cuando en la madrugada llegaba a la casa, lo estaba esperando un enemigo preparado para agredirlo. Mi papá dándose cuenta de esto, se protegió en un poste del alumbrado público; pero al mismo tiempo mi querida mamacita (Gabina) que lo estaba esperando en la puerta de la casa, se interpuso valientemente entre los dos y de todo lo que haya dicho y actuado, evitó al fin un fatal desenlace”.


Muy  pronto el pesar se haría más profundo.

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