Las Raíces del Fuego: El Joven en su Laberinto

By on junio 14, 2019
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Gildardo Cilia López

Por: Gildardo Cilia López

Se dice que caminamos en un doble laberinto: en el laberinto de la razón y en el laberinto de las pasiones. Yo creo que no existe disociación. Sólo se camina  sobre un laberinto, avanzar significa utilizar nuestro razonamiento y nuestros sentidos para poder hacer frente a las circunstancias, que se constituyen en los obstáculos para no movernos sobre una tediosa línea recta.

Cuentan que el Rey Minos le encargo a Dédalo la construcción de una laberinto de galerías concéntricas, lleno de pasadizos y de falsas puertas, para encerrar a un Minotauro. Una vez que se entraba en él, sólo se podía mover uno de un lado a otro; se podía retroceder, incluso avanzar, pero jamás salir.

Minos símbolo del poder, dueño del laberinto y del monstruo (dice Julio Cortázar), atemorizaba a los otros pueblos. Le exigía periódicamente a Atenas el sacrificio de siete jóvenes para ser devorados por el Minotauro en su prisión: el laberinto.

El héroe ateniense Teseo, decide ir a Creta, con el propósito de matar al monstruo y liberar a su pueblo de semejante sacrificio. En el Palacio de Creta encuentra a Ariadna, hija de Minos, quien se enamora de él y cautivada, además de obsequiarle una espada mágica, le da la clave para escapar del laberinto. La estratagema es ejemplar por su sencillez: le da un ovillo de hilo que iba desenrollando a medida que se adentraba en la prisión del monstruo; una vez que lo vence, enrollando el hilo logra superar lo que parecía imposible: escapar del laberinto.

El hilo conductor que lo lleva a salvo de una manera tan simple confunde a Teseo; no entiende el sentido de su verdadera historia. El héroe lleva en sus manos la cabeza del monstruo, pero no comprende que la verdadera hazaña ha sido su libertad. En la obnubilación de la victoria descarta que tenga tanto o más mérito quien había dilucidado la forma de abandonar el laberinto; tampoco comprende que al huir de Creta con Ariadna, debía de recorrer con el mismo valor el camino intrincado del extenso mar. Por la premura de llegar a buen puerto y de evadir a los monstruos marinos, abandona a Ariadna en una ínsula desértica.

El hilo de la libertad se había quedado en Creta,  en el ser del héroe se había entretejido un nuevo hilo: el hilo invisible de la ingratitud.

La historia no termina ahí. Minos se entera que quien había ideado la estratagema para escapar del laberinto era Dédalo, el arquitecto del Laberinto; que Ariadna sólo había sido un portavoz de su ingenio. Lleno de ira el poderoso rey aprisiona a él y a su hijo Ícaro en la que había sido la cárcel del Minotauro: el laberinto. Dédalo sabía que sólo era factible abandonarlo por los caminos del aire. Y es que la libertad invariablemente está asociada a la plasticidad del cielo, por eso el hombre desde su origen ha dirigido su vista al universo.

Dédalo contempla el vuelo de las aves y entiende que hay que imitarlas para surcar los aíres y así abandonar la asombrosa prisión que él mismo había erigido. Construye dos pares de alas, unas para su hijo Ícaro y otras para él. Con el acopio de una gran cantidad de plumas fija una estructura con cera de abejas.

El amor hacia el hijo lo lleva a concluir que lo ideal era liberarlo del laberinto. No concebía que  dejarlo caminar solo en él, significaba la mejor  oportunidad de despertar en Ícaro sus sentidos y su espíritu creativo

El gran artífice  sabía que en el cielo también existían contratiempos y le advierte a Ícaro antes del vuelo:


“Si quieres huir conmigo del laberinto préstame atención: si vuelas muy bajo la humedad del agua empaparán las plumas y caerás al mar… Y si vuelas muy alto, el calor del sol derretirá la cera, se desprenderán las plumas e invariablemente también te precipitarás a las aguas profundas…Témele también al viento y obedece el impulso que genera su energía”.

Para proteger al hijo, amoroso le ofrece: “yo seré tu guía y como timonel, dirigiré lo que debe ser tu cauto vuelo”.


Sin la prudencia, madre de la sabiduría, que origina el recorrido por la vida; lleno de temeridad, Ícaro en el vuelo se separa de su padre. Presa del espejismo que le daba la libertad de volar, deslumbrado siente que puede tocar el carro de Helios, ignora que en el cielo el hombre todavía es más frágil; que en realidad lo que está haciendo es surcar un espacio destinado a los dioses. Su insensatez lo lleva a su cruel destino: al aproximarse al fuego solar se derriten sus alas; agita precipitadamente sus brazos, pero todo es inútil, le espera la profundidad del mar.

La vida de Ícaro se había ido en un instante, entre el espejo del sol y del agua. Dédalo, sollozando, comprende que había desvirtuado el camino de Ícaro: ¡qué cada quien debe recorrer su propio laberinto, por más aciago que este fuere!.

Parroquia de San Agustín, 1901, Chiautla de Tapia, Puebla.

Parroquia de San Agustín, 1901, Chiautla de Tapia, Puebla

Los Años de Incertidumbre

La muerte de “Gabi” – su madre – significó para Sabino intrincar el camino; en medio de una realidad que en aquellos tiempos obstaculizaba toda posibilidad de superación académica:


“Yo continué mis estudios de instrucción primaria en Chiautla: primero en el Colegio Católico que funcionaba en unos de los salones del convento anexo a la iglesia parroquial de San Agustín y los terminé en la Escuela Oficial instalada en una casa particular, limítrofe a lo que se ha llamado “El Palacio Viejo”, bonito edificio que existió y que ya estaba derruido y en el que muchos años después se reconstruyó con otra fisonomía, en donde actualmente funciona la Escuela Normal “Luis Casarrubias Ibarra”. Mientras tanto hasta esa escolaridad habían llegado mis conocimientos, porque en esa época no funcionaban instituciones educativas superiores en donde se pudiera continuar la capacitación académica”. (Notas biográficas de Sabino Cilia Flores)


Los destinos de “Vito” y Sabino, empezaron a bifurcase. El artífice de la superación de la familia Cilia: “Vito”, había decidido darle la continuidad natural a su vida; razón por la cual Sabino empezó a luchar por su emancipación. Todo acto de libertad tiene una causa, puede ser admirable; pero es dolorosa cuando la causa rasga las vestiduras del alma:


“Pero, he aquí que se presentó un inesperado y sorpresivo acontecimiento que a mí me causó gran decepción y desaliento, pues mi papa a los cuantos meses de haber fallecido mi inolvidable mamacita Gabina, se casó religiosamente con la señorita Lucina Aguilar Salazar. En honor a la verdad debo decir que en el transcurso del tiempo, ella siempre demostró amarlo mucho, le fue fiel, leal y abnegada.

Yo no estaba contento ante tal situación porque me sentía un inadaptado. Pensé la forma de encontrar la separación y al fin la encontré: le pedí a mi papá me concediera permiso para que con mi hermano Heroncito que tenía cuatro años de edad, nos fuéramos a visitar a mi hermano Eustolio que para ese entonces se encontraba trabajando en la Estación del Ferrocarril Interoceánico en Parián, Oaxaca. Mi papá, bondadoso como fue siempre, accedió a ello y me dio suficiente dinero y además, me entregó una carta para que el Lic. Odilón Ochoa, de Puebla, me diera otra cantidad.

 Recuerdo que el 5 de mayo, nos quedamos a pasear en la Ciudad de Puebla y que para conocerla mejor alquilé un automóvil por dos horas; pero antes le compré un bonito traje a mi hermanito, que desde luego estrenó. Al día siguiente salimos en tren de Puebla para Parián. Mi hermano Tollo no sabía de nuestra visita; de modo que al llegar a la estación cuando nos vio nos abrazó efusivamente”. (Notas biográficas de Sabino Cilia Flores).


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Estación de ferrocarril

Sabino estaba más que formado, era un joven de 13 años que había iniciado con gran determinación una aventura; pero también sobresalía por su temple y la fortaleza de su carácter. Así lo relataba la esposa de “Tollo”, mi querida tía Filomena Minero (“Filo”):


“Al llegar los niños a la casa, en forma reservada “Tollo” me hizo la siguiente recomendación: “Mi querido hermano Sabino es muy delicado y le gusta ser formal en sus actitudes; es sincero y trata a la gente respetuosamente; razón por lo cual quiero lo trates de la misma forma”. Yo le conteste: “¡Ay!, pero si apenas es un niño”. Al tratarlo me di cuenta que Sabino, en efecto, tenía un carácter especial, que era acomedido pero de carácter e ideas firmes; que sólo podía tener su estimación, si en correspondencia, lo trataba con el mismo respeto con la que me trataba él. Desde ese entonces afectuosamente siempre lo he llamado de usted”.


Pero Sabino no podía comprender el derrotero de la vida, continuaba con su resentimiento: no podía admitir en el núcleo familiar la existencia de otra mujer distinta a su madre. “Vito” quería hacerlo entender:

Vista Panorámica de Chiautla de Tapia, Puebla.

Vista Panorámica de Chiautla de Tapia, Puebla.


“Mi querido padre cuando regresé de Parián a Chiautla, con palabras amables y razonamientos  trató de justificarse conmigo y agregó que cuando llegara a la edad adulta entendería mejor las cosas. Como consecuencia de las resoluciones que adoptamos, se contrató a una empleada doméstica que estuviera exclusivamente bajo mis órdenes.

 También como desde niño di muestras de que mucho me gustaba trabajar para ganar dinero, mi papá, por sus influencias, cuando transcurría el año de 1927, consiguió me nombrarán Secretario del Juzgado de Paz y después, en 1928, pasé como Comisario del Juzgado de Primera Instancia  y de la Criminal”. (Notas biográficas de Sabino Cilia Flores).


Aun así, Sabino quería alejarse del núcleo familiar que su padre había formado; decide probar suerte en Atencingo, en donde “Tollo” – en ese momento – se encontraba trabajando en la Estación de Ferrocarril:


“Mi hermano “Tollo” me recibió gustosamente, lo mismo que mi estimada cuñada “Filo”. Me estuvo enseñando los signos de la comunicación telegráfica, la venta de boletos de pasaje y el servicio de express, así como los controles administrativos de los mismos. A solicitud mía, me consiguió el empleo de velador de la Estación de Ferrocarril de Atencingo. Como cumplía estrictamente con mi deber, la vista ya la tenía irritada porque en el día se me dificultaba dormir. Ante tal esfuerzo tuve que dejar ese empleo, además decidí regresar a Chiautla de Tapia, mi tierra amada”.

Chiautla de Tapia, "El Palacio Viejo".

Chiautla de Tapia, “El Palacio Viejo”.


Pero había otra razón poderosa, él ya era un joven de 15 años y los contornos de la ancestral Chiautla se habían hecho seductores, divinamente seductores:


“Mi papa tenía una mandolina y por mí mismo, logre tocar a satisfacción ese instrumento, en la que ejecutaba música de la época, acompañándome con su guitarra un gran amigo mío, Leoncio García. Cuando ya tuvimos preparados nuestro repertorio, íbamos preferentemente en horas de la madrugada a llevarles serenata a las muchachas conspicuas seleccionadas por nosotros, incluyendo, por supuesto, a nuestras novias”.


Se hizo así cantor: el romanticismo inundó su vida: su alma y sus sentimientos:

Luciérnagas y  estrellas:

linternas diminutas y remotas,

chispas de  fosforescencia,

e hilos de  filigrana,

iluminan el camino,

guían los pasos,

en el laberinto constelado

del poeta peregrino.

Ensueño  y delirio:

un mar de pétalos abiertos,

con contornos de fuego,

de ardientes deseos.

de candente suspiros,

de furtivos alientos;

y la Galaxia: láctea generosa,

y la tierra prometida,

configuran desbordada,

la anhelada poesía.

Pero enamorar y ser trovador en aquella época también implicaba riesgos. ¡Ah!, el magnífico don de la palabra y la capacidad de convencimiento de Sabino Cilia Flores – mi padre – siempre lo sacó a flote en momentos aciagos  e imprevistos, incluso cuando la vida se puede perder en un tris:


“La señorita Austroberta López, era una joven bonita, de buen porte, de tez blanca y de familia acomodada. La visitaba más o menos a la ocho de la noche y nos reuníamos en la tranca del patio de su casa, con la aprobación de sus padres. Cuando en cierta ocasión me despedí de ella, al caminar unos metros me encontré de improviso con un señor de apellido Cosiña, el que me estaba esperando en la oscuridad de la calle. Me detuvo de inmediato y me dijo que lo acompañara porque tenía que platicar conmigo.

Cuando ya estábamos casi a las orillas del Pueblo le repetí que me dijera de una vez lo que quería de mí y entonces sacando un gran puñal me indicó que iba a matarme porque él era novio de Beta y que yo se la había quitado.

 Ocultando el miedo que mucho sentí, pues iba desarmado, le contesté: “detente Cosiña, tu y yo somos amigos y como amigos vamos a entendernos. Te prometo que desde este momento jamás volveré a verla. Yo ignoraba que tú fueras su novio. Soy respetuoso de las mujeres ajenas. ¡Créeme en lo que te digo!” Así por el estilo le seguí hablando para calmarlo, sin ninguna palabra altanera sino de convencimiento y cuando bajó el puñal y lo guardó, suspire profundamente y mentalmente le di gracias a Dios.


La ruta del destino

Es posible forjar el destino, enfrentar la adversidad, pero también existe, en cada quien una especie de sino, que hace que las cosas sucedan o no sucedan. Por eso los griegos pensaban que en la vida de los hombres había un designio inevitable; que el destino estaba trazado por la mano invisible de los dioses.

¿Hasta dónde somos responsables de nuestro destino? Nadie lo sabe. Narro una historia que relata  Sabino, cuando él tenía 15 años. Como un signo de esos tiempos era posible enfrentar hechos no buscados y ante tal situación, uno podía arremeter con la misma o con mayor furia. Y es que la violencia cuando se encona en los seres humanos, se apodera de los sentidos, perturba y puede cambiar el destino de  un hombre. Eso estuvo a punto de sucederle a mi padre:

 El  "Puente de las Flores", Chiautla de Tapia

El  “Puente de las Flores”, Chiautla de Tapia


“En cierta ocasión me encontraba bañando en los tanques que había en el barrio de Tecomaxuchitl, en Chiautla, en donde corría en aquel entonces suficiente agua en la barranca, cuando al salir y ya vestido, inesperadamente se abalanzó para golpearme un joven de más edad que yo, del que yo me defendí y a la vez ataqué. El resultado fue que me retó para enfrentarnos como fuese cuando volviéramos a vernos.

 En cierta ocasión, cuando me encontraba en el Juzgado en el desempeño de mis ocupaciones  (como Comisario de Primera Instancia y de lo Criminal), me di cuenta que en el rincón de un local, se hallaban hacinadas algunas armas de fuego y de punzocortantes recogidas a los delincuentes consignados. Al estarlas revisando me gustó una pistola de mediano tamaño, de “quebrar”. Sé la solicité a mi papá que era el Juez y me la concedió. Yo andaba muy ufano en la calle con el arma en el cinto, pero sin ningún pensamiento malévolo.

 Sin embargo, de manera inesperada, llegó el momento de la prueba. Cuando me encontraba en “El Puente de las Flores”, nuevamente se me enfrentó el enemigo gratuito que me había agredido en Tecomaxuchitl. Se acercó a mí para atacarme con un puñal y yo instintivamente saqué mi pistola para defenderme y jalé el gatillo para disparar, por lo que él al ver esto emprendió despavorida huida.

 Cuando me quede solo me di cuenta que la bala no había salido de la pistola, volví a disparar al aire y entonces sí hubo la detonación. Dios en su infinita misericordia había evitado que yo me hubiera convertido en un criminal o que mi enemigo me hubiera matado. Al día siguiente, sumamente arrepentido, devolví la pistola a mi papá, a quien le platiqué lo que me había pasado. Hice el juramento, por mí mismo, que jamás volvería a usar ninguna arma para atacar o defenderme, porque la vida de mi prójimo vale más que la mía.” (Notas biográficas de Sabino Cilia Flores).


 Los hilos del destino: ¿Qué tanto los teje el hombre? ¿Qué tanto los teje Dios?

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