La crítica en educación – La educación crítica

By on junio 28, 2019
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  • Nuestra sociedad es muy temerosa de la crítica educativa, a los maestros y maestras desde la formación básica se les enseñó a obedecer por encima de cuestionar o manifestar los desacuerdos

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Por: Miguel Ángel Pérez Reynoso*

*Doctor en educación.

Profesor–investigador de la UPN Guadalajara, Unidad 141.

mipreynoso@yahoo.com.mx

A Andrea Ramírez, que el nuevo camino te gratifique.

Vamos a extrañar tu voz y tu postura crítica que tanta incomodidad generó en algunos funcionarios locales.

Una de las aspiraciones más grandes en educación es ser capaces de lograr el fomento del pensamiento crítico en las y los educandos. El pensamiento crítico se caracteriza por la capacidad de dilucidación, los sujetos antes de aprender o asimilar algo lo cuestionan, lo desmenuzan al máximo, no todo se cree o se asimila a la primera, hay que dosificarlo. No existe hasta ahora de lo poco que sé, una didáctica para el fomento del pensamiento crítico, las escuelas anteponen el aprendizaje de las cosas ya sabidas y fomentan muy poco la generación de preguntas, los cuestionamientos y el fomento crítico de la realidad.
En el otro lado tenemos las distintas críticas que se hacen en educación, criticas al modelo de formación, a la gestión de la escuela, a la designación de funcionarios y del staff técnico de la secretaría, críticas a la forma de cómo se toman las decisiones, de cómo se operan, críticas a las recomendaciones para dirigir las escuelas, etcétera.
Nuestra sociedad es muy temerosa de la crítica educativa, a los maestros y maestras desde la formación básica se les enseñó a obedecer por encima de cuestionar o manifestar los desacuerdos. En ello no se trata de manifestar la oposición a toda costa, sino de aprender a argumentar para justificar tal o cual postura pedagógica. Las personas que cuestionan, que refutan, que se insubordinan son mal vistas en las escuelas, la escuela se creó para prolongar la obediencia acrítica que viene desde el hogar y no para otra cosa. Es por ello que aquí se requiere, se justifica una ruptura epistémica y un cambio de paradigma. Pasar del silencio al uso de la voz, pasar de la obediencia a la insubordinación, pasar del acatamiento de las cosas al cuestionamiento de los fenómenos y de todo lo que acontece en la escuela.
Esta tarea no es sencilla ni tampoco cómoda, ya que hace cimbrar las buenas conciencias pedagógicas. Tanto el gobierno de Enrique Alfaro con su secretario de educación y todo el equipo de colaboradores de la SEJ, les molesta, les incómoda la crítica y más cuando ésta se torna mediática y como hoy se dice viral. Sin embrago, van ganando muy bien las descalificaciones y señalamientos de los que son objeto, los problemas educativos persisten en el estado y algunos más van en ascenso: los rezagos, los problemas en la nómina, la falta de agilidad para resolver problemas administrativos, la falta de claridad en su propuesta educativa sexenal, etcétera.
El fomento del pensamiento crítico nos puede servir para cuestionar las malas acciones y las peores decisiones de los gobiernos, rectificar las formas de participación ciudadana, etcétera.
Iniciemos con una pedagogía para el fomento del Pensamiento Crítico (así con mayúsculas), ensayemos de cómo niños y niñas aprendan a cuestionar, a enjuiciar, a buscar otras alternativas a las “oficiales”. ¿Quién le teme a la crítica en educación?
Este es el punto central que debería de analizar(se) en las escuelas que forman a los futuros docentes en nuestro estado. El pensamiento crítico se aprende desde pequeños, tal vez desde el prescolar, requerimos educadoras, docentes y catedráticos que lo practiquen y lo asuman en consecuencia. Tanto adentro como afuera a de los espacios escolares.

 

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