Puebla pobre, desigual e injusta

By on agosto 27, 2019
pobreza
  • La población que registra carencia por acceso a la alimentación suma 1.3 millones, 20.8% del total de habitantes
  • El Gobierno de Barbosa tiene mucho que hacer: no sólo se trata de instrumentar políticas públicas en favor de la equidad social y el equilibrio ecológico; también de luchar contra la impunidad. De hacer que prevalezca la justicia.

 Gildardo Cilia López

Por: Gildardo Cilia López

Puebla pareciera ser una de los más grandes reflejos de lo que acontece en la vida nacional. La entidad en 2017 fue la octava en importancia económica, al contribuir con el 3.5% del Producto Interno Bruto del país. El Estado además es el quinto en población con 6.2 millones de habitantes (INEGI 2015).

En la entidad, el 71.7% de la población vive en áreas urbanas y el 28.3% en localidades rurales, es decir, en poblaciones inferiores a 2500 habitantes. En ambos entornos se aprecian signos preocupantes de pobreza. El Municipio de Puebla es el segundo más pobre de país, después de Tlanepantla, con 699 mil personas en situación de pobreza; en tanto que los sectores agrícola, ganadero, caza, silvicultura y pesca sólo contribuyen, en conjunto, con el 4.4% el total de ingresos de la entidad, pese a que en el medio rural vive más del 25% de su población.

No obstante que en Puebla se registran mejores tasas de crecimiento que las observadas a nivel nacional (6.3% en 2017 y 2.7% en 2018) se ha reproducido con mayor intensidad los desequilibrios que presenta la economía nacional. Es decir, se trata de una expansión económica sombría en las que ha prevalecido la pobreza, la inequidad y la corrupción. Analicemos los datos que ofrece INEGI, CONEVAL y otras fuentes como OCDE, Banco Mundial y Oxfam.

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1.- Alrededor de 3.8 millones de los habitantes de la entidad vive en pobreza, lo que significa el 58.98% de su población total.
2.- En condiciones de pobreza extrema se encuentran casi 552 mil habitantes, cifra que representa el 8.6% del total.
3.- La población con rezago educativo suma 1.2 millones de habitantes, el 19.4% del total.
4.. La población con carencia por acceso al servicio de salud asciende a 1.3 millones de personas, 20.8% del total y la que tiene carencia por la seguridad social alcanza 4.6 millones, 72.1% del total.
5.- Los habitantes que tiene carencia por servicios básicos a la vivienda suman 1.7 millones, 26.5% del total.
6.- La población que registra carencia por acceso a la alimentación suma 1.3 millones, 20.8% del total de habitantes.
7.- Los datos son aún más estremecedores si se considera como variable básica a los ingresos: la población con ingreso inferior a la línea de pobreza por ingresos representa más del 65% del total; en tanto que la población con ingreso inferior a la línea de pobreza extrema por ingresos suma 1.4 millones de personas, 22.3% del total.

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Estos datos reflejan una alta marginalidad social, que ubican al Estado de Puebla entre los de mayor rezago del país (entre el quinto y el décimo lugar según sea el indicador); pero ello, sin duda está acompañado con una alta desigualdad, similar al promedio nacional (0.378 si se considera el coeficiente de Gini publicado por INEGI en 2018). Como se sabe este coeficiente indica una mayor desigualdad social en la medida que se acerque más a la unidad.

Sin embargo, de acuerdo con una estimación realizado por el Banco Mundial en 2014, este coeficiente se situaría casi en 0.6 puntos (0.571 puntos), indicando la más grave desigualdad social del país (Banco Mundial: “Pobreza en el Estado de Puebla: evolución y perspectivas para una agenda política social).

Además de los problemas de pobreza y de desigualdad, existe en Puebla un evidente rezago laboral. En el documento “México, ¿Cómo Vamos?”, que toma información de diferentes fuentes, se aprecian las siguientes cifras:

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1.- La informalidad laboral representa el 69%de la población ocupada, siendo la quinta más alta a nivel nacional, cuyo promedio se sitúa en 52%.
2.- La productividad laboral medida por pesos producidos por hora trabajada asciende a 105 pesos, la sexta peor a nivel nacional y por debajo de los 161 pesos del promedio nacional.
3.- La pobreza laboral como porcentaje de la población asciende al 46% de la población total de la entidad, situándose en la décima más baja del país. El promedio nacional es de 39.8%
4.- El PIB per cápita se sitúa en 113.3 mil pesos anuales, el sexto más bajo de la República. En Puebla se observa otro enorme flagelo: los altos índices de percepción de inseguridad y corrupción. Conforme a los datos publicadas por INEGI y OCDE se observa lo siguiente:
  • 1.- El 88% de la población de 18 años y más considera que vivir en la ciudad de Puebla es inseguro (INEGI).
  • 2.- El 63% declaró ser víctima de algún acto de corrupción por alguna autoridad de seguridad pública (INEGI)
  • 3.- Conforme a la Encuesta Nacional de Seguridad Publica Urbana (INEGI, junio de 2019), el 37% de los hogares de la ciudad de Puebla contaron con al menos una víctima de robo y/o extorsión durante el primer semestre de 2019. El promedio nacional de las zonas urbanas fue de 34.9%.
  • 4.- Conforme a cifras de OCDE, sólo una de cuatro personas percibe a los jueces como no corruptos.

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Los datos ambientales en Puebla también son críticos: el desordenamiento territorial, la escasez del agua, el agotamiento de suelos, la pérdida de bosques y de zonas de las Áreas Naturales Protegidas, así como la contaminación del aire y del agua, son problemas que han rebasado la gestión estatal. Por la entidad cruza uno de los ríos más contaminados de México: “El Atoyac”, sin que se hayan adoptado las medidas adecuadas y suficientes para su saneamiento; tampoco se ha podido contener su contaminación en ningún punto, por lo que existe el inminente riesgo que la polución se extienda al Distrito de Riego Número 30 y hacía el Bajo Atoyac.

El Estado de Puebla padece los mismos problemas del país; es decir, se encuentra dentro de los umbrales de lo que parece un apocalipsis: pobreza, desigualdad, devastación de los bosques y de los recursos naturales y corrupción. Se ha gobernado en los últimos años con frivolidad: dentro de un espejismo de crecimiento sin retribución social y descuidando aspectos básicos para contar con una economía sustentable. Los resultados saltan a la vista.

Hace algunos días el Gobernador de Puebla denunció que en el DIF del Estado se había presentado un acto execrable: la venta de niños. Esta acusación es una prueba palpable del deterioro de las instituciones, que raya ya en una terrible putrefacción. El Gobierno de Barbosa tiene mucho que hacer: no sólo se trata de instrumentar políticas públicas en favor de la equidad social y el equilibrio ecológico; también de luchar contra la impunidad. De hacer que prevalezca la justicia.

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