“La Ciudadela”: Pasión por la Historia y la Cultura

By on octubre 8, 2019
ciudadela
  • Dice bien Henestrosa: “los héroes no mueren, todos los días se despiertan para alcanzar sus sueños”

Gildardo Cilia López

Por: Gildardo Cilia López

Camino sobre la Avenida Balderas, como todos los días, sólo me interesa andar despreocupadamente, sin saber la razón del nombre de las calles, aunque esta vez sí la conozco. Muy pocos saben que esta importante arteria se llama así en honor del Coronel Lucas Balderas, quien murió patrioticamente en “La Batalla de Molino del Rey”, acaecida durante la intervención estadounidense, el 8 de septiembre de 1847.

Me dirijo hacia el edificio de “La Ciudadela”, me desagrada ver las cuantiosas estructuras metálicas de los pequeños negocios que afean el paisaje escénico; me disgusta sobremanera porque no me permiten contemplar a plenitud los impresionantes muros laterales del edificio colonial.

Entiendo que la gente tiene derecho a ganarse un sustento, pero también sé que este tipo de negocios proliferan por el interés oculto de líderes y grupos de comerciantes, que disfrutan de las cuotas de las personas que verdaderamente trabajan: sus agremiados. De cualquier forma, es innegable que estos pequeños comercios que pululan por todas partes en la Ciudad de México son consecuencia de nuestros grandes déficits en materia de empleo formal y de distribución del ingreso. Son una imagen palpable de nuestros desequilibrios económicos y de nuestra desigualdad social.

Contemplo desde afuera la parte central del edificio de “La Ciudadela” y admiro su grandeza. El carácter monumental de la obra se asemeja más bien a una fortaleza. El frontispicio es neoclásico y desde la puerta principal se puede observar, patio tras patio, luminosamente su otra gran entrada, ubicada en el otro extremo del edificio. La remodelación llevada a cabo por el arquitecto Abraham Zabludovsky en los años ochenta del siglo pasado fue extraordinaria .

La historia de la construcción data de 1793 a 1807 y su finalidad fue albergar “La Real Fábrica de Puros y Cigarros de México”. Luego el edificio albergó una fábrica de armas, transformándose posteriormente en una cárcel militar y en un cuartel; por esa razón se le bautizó con el nombre de “La Ciudadela”.

En la fachada (de frente) se aprecian dos placas. La del lado derecho hace alusión que en 1815 estuvo prisionero en este lugar José María Morelos y Pavón, previamente a su fusilamiento en Ecatepec. Enaltece recordar al hombre que se definió a sí mismo, como un “Siervo de la Nación”; al hombre que pensó en la construcción de una nueva nación a partir de leyes justas que permitieran desterrar la ignorancia y moderar la opulencia. Dice bien Henestrosa: “los héroes no mueren, todos los días se despiertan para alcanzar sus sueños”; ojalá y lo que parece una utopía se cumpla en los hechos para alcanzar una justicia sustantiva. En honor de este gran hombre el parque de “La Ciudadela”, ahora lleva el nombre de “José María Morelos y Pavón”.

Andrés Henestrosa

José Vasconcelos

Del lado izquierdo, la otra placa hace referencia a los asesinatos de Gustavo A. Madero y Adolfo Bassó. Me conmueve pensar en la muerte trágica de Gustavo Madero, torturado atrozmente por una soldadesca violenta, obnubilada por la embriaguez. Duele pensar en la “Decena Trágica”, en donde lo que prevaleció fue la abyección, la traición y el oportunismo; hasta llegar a la usurpación en contra de un presidente legítimo y de naturaleza democrática: Francisco I. Madero. En el juicio histórico debe prevalecer las actitudes de nuestros mejores hombres: su nobleza y sacrificio le han dado la cohesión que la patria necesita. Reafirmar las aspiraciones de nuestros héroes mártires, es la forma de no desviar el camino; es la ruta para encontrar el porvenir.

La Biblioteca de México.

Durante el sexenio de Manuel Ávila Camacho, se decidió albergar en el inmueble la Biblioteca de México, inaugurándose el 27 de noviembre de 1946, siendo su primer director el gran artífice de la educación y la cultura del México moderno: José Vasconcelos.

Me parece contemplar al maestro adaptando un espacio público utilizado para fines bélicos y carcelarios en una biblioteca. Debo señalar que Vasconcelos ocupó la Dirección de la Biblioteca hasta su muerte. Inmediatamente me dirijo a la sala en donde imperceptiblemente se encuentra su busto. No puedo dejar de admirar a este hombre que concatenó la cultura del mundo clásico con lo hispanoamericano; pudo autonombrarse “Ulises Criollo”, en efecto, conceptualmente eso es: un héroe enamorado de dos mundos culturales. Ojalá y algún día nuestro espíritu tenga como sustento el conocimiento, cumpliéndose así con el anhelo del gran maestro. En el año 2000, la Biblioteca cambió de nombre, llamándose actualmente con todo merecimiento: “Biblioteca de México José Vasconcelos”.

En el patio central del edificio de la Biblioteca, como un homenaje en lo que fue el centenario de su natalicio, se encuentra el “Patio Octavio Paz”. En la placa conmemorativa se puede leer el poema “Hermandad”, cuya última parte adquiere la sublimidad de lo infinito:

“Sin entender

comprendo:

también soy escritura

y en este mismo

instante

alguien me deletrea”

Octavio Paz es grandeza literaria, su obra es una herencia de lo nuestro hacia la humanidad. Será historia permanente: los pasos de las generaciones seguirán en su búsqueda; tratando de deletrear la perfección de sus palabras: de sus poemas y de sus ensayos.

Recuerdo que desde joven acudía a la Biblioteca para encontrarme con el divino placer de la lectura; siempre asombrado observaba los bustos de grandes escritores y pensadores. De modo que no podía abandonar el recinto sin recrearme de esas esculturas. Llego al patio respectivo y me alegra ver que se encuentran contiguas las efigies de Dante y Cervantes. Siempre he creído que mientras el hombre exista predominará en su consciencia la creación filosófica y literaria; que se moverá en planos que sólo son concebibles a partir de la imaginación. Únicamente de esta forma es posible entender que se haya ejemplificado sobre el bien y el mal recorriendo el inframundo; que se emprendieran aventuras por el mundo “desfaciendo entuertos” y que la vida continúe transformándose en hazaña permanente: que se sueñe con descubrir plenamente el universo.

ciudadela

Dante y Cervantes

Salgo del edificio, me dirijo al monumento a Morelos y como siempre después de admirarlo, me encamino a contemplar dos hermosas estatuas ubicadas en el parque. Una es la efigie de una mujer alada que en la mano derecha parece sostener una hélice, al parecer la estatua está relacionada con la aviación. Leo en el internet y encuentro una breve reseña que dice que la escultura fue utilizada como portada en el libro “Alas Abiertas” de Antonio Teja Sabre, la primera novela sobre el tema aéreo en México y que fue publicada en 1920. También se dice que esta estatua fue instalada en el periodo del usurpador Victoriano Huerta, lo que resultaría paradójico porque el primer presidente en tomar un vuelo fue Francisco I. Madero.

ciudadela

La segunda escultura es una mujer aún más enigmática: su rostro sereno pareciera estar adornado con una gorra y sobre su cabeza sobresale una pequeña figura de mujer, como si estuviera reproduciéndose a sí misma desde su testa; como Atenea que emergió en su creación no de su misma cabeza, pero sí de la de Zeus.

ciudadela

Debo reconocer que mi ignorancia sobre temas escultóricos es supina; de manera que para desentrañar el misterio: para entender el significado y quien fue el autor (o los autores) de ambas obras , hay que dejarle el trabajo a nuestras instituciones educativas y culturales. Nos deben una investigación que abunde en una descripción correcta de las efigies.

A punto de irme regreso a la fachada de la hoy “Biblioteca de México José Vasconcelos”, deseo tomarme una foto. Sonrió, en mi gorra se encuentra la figura bordada de una hormiga. Recuerdo mi infancia, no dejo de pensar que un sinnúmero de estos insectos me atacaron en forma enfurecida; que este incidente fue el que me acercó a los brazos amorosos y a la labor docente de mi madre en una humilde comunidad rural. Al mismo tiempo concibo que tengo el tamaño de una hormiga para tratar de entender y explicar tanta historia: sí, la que brota de cada rincón de lo que seguimos llamando el edificio y la plaza de “La Ciudadela”.

 ciudadela ciudadela

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *


*

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>