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La anunciada invasión de EU a México – Impulso Informativo

La anunciada invasión de EU a México

By on noviembre 27, 2019

La Jornada Sin Fronteras

Caspar Weinberger, el Secretario de Defensa durante la presidencia de Ronald Reagan, vaticinaba que en un futuro no muy lejano Estados Unidos se vería obligado a invadir México para contener el caos y sofocar las fuerzas desatadas por un “narco Estado”.

Según sus previsiones, sería necesario una fuerza de aproximadamente 60 mil efectivos para contener el desesperado flujo de migrantes y refugiados hacia Estados Unidos y cortar de tajo el trasiego de droga.

Y todo esto, en un plazo de no más de 6 meses.

En su libro “Juegos de Guerra” (The Next War 1998), Weinberger especulaba con el ascenso al poder de un líder político de talante “ultra nacionalista” que, de la mano con los poderosos carteles de la droga, convertirían a México en un “estado fallido” a merced de la violencia y el terror.

Un terror que, por cierto, hoy invocan los miembros de la familia LeBarón para pedir al gobierno de Donald Trump la designación como “organizaciones terroristas” de los carteles de la droga para, precisamente, allanar el camino a una intervención militar desde EU.

El periodista británico, Evelyn Waugh, solía decir que “sólo existe un gran mal en el mundo de hoy. La desesperación”. Tenía razón. Porque sólo de la desesperación puede nacer una petición como la que ha lanzado el clan de los LeBarón para demandar al gobierno de Donald Trump la designación de “terroristas” a los carteles de la droga.

Pero, más allá del hecho que la desesperación sea una mala consejera, habría que tener en cuenta el desastroso historial de Estados Unidos como bombero de incendios y conflictos en todo el mundo.

Tras su intervención de represalia en Afganistán, en el otoño del 2001, la violencia y el número de víctimas se han multiplicado de forma exponencial y Estados Unidos sólo ha demostrado el fracaso de una estrategia que lo ha entrampado durante casi 20 años.

Al igual que ocurrió con Rusia, Estados Unidos no ha podido evitar la humillación de sus ejércitos en Afganistán.

¿Y qué ocurrió tras su intervención en Irak en 2003?. Pues un poco más de lo mismo. El haber perseguido como una rata a Sadam Hussein y desmantelado el poder de los generales sunnitas, Irak se encuentra hoy al borde de una nueva guerra civil y con la amenaza de una secesión sangrienta en el norte kurdo.

En suma, Estados Unidos ha demostrado de forma reiterada su propensión a combatir incendios con gasolina. Algo que causa sufrimiento y destrucción entre la población, pero enormes ganancias entre ese adlátere armamentista del Pentágono con corporaciones como Boeing,  Raytheon, Northrop Grumman, Lockheed Martin y General Dynamics, entre otras.

Curiosamente, la tendencia a declarar a México como una nación al borde del abismo y bajo la amenaza de una “insurgencia narcoterrorista”, tiene un carácter cíclico que casi siempre coincide con el calendario electoral.

En la primavera del 2011, por ejemplo, el entonces presidente del comité de seguridad interna de la Cámara de Representantes, el republicano Michael McCaul, advirtió sobre el peligro de que México se convirtiera en un “Estado fallido” controlado por criminales y en un “santuario para terroristas” que tienen como objetivo a EU.

En aquella ocasión, el congresista por Texas,  consideró que el gobierno de EU tendría que actuar «en interés de su seguridad nacional» replanteando su estrategia en México e incluyendo a los carteles mexicanos de la droga como grupos terroristas:

“Estos personajes ya se están comportando como terroristas de Al Qaeda. Degollan a sus víctimas, desmiembran sus cuerpos, los queman en vida. Sus tácticas narcoterroristas van hoy más allá de las organizaciones criminales convencionales y creo que por eso merecen ser considerados como terroristas”, aseguró McCaul al recordar el antecedente de las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) que fueron designadas por el presidente Bill Clinton como una organización terrorista en 1997.

En aquel entonces, la propuesta de McCaul fue rechazada por la administración del presidente Obama y por algunos de los más destacados miembros del bloque demócrata familiarizados con la seguridad fronteriza y la relación con México.

“Cualquier medida contra los carteles mexicanos tiene que contar con el apoyo del gobierno de México”, aseguró el entonces subsecretario adjunto para asuntos de narcóticos en el Hemisferio, Brian Nichols, al considerar que el Acta para Designar a los Capos de la Droga (Kingpin Act) –un instrumento inaugurado desde el año de 1999— “es una herramienta suficiente y además cuenta con el apoyo del gobierno mexicano”.

“Ciertamente que, para algunos, la idea de designar como terroristas a los carteles, es muy atractiva. Pero tenemos que ser muy cuidadosos porque los terroristas representan una doctrina muy específica para destruir a gobiernos, pero los carteles son organizaciones violentas y muy brutales pero a las que sólo interesa el dinero”, advirtió en aquel entonces la congresista demócrata por Texas, Sheila Jackson Lee.

La tentación de echar mano de medidas extremas, ante el embate de los carteles, suele arreciar además en el interregno de una transición de poder como ha ocurrido en México. Así ocurrió durante el inicio de los gobiernos de Felipe Calderón y de Enrique Peña Nieto, a quienes se reprochó el haber cerrado el canal de la cooperación con las agencias federales de EU en su lucha contra los carteles de la droga.

Al final, sin embargo, ambos gobiernos sucumbieron y ampliaron la cooperación con EU hasta niveles nunca vistos, con resultados más que cuestionables.

Hoy, cuando el gobierno de Andrés Manuel López Obrador comienza su andadura, son muchas las voces que desde EU siguen presionando a favor de dar continuidad a la estrategia que siguieron a rajatabla sus antecesores, con efectos desgarradores en el tejido social y una estela de muertos que han superado los 200 mil en los últimos 13 años.

En este contexto, la tragedia de la familia LeBarón ha llegado como un parteaguas en la que las víctimas apuestan, en medio de la desesperación, por una intervención inmediata de Estados Unidos mientras los funcionarios de la administración Trump le exigen a México aclarar de un a vez por todas si continuará con la pasada estrategia, o mantendrá su apuesta por “más abrazos y no balazos”.

En otras palabras, México está ante la disyuntiva de hacer realidad la intervención militar que alguna vez vaticinó Caspar Weinberger, o apostar de una vez por todas por la pacificación del país con la propuesta de un nuevo marco de cooperación con su aliado del norte.

Una estrategia que apueste, por ejemplo, no sólo por el combate contra el tráfico de armas que llegan desde el norte, sino que además convenza a Washington de que la fallida guerra contra el narcotráfico no sólo es del ámbito criminal, sino también, y sobre todo, de salud pública.

Además, tendría que reconocer que es necesaria una mayor cooperación en materia de inteligencia para desmantelar las estructuras de los carteles en ambos países, involucrando al ejército de EU y a las agencias federales como el FBI y la DEA.

Sólo así, y no exigiendo la designación de los carteles mexicanos como los únicos responsables de esta crisis de seguridad y como organizaciones terroristas, será posible avanzar de forma constructiva.

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