Trabajo precario en la UAM

By on noviembre 27, 2019
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La Jornada

Hace mucho tiempo que los concursos de oposición no son una vía para que profesores con contratos temporales en la UAM logren estabilidad laboral. Pero esto no había sido reconocido como ahora lo hizo (8/11/19) el presidente de una comisión dictaminadora en reunión con numerosos académicos. En esos concursos tienen preferencia quienes cumplen con el retrato hablado de una visión aristocrática de la profesión y no los que tienen años como temporales. Y ahora existen en la UAM dos clases de académicos claramente distinguibles: por un lado una que vive y trabaja confortablemente y por otro un precariado que, a pesar de sus maestrías y doctorados gana menos de 10 por ciento del sueldo de los primeros, tiene contratos de medio tiempo, trabaja semanas sin paga, debe concursar cada cinco meses, tiene hasta 10 años en esa condición y demuestra cotidianamente su capacidad académica e importantes grados de responsabilidad y compromiso.

En este contexto todavía algunos académicos defienden la excelencia académica, una condecoración de uso presuntuoso que encubre beneficios propios y concita respuestas enconadas y diagnósticos de lopezobradorismo a quienes critican. Para ellos el único camino realmente meritorio es el concurso de oposición.

Pero eso no es cierto, en la UAM existen dos vías de ingreso de profesores: la del concurso de oposición –una sola evaluación– y otra, mucho más exigente, de trayectoria, que es una verdadera carrera académica. Así, una estudiante a punto de egresar de la UAM puede concursar por un puesto temporal como ayudante. Si lo obtiene, años después tiene derecho a buscar una plaza definitiva de profesor asistente mediante un concurso preferencial (es decir, sin otros aspirantes). Si lo gana, luego de años puede solicitar se evalúen sus avances académicos con fines de promoción a asociado y, posteriormente, lo mismo para titular. Esta ruta de ingreso que dura una década aprovecha el talento generado por la propia universidad, crea una planta académica muy bien preparada y vinculada a la institución y a sus estudiantes y tiene una lógica muy distinta a la imperante, que privilegia a un mercado nacional de académicos que concibe como uniformes e intercambiables a profesores e instituciones y que con una sola evaluación determina quién debe ser profesor titular de por vida.

Y este es uno de los factores de la actual crítica situación de los profesorestemporales: que la UAM abandonó la carrera académica original y, cedió a la presión de la SEP neoliberal, de crear rápido una planta académica de excelencia. Pero con un solo examen no se sabe si el seleccionado cuenta con mínimos estándares de ética (que excluye acosadores), responsabilidad, compromiso colectivo y vocación pedagógica. Ser y creerse de excelencia no necesariamente prepara para el trabajo horizontal y colectivo con los estudiantes, a veces más bien refuerza las prácticas autoritarias. La UAM redujo la contratación de ayudantes y prácticamente canceló la oferta de plazas de profesor asistente. Y con esto obligó a todos, ayudantes o no, a formar parte del precariado sin esperanza. Esta es una de las complejas razones de la crisis y el malestar y no, como dicen quienes con la excelencia defienden sus beneficios, la falta de aptitud de estos académicos para ganar un concurso de oposición.

Recientemente el tema se ha vuelto más álgido debido a un acuerdo del Colegio Académico (consejo universitario) que para las y los temporales se tradujo en una sustancial reducción de su salario mensual. Este pasó, por ejemplo, de nueve mil a seis mil pesos. Es un acuerdo que demuestra la insensibilidad frente a los temporales, y debería cancelarse e ir más lejos. Para detener las flagrantes violaciones a derechos humanos elementales de los temporales, la UAM debería además recuperar plenamente la carrera académica que existe en el Reglamento de Ingreso del Personal Académico (RIPPPA) y en el Contrato Colectivo de Trabajo, pero también, retomar de inmediato el acuerdo 04/85 UAM-SITUAM mediante el cual ambas representaciones hace ya tiempo se comprometieron a analizar para buscar formas de solución a corto plazo, la problemática del personal académico por tiempo determinado. Aunque entonces se aprobó un listado de temporales que se presentó al Colegio Académico, el acuerdo no prosperó en ese momento. Pero creó importantes precedentes: 1) se reconoció que la problemática de los temporales es un tema de discusión y acuerdo bilateral; 2) que requiere una solución, y 3) que el Colegio Académico puede definir la vía académica. Honrar carrera y acuerdo y comenzar a redistribuir el presupuesto sería un viento capaz de empujar y abrir a la UAM a un horizonte distinto al que prefigura lo vivido este año. Y todo esto vale para otras instituciones.

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