De las promesas fáciles al incumplimiento sistemático en educación

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Por: Miguel Ángel Pérez Reynoso*

*Doctor en educación.

Profesor–investigador de la UPN Guadalajara, Unidad 141.

mipreynoso@yahoo.com.mx

Reza un dicho popular más o menos así: “Prometer es fácil, cumplir es lo difícil”. Eso está pasando actualmente en educación. Asistimos ante un escenario en donde las promesas fáciles se disparan por cualquier lado y su incumplimiento genera muy pronto crisis y una sensación global de desagrado en amplios sectores de la comunidad educativa.

La llegada de nuevos gobiernos tanto en la esfera federal como en el plano local, estuvo asociado con la generación de promesas y de anuncios de que todo cambiaría o de que todo estaría mejor. Se promete una Nueva Escuela Mexicana, se prometen comunidades de aprendizaje para la vida, se prometen reuniones de docentes para generar proyectos de mejora continua, se promete que ya no habrá evaluaciones punitivas, etcétera, mucho de lo que se promete no se puede cumplir o cuando menos no se puede cumplir con relativa facilidad.

La realidad educativa por la que actualmente atravesamos está permeada por la confusión constante y la generación de una serie de preguntas acerca de las cuales no se tienen respuestas. Este clima de incertidumbre no es gratuito, se atribuye al clima de transición dentro del cual nos encontramos.
Prometer lo que no es posible cumplir ha sido la salida fácil, en ello se realizan eventos faraónicos como el Recrea Academy que se llevó a cabo recientemente en el ámbito local, pero que sirve de muy poco para garantizar condiciones favorables para el avance del desarrollo educativo.

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Bajo este orden de ideas, cada vez se torna más distante la relación entre el gobierno y los actores educativos (el magisterio). Los maestros siguen siendo, junto con los alumnos, parte central de la tarea educativa, en ellos recae no sólo el descifrar lo que la autoridad desea que se haga, sino que también realizan la tarea bajo este doble escenario, atender lo que la autoridad educativa reclama y responder a lo que la comunidad educativa requiere.
Los recientes resultados de la última versión de la prueba PISA, que cada tres años lleva a cabo la OCDE a países miembros de ese organismo y de algunos países invitados, demuestra que nuestro país sigue estancado en la misma posición y ocupando los últimos lugares.
La transición a la que me refiero, se ha tornado accidentada, en dicho proceso pretendemos renunciar a una serie de cosas que no están del todo claras para instalar otras que son igualmente ambiguas.
En el centro de todo ello está la práctica de los educadores, ellos y ellas son los únicos que intentan construir claridad en el escenario nebuloso, regularmente se hacen presentes con el trabajo para darle direccionalidad y una ruta de acción a un proyecto educativo que no queda del todo claro y menos claro es el horizonte de hacia donde se pretende dirigir. Ellos son los únicos que cumplen, aunque la patria (aun en estos días de cambio) les siga quedando a deber.

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