El Sistema de Información y Gestión Educativa

By on enero 15, 2020
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Maestros 

Por: Gustavo Santín Nieto

Cartas a Gracia

Esteban Moctezuma pondera contar con un Sistema de Información y Gestión Educativa (SIGED) “innovador”, que dotaría “al SEN de una sola plataforma tecnológica de información que permita a la Autoridad Educativa Federal llevar a cabo su planeación, operación, administración y evaluación, facilitando la transparencia y rendición de cuentas” (https://www.siged.sep.gob.mx/SIGED/). Sin embargo, antecedentes de la plataforma anunciada por el titular del despacho educativo, datarían –por lo menos- del mes de agosto del 2014; año en el que se publicara en la red el documento Diagnóstico E067 Sistema de Información y Gestión Educativa (shorturl.at/gnxyU) y, de manera remota a 1975, año en el que se ensayaría el uso del Formato 911 (Sistema de Estadísticas Continuas Formato 911 [F-911]); no obstante, el esfuerzo por contar con instrumentos -estadísticas- para la toma de decisiones en materia educativa se remontaría, por lo menos, a los años 50 del Siglo XIX. 

El uso de estadísticas escolares para la toma de decisiones se aborda en la obra de Meneses Morales (Tendencias Educativas Oficiales en México 1821-1911), y dataría apreciada Gracia, a algunos años previos a 1857, lapso en los que se contabilizaría la existencia de 2 424 escuelas que atendían a 185 757 escolapia(o)s; número que equivaldría al 88% del total de la población escolar. Abundan, Meneses y sus 4 colaboradoras, que en la Memoria de la Junta Directiva de Instrucción Pública (JDIP) de 1873 presentada por Díaz Covarrubias (Presidente del organismo) que, para el año de la publicación de la Memoria, “el número de escuelas ascendería a 5 000 en todo el país”, tornando a la educación en obligatoria e imponiendo “sanciones adecuadas” para quienes no la cursaran. El equipo de Meneses transcribe información de la Memoria y menciona que, el Distrito Federal, contaría con 4 696 “estudiantes” (2 065 en primaria, 162 adultos, 99 niñas en secundaria, 602 “chicos” en secundaria y 1 768 en escuelas profesionales); el documento aludía al incremento de 14 alumnos en preparatoria en 1873. En el libro “La Instrucción Pública en México Estado que guardan la instrucción primaria, la secundaria y la profesional en la República. Progresos realizados, mejoras que deben introducirse”, fue publicado por José Díaz Covarrubias con “la finalidad de conocernos a nosotros mismos” y evitar -adicionalmente- que se “sigan publicando en el extranjero las estadísticas de 1840”. Díaz Covarrubias refiere en una sección de estadísticas de su obra (Tendencias [….], pág. 299) que el número de escuelas alcanzaría la suma de 8 103, incrementándose en 3 103 más que en 1871; la mitad de las que se requerirían para atender a 1 800 000 “niños”. Las clasifica en escuelas para niñas, niños, general y de adultos, y hace el recuento de número de maestras y maestros a 8 000 (6 000 hombres y 2 000 mujeres de los que se solo 2 000) “se han titulado”; de la prospectiva de la formación requerida para los docentes; de las escuelas secundarias; de sueldos y salarios; gasto de gobierno; enumera Entidades, colegios oficiales de instrucción superior (54) y alumnos que atienden (9 337); de instituciones a cargo del clero a pesar, de las expropiadas; matrícula en razón de género que muestra una desproporción de 4 a 1 desfavorable para las mujeres; bibliotecas públicas, museos, publicaciones periódicas y de naturaleza científica y sociedades culturales.

El recorrido a través de la obra de Meneses, Liliana Bedoy, Dorothy Huacuja, Frederika Moreno y Virginia Olaeta, permitiría conocer antecedentes de las estadísticas escolares; nos remitiría lo mismo a la Memorias de los Ministros que a los informes de Barreda, al ingreso -1882- de la primer mujer (Matilde Montoya) a la Escuela Nacional Preparatoria; año en el que 1 832 alumnos se inscribieran a esa institución. Las Memorias de 1889 darían cuenta del número de alumnos inscritos en la Preparatoria y un cuadro comparativo (pág. 552) mostraría la asistencia escolar a los planteles que existían en el “Distrito Federal y Territorios” y, citando a Larroyo, y de la mano de Baranda -Ministro de Justicia e Instrucción Pública-, hacen notar el crecimiento de las escuelas normales y de la atención educativa que se brindaba a 800 000 niños en la etapa porfirista; el 33% de quienes lo requerían. Conocer que de acuerdo al y las autoras, serían las “primeras estadísticas sistémicas y continuas” (1925-1928) en la que se incluían información sobre el número de escuelas, tipo de localidad, niveles y sostén económico (federación, gobiernos locales, municipales y particulares), y consultar en los apéndices del volumen II, estadísticas nacionales y del Distrito Federal de 1910 a 1934, sin omitir que Meneses y colaboradoras citan las fuentes originales de las que elaboraron los cuadros (presupuestos, legislación etc,). 

Concurrente con otras plataformas que presentan estadísticas educativas (INEGI, Principales Cifras del Sistema Educativo Nacional [SEP], Sistema Integral de Resultados de las Evaluaciones [INEE]), el Sistema de Información y Gestión Educativa permitiría consultar series de 6 ciclos escolares, sin incluir datos del año escolar que finalizara en julio de 2019. Permitiría Gracia -como lo declara el titular del despacho educativo- consultar datos sobre las calificaciones que niñas y niños obtuvieran en su tránsito por la escuela primaria y secundaria; plazas que ocupa un docente pagado por el FONE; información de centros de trabajo y “búsqueda de plazas”; obtener documentos electrónicos de educación obligatoria y de escuelas particulares; y, estadísticas de escuelas a nivel nacional, por entidad federativa, municipio, sostenimiento, tipo, nivel y modalidad. 

Si bien el uso de este tipo de herramientas permite al acceso a datos gruesos -útiles para las autoridades educativas en sus diferentes procesos y para investigadores del quehacer educativo-, no disminuye la carga administrativa que realizan maestras y maestros en el salón de clase, puesto que actividades como el pase de lista y la evaluación de trabajos y tareas de lo realizado por niñas y niños debe ser valorado de manera personalísima por quien conduce la formación de las y los nuevos ciudadanos.

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