La suerte de la profesora Gordillo

By on enero 15, 2020
Elba Esther Gordillo
Astillero
Por: Julio Hernández López
Apenas pasaron unos cuantos días, casi unas horas, de que dejó la clínica de la cárcel en que pasó el último tramo de su reclusión no domiciliaria para acomodarse en su departamento de Polanco en la Ciudad de México, la profesora Elba Esther Gordillo reanudó el tejido de sus no tan abandonadas relaciones políticas y sindicales e inició una estrategia de reposicionamiento con dos objetivos: la creación de un nuevo partido personal (ya había perdido el Partido Nueva Alianza, conocido como Panal, con su Elbeja Reina) y la restauración de su fuerza en el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), pasando este punto por la tentación o el amago de recolocarse ella misma, aunque fuera de manera provisional pero reivindicatoria, en el máximo puesto de esta poderosa organización de profesores.

Los propósitos de Gordillo se han ido cumpliendo de manera dispareja, pero es evidente que ha recompuesto su vida personal y política con rapidez, aunque siempre con el dolor de la pérdida de una de sus hijas, Mónica Tzasna Arriola Gordillo, senadora por el Panal al momento de su muerte. Con el equipo de profesores y ciudadanos ajenos al SNTE que le apoyaron, ofreció ayuda al obradorismo en una especialidad del profesorado partidista: el cuidado del proceso electoral, en especial en cuanto al día de la jornada electoral y la protección de las casillas y sus resultados. Lo hizo a través de lo que luego se llamarían Redes Sociales Progresistas, con los gordillistas acreditados ante las autoridades electorales a través del Partido del Trabajo.

Avanzó en la confección de su nuevo partido (propósito en que se han cumplido los requerimientos del Instituto Nacional Electoral, aunque falta su validación), pero no en la reconquista del SNTE. O no hasta ahora o ya nunca, en enigma que se irá resolviendo aunque todo apunta a la segunda opción. Según algunos de sus cercanos, desde el alto mando nacional se hizo saber a Gordillo que no sería bien vista su pretensión de colocar a un propio como nuevo dirigente sindical. No sería bien visto, en los nuevos tiempos políticos del país, la reaparición de una titiritera sindical de complicadas credenciales.

La postura del presidente López Obrador, sin embargo, es de plena apertura a la contienda auténtica en todas las organizaciones sindicales, conforme lo establecen las reformas en materia laboral y la vigilancia estadunidense mediante inspectores o agregados en la embajada en México. El dirigente actual del SNTE, Alfonso Cepeda, contrario a la corriente gordillista, estableció ayer que la polémica profesora tiene un notable rezago en el pago de sus cuotas sindicales y, por tanto, no tendría oportunidad de competir personalmente.

Tal vez Gordillo se quedará con su partido personal y familiar (lo dirigirán su yerno y su nieto, en un desplazamiento sujeto a litigio de otro organizador original, Juan Iván Peña Neder) y con una participación proporcional en el reparto de carteras en el SNTE. Además, ha quedado absuelta de cargos y disfruta de su amplia riqueza. Nada mal para alguien que a inicios del sexenio peñista parecía destinada a la extinción política e incluso a una larga temporada en prisión y a la disminución de su discutible fortuna económica.

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