Desalienar la militancia

By on febrero 20, 2020
Elba Esther Gordillo

Por: Rubén Zatarain Mendoza*

Desde su origen corporativo en 1943 el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) ha tenido prácticas de elección y/o reelección de sus dirigencias muy ajenas a la vida democrática, ajenas a la participación activa de sus agremiados, ajenas a la rendición de cuentas.

A nivel nacional, una lista muy breve de sus dirigentes nacionales adscritos a tres cacicazgos visibles han determinado el pulso de las negociaciones de las condiciones salariales y laborales de los profesores y trabajadores del sector educativo.

A nivel estatal, la cargada ha sido la característica, el acatamiento de la línea, la operación de la franquicia y la creación de liderazgos locales casi hereditarios, la manipulación de la mesa de negociación y el contubernio con los gobiernos estatales para garantizar gobernabilidad de interés recíproco y acuerdos de mutua conveniencia.

¿Qué nos hace pensar que la democratización del SNTE es posible en la coyuntura de la 4T?

El SNTE de manufactura priista y gatito ronroneo con los gobiernos blanquiazul y naranja ha vendido bien la idea de unidad gremial y siempre en regulares y buenos tiempos ha obtenido prebendas y posiciones políticas.
Ha reproducido eficazmente un sistema de corrupción, una especie de cañería oculta en el subterráneo del servicio educativo.
El mismo concepto de Nacional en sus siglas data de una coyuntura política en donde la unidad nacional era un tema necesario, era un tema de emergencia y viabilidad del país en el contexto internacional de guerra.
Hoy la unidad en el gremio es fantasmagórica, retórica, parafraseando a Erasmo de Rotterdam: de bendita hipocresía que les produce dividendos.
Hay toda una generación de dirigentes formados en un esquema ausente de debate de ideas pero claro de que la representación es una fantasmagórica forma de vida democrática, puesta a disposición de líneas verticales eficaces en la sustentabilidad de la comparsa.
El magisterio es un gremio que no está preparado para el ejercicio democrático de elección de sus dirigentes, es un gremio que resiste de variadas formas, que está compuesto por distintas perspectivas y visiones, por distintas formaciones y conciencia cívica pero que no tiene generalizada una práctica política.
La coyuntura de este momento tiene esa debilidad.
Por eso el pronóstico de transformación del estado de cosas que tanto indigna, aunque esperanzador tiene escaso margen de materialización.
El voto universal y secreto choca con la cultura del dedazo y requiere de un agremiado con preparación política y conocimiento del tablero desigual en el que se ejercerán las renovaciones de Comités estatales.
Hoy se impone desalienar la práctica política del magisterio y tomar decisiones razonadas.
No será fácil desprenderse de la cultura de elección de comités delegacionales de sempiternos representantes y de delegados que solo servían para reunirse a puerta cerrada y convivir socialmente en el momento de las definiciones.
Hay toda una práctica de participación fantasmagórica, hay toda una cultura de militancia que transformar y no sabemos que tanto se pueda avanzar en esa dirección.
Los profesores necesitamos convencernos del poder que juntos tenemos, hay mucho por reinstalar en materia de gestión sindical, de formas, de fondos.
El cambio educativo no se ha dado en la dirección esperada, hay ejercicio de poder y opinión que se espera de nuestra organización sindical.
Necesitamos hacer militancia y asumir que de la dimensión política sindical derivan posibilidades para mejorar las condiciones de trabajo, las condiciones de trato con la autoridad que está acostumbrada a tratar con dirigencias a modo, las dirigencias que usufructúan para fines particulares los intereses que son de todos.
El 1% de las cuotas sindicales es solo una de los objetos de deseo y tentación.
El 1% de cuotas es el fondo pero hay muchas formas de revolver las aguas del río.
El SNTE como franquicia da distintos dividendos a los comités, todos participan de algún tipo de prebendas, la mayoría de nuestros representantes dan la espalda a la causa de los maestros.
El 1% de cuotas sindicales permanece sin rendición de cuentas y ha producido generaciones de exdirigentes que pasean campantes con una holgura económica impensable para muchos profesores.
El manejo del 1% de cuotas sindicales tendría que ser motivo suficiente para buscar dirigentes más honestos, administradores más eficaces.
El caso más inmediato fueron los 6 años de reforma educativa en los cuales el sindicato nacional y seccional paso a ser cosmético, impasible, silencioso y colaboracionista.
Tras bambalinas es evidente que hubo transacción. Ni nacional, ni ejecutivos.
El 1% de las cuotas sindicales bien valía el ominoso silencio y el rol de espectador.
Lo patético fue el engaño en el que se incurrió en los espacios sindicales, queriendo preparar para los exámenes de ingreso, promoción y permanencia. Otra veta que no se ha transparentado.
Aceptar el examen para fines de permanencia fue la continuidad del ocaso del SNTE que hoy requiere transformarse.
Si se da el cambio como muchos pretenden, tal vez se acabe el bono para disfrutar de las bondades de la impunidad de quienes administraron desde el interior del SNTE los obscuros momentos de las gestiones nacional y estatal anteriores.
Sobre el tema de la transición en el SNTE y la salida silenciosa y sin manchas por la puerta de atrás de algunos dirigentes, aun se tiene información por dar a conocer.
Esa es la plataforma donde pisa el actual Comité Ejecutivo Nacional, que hoy de nueva cuenta pone la música de la fiesta con su cuestionado Reglamento para la organización de las elecciones en las secciones sindicales.
Parece imposible la democracia sindical anhelada con este son, se habla de que las reglas están amañadas y presentan candados favorables a la camarilla que ahora silba desde la loma de la Cuarta Transformación.
La oferta de democratización puede abortar.
Las fuerzas en movimiento, en disputa, son muchas aunque con “canicas” en número y color desiguales; en la antesala de un proceso en perspectiva prometedor, ya se percibe un clima de desaliento por el resultado al observar quien tiende la mesa del juego.
Este SNTE es hijo del magisterio por acción u omisión. Este SNTE opaco, turbio, de retórica tantas veces intragable que saluda sonriente en los teatros y otros foros cada 15 de mayo, que está invitado a reuniones nacionales de diálogo colaborativo y que manda tarjetas de navidad no sentidas cada fin de año, es producto de la inmovilización y práctica política de todos nosotros.
Esta lucha en la cúpula del SNTE no es la primera.
Jongitud Barrios contó con la bendición presidencial. Surge en un momento echeverrista heredero de un autoritarismo de una década de los sesentas convulsas, un Díaz Ordaz héroe del desarrollo turístico de Puerto Vallarta, pero que no dudó en arremeter contra los estudiantes y contra el derecho constitucional de huelga atacado desde las gestiones de Ruiz Cortines y López Mateos.
Elba Esther Gordillo nace con la unción salinista y opera la modernización educativa bajo un mareador discurso de neoliberalismo social cuyas consecuencias aún se padecen.
Elba Esther que remó sin culpa en las aguas turbias derechistas del foxismo y Calderonismo.
El exlíder jalisciense Díaz de la Torre ungido por el peñismo también arriba en una condición discursiva reformista de incalculable costo a la autoestima profesional del magisterio, pero explícitamente lucrativa para una “nueva” generación de líderes acomodaticios.
El SNTE tiene que cambiar, su perfil de ahora es la desconfianza de sus agremiados. Su imagen de ahora está devaluada, sus líderes de ahora representan la continuidad de lo que era insostenible y pese a las bondades del camaleonismo están muy identificados.
No hay una historia de participación activa del magisterio pero habrá que construirla; las oportunidades como las de ahora no estarán siempre, hay mucha responsabilidad de todos los agremiados en el proyecto de transformación del Sindicato.
Para que el SNTE deje de ser el memorial de la ignominia en que se ha convertido, todos tendremos que hacer participación activa y militante.
Hacer un sindicalismo de la esperanza debe ser voluntad de todos.
Aprender de política, decidir por un sindicato diferente, desalienar nuestra militancia, son imperativos.

*Doctor en educación. Profesor normalista de educación básica. zatarainr@hotmail.com

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