ZEITGEIST

By on marzo 31, 2020
BA8

Revista Educarnos

Los franceses le llaman L’esprit du temps. La noción remite a las ideas y prácticas de una época. Aunque sabemos que no todo mundo entra en las modas y prescripciones de época. Por eso se ha hablado tanto de las vanguardias, que van más adelante en la promoción de los cambios de época, y por eso somos tan conscientes de que siempre habrá alguien que se quede en la retaguardia, que opte por conservar las costumbres y las ideas del pasado. Que incluso promueva el regreso a realidades que ya no existen, pero a las que se ve más deseables que el camino por el que nos lleva la época contemporánea.

Hace varias décadas, un jesuita platicaba que en la iglesia de Roma estaba dándose el debate acerca de si los sacerdotes podrían contraer matrimonio y formar familias nucleares, y terminaba su exposición de las razones a favor y en contra con la frase: “eso no lo verán ni nuestros hijos”. La historia ilustra, entre otras cosas que no tocaré aquí, que existen instituciones más reacias al cambio que otras, y que dentro de ellas hay individuos inclinados a cuestionar/contravenir las prácticas habituales. Entre esas instituciones, las iglesias, pero también los sistemas escolares. Ya se trate de “difundir la buena nueva” de la llegada de un mesías hace dos milenios (por lo que ya no es tan nueva la noticia), ya se trate de estimular el aprendizaje en las nuevas generaciones, la dinámica de las instituciones oscila entre el afán del cambio y el afán de la conservación.

Así que el espíritu de los tiempos se sitúa en el estira y afloja 1) de quienes desean adoptar las nuevas prácticas; 2) de quienes están contentos de que ya se haya encontrado una solución a los problemas y que ésta se esté aplicando; y 3) de quienes están tratando de rescatar las buenas prácticas de lo que alguna vez fue. En las dinámicas institucionales y, a veces en las relaciones interpersonales, estas tensiones se expresan en los esfuerzos por llevar a la institución, según reza la expresión de los funcionarios, “a la vanguardia” en su campo de aplicación.

En la crisis de la pandemia del COVID-19, hemos observado que la tendencia a adoptar prácticas “de avanzada” para el uso de tecnologías que promuevan el aprendizaje a distancia ha visto la oportunidad de realizarse. Varias instituciones escolares en el mundo han generado (o despertado de su letargo) la posibilidad de usar internet como soporte de diversas formas de comunicación para promover el aprendizaje. Algunos docentes han comenzado a pedir apoyo, literalmente, a los jóvenes estudiantes o a sus propios hijos, para hacerse duchos en el manejo de esas tecnologías.

Hasta hace pocos días esas “pantallitas” tenían usos básicamente recreativos o para conservar idilios con amistades o parejas. La crisis del COVID-19 las ha devuelto a su papel de Importantes vehículos para transmitir y recibir información “seria” en el sentido de orientar acciones que pueden salvarnos las vidas o de ayudarnos a establecer hábitos que nos servirán en un horizonte de futuro más lejano (en caso de sobrevivir a lo que parece un apocalipsis viral). Algunas instituciones educativas se han dado cuenta de que esas tecnologías estaban desperdiciadas como medios para la enseñanza y el aprendizaje. Sus funcionarios, solo hasta el momento de la crisis, comenzaron a poner a disposición de estudiantes y docentes instrumentos que, por una parte, sirven para agilizar algunos aprendizajes, mientras que, por otra, sirven a los funcionarios para vigilar que estudiantes y docentes obedezcan a los imperativos de lo que el filósofo Chul Han denomina la sociedad del rendimiento.

¿Cuántas de nuestras instituciones educativas esperaron a la crisis para aplicar tecnologías y sistemas que ya estaban disponibles y de las que varios de sus miembros hacían ya uso relativamente experto, sin que se diera el reconocimiento y el apoyo para el uso de esas tecnologías? ¿Cuántas instituciones podrían aprovechar la coyuntura para establecer sistemas más flexibles para el apoyo del aprendizaje? ¿En qué medida el trabajo en el aula está dirigido más a controlar la asistencia de estudiantes y docentes que a promover el aprendizaje, a diferencia de sistemas más abiertos?

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