Gracias: Querida Madre

By on mayo 19, 2020
mama gildardo Cilia

Gildardo Cilia López

Por: Gildardo Cilia López

Difícil tema el del pasado, no hay acuerdo:

Unos dicen que no se debe mirar hacia atrás, que resulta peligroso, que podemos tropezar, que el pasado inmoviliza: ¡que nos podemos convertir en estatuas de sal!

Un hombre sin perspectiva histórica, pierde la memoria, camina a ciegas. Es materia a la deriva.

También dicen que evocar al pasado, atrae a las almas, que no las dejamos descansar, que por eso nos perturban; que por eso se quieren quedar permanentemente con nosotros; que empezamos a ser como ellas: que transpiramos sólo su energía, que irradiamos su aura, que nuestros cuerpos palidecen hasta hacerse transparentes.

¡Qué extraños somos los humanos, nos da miedo lo que más amamos!

Yo desde hace años tengo un alma amorosa, cariñosa y franciscana, me visita todos los días: me abraza, me consuela.

Me platica de extensas propiedades recorridas en tren, de las palmeras de Colima, de la ola verde y gigantesca de Cuyutlán, del mar calmo de Chetumal, del paisaje árido y seco de San Cayetano, de la selva de Santa Cruz Chan, de la aristocrática y porfiriana Colonia Roma, de la neblinosa Xalapa y de la mística Chiautla.

Luego orgullosa me habla de las hazañas de mi padre y de las de mis hermanos. Y no deja de tocar sus vivencias: la feria de Villa de Álvarez, los fines de semana en Punta Estrella, los días de campo en San Cayetano, las plazas y las iglesias de México, las fiestas cívicas y religiosas de la ancestral Chiautla, la casa de “Mamá María”, los teatros de revista y de sus viajes y recorridos por todo nuestro amado México. ¡Ah!, sin dejarme de contar las majestuosas historias y cuentos de su patria chica; destacando las aventuras de “Chema Tamales”, una especie de Pito Pérez villalvarense.

Es un alma traviesa. A veces pienso que a propósito mueve mis cosas: mi teléfono, mi cartera, mi ropa y mi calzado. Exasperado cuando las busco, me dice: “deja de ser tan imaginativo, sal de tus circunloquios, pon los pies en la tierra”. Se ríe, porque bien sabe que siempre he sido distraído e introspectivo.

Lo único que no me oculta son mis libros, antes bien siento que me despierta en las madrugadas para que me ponga a leer o a consultar textos y palabras; nada más que ahora casualmente sobre mi buró aparecen plumas, lápices, hojas y gomas. Me reprocha: “eso es todo lo que puedes hacer Mikilin”, “sé que lo puedes hacer mejor”; “ya deja de fumar”; “no es cierto que Baco inspire”.

A veces como es natural sólo platicamos. Insiste en que le hable sobre los últimos acontecimientos del país, de Chiautla, de la familia; no le gusta que haga pausas, cuando las hago me dice: ¡“Y”!

También es un alma amorosa: en mis noches de insomnio ahuyenta a mis demonios, que como todos los demonios, no son más que monstruos que forman nuestros propios actos.

Ella (mi madre) en mis recuerdos sigue siendo la misma: alta, hermosa, con su hablar pausado, con su dicción perfecta; con su voz melodiosa, casi de soprano.

Créanme no hay que tenerle miedo a las almas, ¡no las importunamos!; a ellas no les gusta descansar. Yo lo sé porque cada vez que se despide, cariñosa me dice: ¡No dejes de pensar en mí!

Con respecto al pasado, otros dicen, que siempre hay que revisar la senda de lo que fueron nuestros pasos, para tratar de caminar recto; para no tropezar con la misma piedra; para no cometer los mismos errores.

Falsa pretensión. El que no atempera sus pasiones, el que no asimila sus experiencias, como Sísifo caminará exhausto con la piedra del castigo cuesta arriba y con ella rodará cuesta abajo, eternamente.

Yo como mi padre, creo que el pasado es nuestra propia luz interna, es lo que le da conciencia a nuestros actos; lo que le da sentido al porvenir.

Quien recuerda se sabe parte del universo infinito y como tal, maravillado, sabe que la historia es continua expansión; que somos materia pero que nuestra misión es crear espíritus. Ese es el misterio de la vida.

También ya somos recuerdo; de hecho ahora mismo empezamos a ser pasado; nos transformamos continuamente en imágenes que quedan en la memoria de otros y se vuelven perennes cuando hemos sido amados.

Recuerda: Hombre eres y en imagen te convertirás.

Gracias: Querida Madre.

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