El lado oscuro del periodo de contingencia

By on junio 22, 2020
salón de clases

Revista Educarnos

Esta etapa de vida en medio del confinamiento y que ha afectado en lo social, lo económico y lo educativo, por supuesto que ha servido para generar una serie de situaciones que nunca se habían vivido sobre las cuales es necesario aprender y seguir aprendiendo.

El confinamiento no sólo sirvió para cerrar negocios, escuelas, lugares de distracción y otros muchos sitios que servían como espacios de confluencia social; no, también ha servido para mostrar de manera cruda una serie de realidades que pasaban invisibles ante nuestros ojos, previo a la etapa de contingencia.

De nadie es ningún secreto saber que la educación en nuestro país se divide (por su administración en dos grandes apartados), la educación que regula el Estado directamente ya sea en la esfera federal o a partir de los gobiernos estatales (como sucede en Jalisco y en varias entidades del país) y llamada educación particular o privatizada, que se oferta en colegios e instituciones privadas, organismos civiles, etcétera. La diferencia no sólo reside en pagar cierta cantidad de dinero mensualmente (llamada colegiatura), sino también en los estilos de gestión, de administración y en la conducción académica de cada centro.

A partir de la contingencia anunciada en nuestro estado el 17 de marzo y hasta la fecha, muchos centros educativos tuvieron que cerrar. Algunos otros recortaron su personal, los mejores o los mejor preparados para este tipo de eventualidades habilitaron de manera rápida el uso de una plataforma digital, diseñaron junto con sus docentes guías semanales de trabajo y brindaron atención vía correo electrónico, estuvieron en permanente comunicación con los padres de familia y crearon las mejores condiciones de atención, incluso en la fase de los meses más críticos hicieron descuentos a las familias y hasta flexibilizaron la atención educativa y financiera. Es el caso de algunos colegios como el Instituto de Ciencias y el Colegio Anáhuac, entre otros; pero hubo unos más que antes de esta contingencia gozaban de gran prestigio, pero dicho prestigio se ha venido por los suelos después de lo que ha pasado.

El Colegio Franco-Mexicano, como se sabe, depende en la parte pedagógica de un modelo dirigido por el gobierno francés, pero en lo administrativo por personajes mexicanos.

El Colegio Franco-Mexicano descuidó, casi en su totalidad, su modelo educativo y rompió el vínculo de atención con los padres de familia (con excepción de cuando se trata de cobrar o de pedir algunas cuotas extraordinarias), de igual manera, el uso de la plataforma prácticamente se tornó en una verdadera anarquía.

Los alumnos del Colegio citado han vivido un terrible desconcierto educativo, están confundidos, sin que existan personajes (docentes o directivos) que aclaren sus dudas, no reciben retroalimentación a los productos que envían y están muy molestos con su propia institución.

Los directivos del Colegio Franco Mexicano han priorizado una serie de intereses financieros por encima del legado pedagógico de la historia del colegio y del país al que representa. El prestigio de las instituciones educativas se gana en mucho tiempo y por malas acciones se pierde en segundos, desgraciadamente esto es lo que actualmente está pasando aquí.

Todo lo anterior es producto de algunos testimonios y algunas quejas de padres de familia que –cabe decirlo–, han preferido el anonimato para evitar represalias.

En la contraparte, es digno reconocer que infinidad de instituciones educativas (públicas y privadas), han redoblado sus esfuerzos para garantizar la atención educativa de niños y niñas, tal vez ésta no sea la experiencia más exitosa de la historia de nuestro sistema, pero si es una experiencia que ha servido para colocar a cada institución en el lugar que merece, independientemente de la fama y del reconocimiento que dicen tener.

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