El Covid-19 y el declive de la educación

By on julio 2, 2020
educación (1)

Por: Emma Rubio

Desde inicios de año el mundo ha cambiado, poco a poco se ha ido expandiendo una pandemia que hoy ya tenemos incrustada en el inconsciente colectivo y en la memoria histórica por generaciones. No sólo se ha visto afectada la economía global sino la salud física, mental y emocional de la humanidad. Y la educación de pronto, tuvo un ápice de esperanza, sin embargo, cada día esa esperanza se torna en una cruda realidad.

Recuerdo cuando por ahí de marzo nos preparábamos casi casi de un día para el otro en el colegio donde laboro para ofrecer los estudios en una modalidad que muchos no habían conocido aún. Ese fue el primer gran reto que enfrentamos las escuelas en este país, la ventaja de ser escuela privada fue que de uno u otro modo había el recurso de los padres para que sus hijas e hijos accedieran a sus clases. En ese momento nadie se imaginaba lo que en realidad pasaría, sin embargo, justo fue el instante en el que la esperanza apareció. De modo ingenuo, pensamos que los padres y alumnado valorarían el trabajo de los docentes.

El segundo gran reto que enfrentamos, fue el de hacer que tanto alumnos como padres y madres, se tomaran en serio el estudio y que no porque fuese en línea se trataba de educación a la carta. Tras una labor titánica se logró dejar en claro que era en serio y que todo lo que hacían era como si estuviésemos en el edificio de la escuela, pues no ha quedado claro que la educación no es un edificio. Conforme pasaban los días, las carencias se develaban, la angustia y ansiedad se manifestaban. No sólo del alumnado sino de padres y maestros.

Los padres al ser una ciudad que depende del turismo, comenzaron a quedarse sin trabajo y lo primero que comenzaron a sacrificar fue la educación escolar, las escuelas como toda empresa independiente de la noble labor que ejerzan quienes laboran en ellas, comenzaron a recortar sueldos y “descansar” a personas; Playa del Carmen comenzó su declive pero como nunca antes, tocó la esfera educativa. Las escuelas al igual que otro tipo de negocios se han visto en la necesidad de cerrar, los padres sin ningún problema lo aceptan pues ahora consideran que es fácil optar por el “home schooling” sin comprender en realidad lo que implica la educación en casa. El Covid y la falta de comprensión por parte de la Secretaría de Educación han estado vejando significativamente a la educación. La secretaria de educación del estado dijo que habría cupo para todos los niños y niñas del estado en las escuelas públicas pero esto no sólo es absurdo e irresponsable, a menos que abran otros dos turnos (nocturno, y de madrugada) quedando de este modo, desempleados miles de docentes en el Estado.

Es entendible que muchos piensen que finalmente es una empresa y que como empresa, cada empresario, es decir, dueño de la escuela, debiera tener un fondo con el cual cubrir situaciones de riesgo y máxime en sitios que corren peligro de huracán, sin embargo, pocos son los empresarios que ponderan estas prioridades o que aun teniendo un fondo, ponderen el bienestar de sus empleados.

Todo esto no ha sido más que la confirmación de lo poco que se valora la educación en un país donde la prioridad se encuentra en banalidades que surgen precisamente de la falta de educación que se ha tenido por años. La escuela ciertamente no se encuentra en el edificio sino en la comunidad que se conforma en él tanto dentro como fuera, pero, sobre todo, en los docentes.

Si cada padre y madre de familia hicieran conciencia de cuánto da de sí misma o mismo un docente, de lo mucho que llegan a querer a su alumnado y lo mal pagados que en verdad son en las escuelas privadas, no sólo lo agradecerían sino se limitarían a ser tan groseros y prepotentes con los docentes. Pues tal parece que no tienen idea de lo que es haber nacido con una vocación y que además se ame dicha vocación. A veces pienso que la gran parte de la sociedad hace lo que por casualidad le ha tocado hacer pero créanme que es muy raro el docente que esté por casualidad en el ámbito y se quede. Para ser docente se requiere vocación, pues no hay de otra ya que ser docente es estar trabajando todo el tiempo, estudiar y seguir estudiando, comprender y amar a niños, niñas y jóvenes que no son ni de su familia pero los llegan a amar tanto, que hasta te quitan el sueño y muchas veces porque sabes más de ellos que sus mismos padres. Ser docente es aceptar una paga muy mala por un trabajo de 18 horas al día o más, porque no hay descanso, porque no sólo se para uno a decir cosas frente a ellos, hay que prepararse para jóvenes de una generación que tiene necesidades muy distintas a las que uno tuvo, hay que estar cumpliendo con un trabajo muy aburrido y burocrático porque así lo piden, hay que cumplir con cuotas de eventos, tienen que hacerla de decoradores, pintores, mantenimiento, guardias, buzón de quejas, amante de los deportes porque hay que asistir a todos y cada uno de los eventos que organiza la escuela aunque no sean ni de un mínimo de su interés. Muchos hablan de las grandes vacaciones que tienen los docentes pero créanme que muchos docentes odian el tiempo de vacaciones porque en las escuelas privadas no existen vacaciones sino periodo de desempleo. Las escuelas privadas no suelen pagar a sus maestros en periodos vacacionales, así que les juro que lejos de decir “yupi” muchos se preocupan y angustian pues también los docentes tienen familias.

Esta es la realidad de la educación privada en este país, un sector muy castigado por padres y madres, por los dueños de las escuelas y hasta en ocasiones por los mismos alumnos que se atreven a ver en sus maestros sus empleados. Es funesto darse cuenta de la poca conciencia que existe en todo cuanto les rodea a las personas pues no habría ningún tipo de profesionista si no existieran los docentes y que en estos tiempos haya madres que le griten a los profesores que ella sí trabaja no como ellos que se han quedado en su casa no solo es indignante sino muy desesperanzador, pues si una madre no es capaz de valorar lo que los docentes hacen por su hijo ¿qué puede uno esperar de ese hijo? Es claro que la educación no es prioridad de la sociedad, y mi esperanza se agotó ya que al pensar que esta situación dignificaría el papel de la educación dentro de la sociedad pero en realidad hoy vemos una sociedad infestada de egoísmo, hambrienta de un poder imaginario y fantaseando con ser lo que nunca será. Tan lamentable me resulta darme cuenta que lejos de haber entendido el por qué se ha gestado todo lo que estamos viviendo, tal parece que lo que realmente ha pasado es que cada humano se ha reafirmado en su más pura esencia egoísta. Aun así, seguiré en la educación, poniéndome frente a jóvenes cada vez más apáticos, con padres y madres prepotentes que reclaman por todo porque les pesa pagar, pero no quieren “quedar mal” ante una sociedad superficial. Para mí los otros héroes que pone en evidencia todo esto, son los profesores, esas maestras y maestros que pese a que ni les pagaban seguían dando lo mejor de sí, y que aunque no tuvieran idea de cómo manejar una plataforma educativa, aprendieron en tres días con tal de no fallas a sus niñas y niños. Sueño con el día en que los docentes sean valorados y bien reconocidos para que puedan vivir dignamente y no tengan que estar (o tengamos) de una escuela a otra porque se les paga la hora clase a 120 pesos sin importar todo el resto del trabajo que tienen que hacer. Bien, sigan criticando a los docentes que “no hacen” nada pero nunca olviden que gracias a todas ellas y ellos sus hijas e hijos serán o ya son profesionistas de los que ustedes como padres se enorgullecen. Tan absurdas las valoraciones en este país.

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