La vocación de educar en tiempos de coronavirus

By on noviembre 15, 2020
maestro

Revista Educarnos

El ser educador o educadora es un oficio que se aprende a partir de estar en el campo educativo, el oficio en educación se aprende como aprenden todos los artesanos que realizan una tarea, pero para el caso de los que estamos en educación el oficio es una tarea especializada, exigente, la cual se realiza dentro de un contexto de profundos cambios.

El oficio de ser educadora o educador es un proceso interesante y complejo, que se va aprendiendo a partir de tejer vivencias y experiencias significativas y de darles sentido reflexivo a la par que se viven. Las primeras vivencias están vinculadas con el pasado como alumno, las imágenes que fluyen y los modelos con los que ha interactuado, aunque no se le llamaba así, sirven de base para la conformación de cada docente de ahora. Sin embargo, la docencia es exigente, demandante y ahora en plena pandemia por coronavirus me parece que es aún más.

El oficio de educar siguiendo las ideas de Andrea Alliud de Argentina, es una serie de habilidades artesanales en el origen, pero profesionales más adelante en la consolidación. Hoy necesitamos docentes y educadores con oficio que tengan la versatilidad, pero también la valentía para educar en un contexto atípico e inusual llamado de pandemia.

La pandemia por coronavirus se ha tornado en un fenómeno que se creía sería para pocos meses y se ha extendido en cuyo escenario hemos entrado a una fase de lo imprevisto o lo improbable. Este tema comenzó a generar mucha literatura, se han desprendido producto de ello nuevas expertices, nuevas especialidades y ahora las propuestas han dado lugar a los maestros en línea, los maestros en escenarios remotos, en la habilidad para el uso de plataformas digitales y aprovechar sus bondades de almacenamiento y de ventajas pedagógicas.

Lo paradójico de todo este contexto es que no tenemos reportes o informes sistematizados o no, que nos garanticen un acercamiento más objetivo y más puntual a la realidad de lo que estamos viviendo, el escenario no cambiará en el corto plazo, la costumbre será aprender de los aparatos y conectarse para trabajar de la mejor manera, pero no hay reportes, ni informes que den cuenta ante la nueva realidad en que estamos.

Las investigaciones que supuestamente se han generado en algunos ámbitos son más discurso que recuento de la realidad y la generación de conocimientos en este campo emergente.

El próximo congreso del COMIE que se realizará en la ciudad de Puebla en noviembre de 2021, es muy probable que ponga como punto central de las reflexiones la educación bajo un contexto de pandemia.

Requerimos actualizar la mirada, plantear nuevas preguntas que nos acerquen a generar compromisos igualmente inéditos, de lo que las y los educadores necesitan saber y lo que debemos hacer en este contexto. En distintos testimonios, muchos maestros dan cuenta de un escenario muy desgastante y agotador, parece que esta aventura de la innovación con tecnología es más cansada que trabajar en los espacios convencionales de la tarea.

Bajo todo este contexto requerimos rescatar el vocacionismo pedagógico, es aquí donde surgen los verdaderos educadores y educadoras, es aquí donde se demuestra que trabajar en educación ha valido la pena.

Es triste escuchar testimonios de queja, de cansancio, testimonios de agotamiento en donde se dice “ya no puedo más”. Algo tenemos que hacer para seguir educándonos todos y todas. El oficio y la vocación deben salir a flote y rescatarnos a todos y todas.

En este contexto de innovación arropados por una pandemia, hay dos elementos complementarios para darle sentido al rescate de este vocacionismo del que hablo:

a) Buscar la conformación de redes y colectivos de docentes que dialoguen e intercambien ideas, experiencias y docentes de vista sobre el trabajo educativo en este contexto.
b) Que bajo este escenario inédito no existen verdades ni propuestas efectivas, sino que todos y todas van aprendiendo en el camino y en el caminar.

Esta experiencia de nueve meses que hemos vivido demuestra que los cambios en educación surgen desde debajo de las acciones docentes con sentido y que dicho cambio no les interesa a los gobiernos, pero si a las y los educadores.

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