Los espías en las Normales

By on enero 11, 2021
escuelas normales

Educación Futura

La narración que aquí se esboza, trata de explicar la intervención de las personas que intercambian información de distinta valía para el Estado y su probable intercambio por favores para el ascenso a puestos de mayor jerarquía; sin embargo, también se acepta la posibilidad de que cualquier sujeto social puede arribar a puestos de responsabilidad por distintas causas que pueden desarrollarse de manera autónoma, de acuerdo a las condiciones contextuales imperantes del momento histórico que le tocó vivir y por supuesto con su capital de relaciones mundanas y sus posiciones dentro del entramado social, sin que se niegue por supuesto, la capacidad intelectual del sujeto que se atreve a jugar con las condiciones que le ofrece el contexto.

Las expresiones de lucha como la preferida con la que se cerraban los discursos estudiantiles para augurar en el futuro el éxito de la revolución que se circunscribe en la mejora de sus condiciones materiales, se concretaba en la frase: “Hasta la victoria siempre” como un cliché que al transitar por la palabra era fácilmente usable por los que pretendían aparecer como defensores del Normalismo Rural. La estrategia bien aprendida la desarrollaban a un nivel magistral, tanto, que envolvían a los que no están acostumbrados a discernir entre el basto contenido y el sentido al que apunta lo que verbalmente se refiere.

Los incentivos que se recibían en el discurso de la supuesta vigilancia del Estado, hacían que entre el alumnado se cerraran filas ante el hecho inminente que el ojo que todo lo ve, estaba presente en todo cuanto se hacía dentro de las Normales, aumentando el esfuerzo por salir de una crisis de sinsentidos, a través de frases como: ¡Solo el pueblo puede rescatar al pueblo! bajo esa lógica discursiva, se emprenden luchas en contra de ese ser que se visibiliza en los representantes del gobierno en turno, sobre todo en la Secretaría de Educación y la Secretaría de Gobernación Federal y de los Estados.

La figura del vigilante nunca visto, se asemeja más a un constructo que se conoce por sus manifestaciones más que por su corporeidad material. Este temor ante un Estado que se sabe qué se hace y cuándo se hacen las cosas, trae los miedos inconscientes a ese presente que aquí se narra. Mirar el rostro de los otros compañeros estudiantes y temer que entre ellos está uno o varios que son el judas que hace tratos para entregar a cada uno de ellos a la justicia del poderoso, del que se trata de derrocar, pero sin que se entere, porque se sabe grande en fuerza y con los medios para castigar todo acto de desobediencia que contravenga lo que establece.

Luchar con quien proveía lo necesario en lo que se refiere a alimentación, alojo, cobijo y estudio, se convierte en contraposición en un sentido. Es luchar contra el padre que dota según sus medios para la subsistencia. Conceptualizar al Estado  como enemigo de la clase explotada, requería de un esfuerzo problematizador profundo, que sólo se encontraba en el análisis metódico de las múltiples relaciones en la dimensión política, económica, social y cultural principalmente, que los llevaba a ubicarse en instrumentos del mismo Estado para adoctrinar a las mentes jóvenes cuando ellos ejercieran la función profesoral a la que estaban socialmente destinados, a ejercer funciones más enfocadas al medio rural una vez superada su formación.

El ejercicio intelectual de mirar sobre la apariencia, requería de insumos conceptuales que la corriente filosófica denominada materialismo dialéctico en sus dos vertientes: histórico y dialéctico, proporcionaba con las hibridaciones correspondientes derivadas de la adecuación de quienes la estudiaban con los sesgos inevitables que la procedencia, educación y medio social les permitían. El sinsentido aparece ocasionalmente como producto del proceso de la obediencia acrítica o irreflexiva a una estructura de poder jerárquica o a un mando u ordenamiento formal de carácter ya sea legal o ilegal, pero que en última instancia se considera legítimo. (Arteaga & Arzuaga, 2017).

La vigilancia y la represión de los movimientos estudiantiles, han sido la tónica de diversos Gobiernos Estatales y Federales, que buscan ejercer un control efectivo sobre los jóvenes revolucionarios. Esta acción sistemática, parece tener su fundación en el Gobierno del Lic. Luis Echeverría Álvarez, con lo que históricamente se conoció como guerra sucia.

La intromisión de sujetos informantes del Estado, “Los sujetos sospechosos llamados ‘orejas’, estudiantes o pseudoestudiantes que asistían regularmente a clases o se presentaban a las reuniones a tomar nota de todo lo que pasa dentro”.(Doyle, 2006, pág. 44)

Los informantes, son sujetos sociales que se infiltran como estudiantes entre sus compañeros, se enrolan en las actividades y pasan el pulso de todo cuanto puedan observar en alusión al desenvolvimiento histórico de cómo ha venido construyéndose la vigilancia sobre los sujetos que pueblan las instituciones:

Gracias a las técnicas de vigilancia, la “física”  del poder, el dominio sobre el cuerpo se efectúa de acuerdo con las leyes de la óptica y de la mecánica, de acuerdo con todo un juego de espejos, de líneas, de pantallas, de haces, de grados, y sin recurrir, en principio al menos en exceso de la fuerza, a la violencia. Poder que es en apariencia tanto menos “corporal”, cuanto que es más sabiamente físico.

“Los informantes dan señas exactas de lo que realizan, cómo lo realizan, dónde lo realizan y por qué lo realizan los líderes normalistas y toda esa información se encuentra en dependencias de la Secretaría de Gobernación y de donde fue solicitada la información del archivo General de la Federación (con solicitud 0495000006008), presentada por medio de la Ley Federal de Transparencia y Acceso a la Información Pública Gubernamental. (Camacho, 2019)

La función de espías no era privativa de algunos estudiantes, sino también, de los directivos y profesores, quienes rendían informes a demanda de cuanto sucedía dentro de la vida interna del Normalismo Rural, con lo que mostraban un mecanismo de obediencia como una actitud apegada al deber ser, de fidelidad al patrón que paga por los servicios y todo cuanto sucede en su desempeño para alcanzar un poder del orden de lo simbólico, que se adquiere a través de la obediencia en retribución como contrapartida de los servicios informativos a los poderosos (Bourdie, 1992). Esta responsabilidad desde el plano estructural funcionalista, es esperable de una persona que trabaja para el Estado; sin embargo, se logra detectar un doblez en el discurso de algunos profesores que apoyaban por un lado el modo particular de practicar la lucha social en el interior de las Normales y por otro se alineaban con el que se utilizaba ante las autoridades de mayor jerarquía.

La vigilancia se ancla en la lógica de la Ley del Pather Familia, representado por el Estado como proveedor de lo necesario para la subsistencia como alimentación, comida, cobijo y estudio. Esta posición lo coloca en el derecho de saber lo que pasa si los mantenidos se niegan a brindarla, además, una postura clara y verificable de los centros formadores del profesorado en general en México y el mundo es que caben en concepto de aparato ideológico del Estado que ayudan a la regulación y el control de la sociedad, orientando a las personas hacia una comprensión del mundo de determinada manera y a considerar ciertas cosas como “naturales”

La estrategia de los profesores informantes, mantenía una contradicción de fondo:  mostrarse en apoyo tanto a los alumnos y la autoridad, aparece como un mecanismo que deifica una posición desde donde se puede estar en comodidad, mientras no se descubra el doble juego; se espera, que en caso de descubrirse se encuentra lejos de la posición en que comprometa su subordinación y se pague el costo de la deslealtad. La otra vertiente es demostrar que se tiene la autoridad para ejercer sanción a las conductas que se prevén afecta la dinámica de la vida cotidiana de una escuela, como lo expresa el discurso de Ramón, G. Bonfil en su visita a la Normal de Ayotzinapa en el Estado de Guerrero donde “advirtió́ a los estudiantes que si se les sorprendía “agitando” se les suspenderían sus raciones de comida y se les cortaría el agua y la luz; también amenazó con reducir el número de maestros y expulsar alumnos; además, aseveró, se circularía una lista con los nombres de cualquier expulsado para que no fueran aceptados en ningún otro plantel” (Padilla, 2009, pág. 93)  “El proceder del entonces Director General de Alfabetización y de Enseñanza Normal, Subsecretario de Educación Primaria y Normal y Secretario de la Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuitos, estaba sincrónico al proceder de Agustín Yáñez, quien se proponía desterrar las formas que tenían los estudiantes normalistas para terminar con los problemas estudiantiles y las huelgas.” (Flores, 2019, pág. 220)

La comprensión del fenómeno de informante, se encuentra en los mecanismos de beneficio mutuo. El pago de obediencia, podía en determinado caso traer grandes beneficios si se toma en cuenta que “El logro de los ascensos se encuentra en función de las buenas relaciones que se tengan con quienes ocupan puestos de mando. Saber que el trayecto de ascensos no es lineal y que son muchos los factores que inciden en él, principalmente los de orden político.”  (Montiel, 2005, pág. 115)

Las relaciones mundanas son necesarias para la promoción social, que pueden, llegando el caso, proporcionar apoyos útiles, capital de honorabilidad y de respetabilidad que a menudo es indispensable para atraerse o asegurarse la confianza de la buena sociedad y con ello su clientela y que puede convertirse, por ejemplo, en una carrera política.

Informar a los superiores era una forma muy socorrida de contar con los buenos ojos y la información necesaria que ocupan las jerarquías superiores. Este proceder por más que tenga tintes detestables, si se pasa por el análisis riguroso puede ser visto como un deber ser, si se toma en cuenta que el Estado es quien contrata y paga al profesor que da clase en la Escuela Normal en cuestión;  por supuesto que el análisis propuesto no opera entre quienes pueden ver en ellos a la conducta más despreciable: a un judas entre ellos.

Pero… eran de esos personajes que estaba allí, bien con los alumnos y hombro a hombro y ¡Hasta la victoria siempre! y era unos desgraciados Judas. (Cruz, 2017, pág. 19)

La metáfora del modelo de Judas, aplicado a la figura del que desarrolla un doble juego, aparece como un esfuerzo intelectual por ejemplificar en el terreno de lo concreto al que mantiene una relación íntima con el estudiantado, pero le traiciona para obtener un tipo de ganancia de quien entrega la información: “Suele decirse que la información es poder, y brindarle o retenerlo, se convierte en un elemento importante (…)” (Fukuyama, 1999, pág. 269). La obtención de las ganancias podría ubicarse en el terreno de lo simbólico, con el reconocimiento de ser leal a ese que se lo pide o también puede ubicarse la ganancia más en el terreno de lo económico. La mezcolanza de las ganancias puede admitir ambas manifestaciones y también entender el puesto al que se arribe en el futuro.

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