Democracia de sopapos

By on enero 19, 2021
Gustavo Díaz

Revista Educarnos

El INE le tapó la boca al Presidente. No podrá ni él ni nadie de su gabinete hacer declaraciones que fomenten proselitismo durante el próximo período electoral donde se renovará el Congreso, a la mitad de su sexenio.

Nuestra democracia de golpes bajos y discursos de conveniencia, admite y fomenta los sopapos como una práctica común, hasta plausible.

La ley aprobada por el Instituto Electoral se fundamenta en la desconfianza ante los excesos de los gobernantes perversos y la manipulación de los ingenuos votantes. Bajo este tono, la política nacional es una práctica aviesa y los ciudadanos son niños a los que hay que cambiarles los pañales.

Lo que puede esperarse es la continuidad de un civismo costumbrista de pandilleros en busca de colonizar una esquina. Política de barrio bravo donde las plazas públicas son botín que se arrebata y la ciudadanía, rebaño que trashuma en pastos mansos.

Más que la suma mayoritaria de votos para ocupar un cargo, la democracia es la manera de asumir una vinculación con los otros. Relación fundada en el respeto, la tolerancia, el diálogo. Toda forma de censura de la palabra es una coerción que demuestra tanto la minoría de edad ciudadana como la carencia de argumentos democráticos. La evolución de las ideas supone libertad de expresión, discusión, toma de postura. Consciencia.

En un mundo donde la campañas políticas se fomentan a través de Facebook y los candidatos practican rutinas de Tik Tok para ganar electores, la gradación política transita entre la puerilidad y el escarnio. Si los muertos del Movimiento del 68 pretendieron hacer escuchar su voz, la voz de la inconformidad, cincuenta años después nuestra vida política aún tiende a la violencia como costumbre y a la mordaza como solución.

Las campañas partidistas tienen en común la narrativa teledirigida a la persuasión de los más jóvenes, no a la difusión de plataformas de trabajo ni a modelos filosóficos. En México no existen posturas políticas sino raiting sustentado en promesas triviales.

En este contexto, la posición del INE viene anillo al dedo: el papá que manda a su hijo malportado a dormirse sin cenar.

El panorama resulta desolador. Si los gobernantes están impedidos legalmente para manifestar sus argumentos, se espera que los indecisos (que son la mayoría abrumadora) voten por intuición o simpatía, no por una postura definida.

La expectativa es que la agenda política una vez más se desarrolle sobre la marcha. Entre decisiones por quedar bien e intereses ignominiosos.

No hace falta otro 68. Hace falta una auténtica reconstrucción nacional. Hoy, Díaz Ordaz sería youtuber.

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