Ciencia, transformación y esperanza

By on noviembre 11, 2021
La innovación es el proceso de hallar soluciones a problemas complejos que no pueden resolverse aplicando fórmulas prestablecidas. Más allá de su significación en lo empresarial, que la asocia de manera limitante a la concepción orientada al lucro de productos, servicios y procesos de organización y de fabricación, el Conacyt ahora comprende a la innovación en el sentido social. Esto es, como el proceso de construir respuestas novedosas, eficaces y sustentables a necesidades sociales, lo cual implica la promoción del interés general promoviendo el bienestar social, sin desdeñar la viabilidad económica. El Plan Nacional de Desarrollo del presidente Andrés Manuel López Obrador mandata al Conacyt a establecer y coordinar la política de innovación.

Este mandato se cumple pese a la resistencia de los sectores que controlaban el presupuesto del Conacyt. Bajo el régimen neoliberal, tales sectores establecieron mecanismos para transferir cuantiosos recursos públicos a corporaciones. La eliminación del entramado administrativo que les benefició los llevó a financiar y orquestar campañas y ataques mediáticos contra el Conacyt, pretendiendo ocultar complicidades en el uso inmoral del erario. Sin embargo, la reorganización virtuosa de las comunidades académicas y la interacción entre la ciencia nacional, el Estado y el pueblo de México avanzan.

¿Qué se hizo con lo que el país dedicó durante el neoliberalismo a la innovación vía el Conacyt? En verdad muy poco. Mientras en el sexenio pasado México subió siete lugares en gasto público en la materia frente a otros países, perdió 16 en eficiencia de innovación. Ello pese a la transferencia desde el Conacyt de 45 mil 702 millones de pesos a empresas privadas de 2000 a 2018. Este esquema contradice incluso el modelo neoliberal que reza lograr una alta inversión en innovación por el sector privado, y con ello generar y fortalecer empresas de base científica y tecnológica para aumentar la eficiencia de innovación. Aquí fue al revés: ¡el dinero del pueblo de México se transfirió a grandes empresas incluyendo multi y trasnacionales, se desmanteló lo propio y la eficiencia de innovación bajó!: Prof-Tech, Intel, RH-México, Whirlpool, Bimbo, Kimberley-Clark, VW, BMW, IBM, Monsanto, Intel y Femsa son sólo algunas de las beneficiarias. Esta es la realidad.

¿Qué se ha hecho para revertir esta situación a partir del 1º de diciembre de 2018? Además del apoyo a estudiantes y colegas, el impulso a la ciencia básica y de frontera, y la articulación de las capacidades científicas nacionales en torno a los Programas Nacionales Estratégicos (Pronaces), referidos en las partes I y II de este artículo, el Conacyt ha impulsado un eje programático de desarrollo tecnológico e innovación abierta. Este eje articula capacidades de entidades académicas, productivas públicas y privadas, y sociales, con dos pilares principales: Cuidado ambiental y bienestar social.

Se ha convocado a proyectos de innovación en torno a prioridades nacionales en salud, energía y seguridad humana como tres ejes prioritarios. El de salud incluye cuidado ambiental y producción de alimentos sanos con enfoques y paquetes tecnológicos agroecológicos encaminados a hacer realidad el decreto presidencial de fines de 2020, que prohíbe la siembra de maíz transgénico y la exclusión paulatina hasta llegar a ser total, tanto del glifosato como del grano de maíz transgénico en nuestros alimentos. Bajo el precepto del Presidente, de que el campo mexicano es la mayor fábrica de México, el Conacyt dedica esfuerzo especial al desarrollo científico y tecnológico en torno a un Pronaces de soberanía alimentaria en busca de insumos orgánicos que sustituyan los agrotóxicos, y al desarrollo de cultivos inspirados en las ricas tradiciones agrícolas mexicanas. Se impulsan enfoques novedosos para la recarga de acuíferos, crucial para evitar contaminación con arsénico y otros tóxicos. Todo, junto con las instancias pertinentes del gobierno de México.

Ejemplo. Ante los retos de la pandemia, el Conacyt logró en cinco meses lo que generalmente toma más de tres años: dos modelos de ventiladores mecánicos invasivos para atender a pacientes en riesgo por Covid-19, con los más altos estándares de ingeniería y bioseguridad biomédicas, de diseño y manufactura nacionales. Se han producido mil 130, instalados en 84 hospitales públicos en 24 entidades federativas, con ahorro de más de 50 por ciento respecto de los importados equivalentes. Con estos equipos se ha atendido a 15 mil 510 pacientes durante un millón 95 mil 951 horas de servicio. Gätsi implicó un esfuerzo mixto entre una microempresa mexicana y centros públicos de investigación de Conacyt, Ehécatl 4T es 100 por ciento público con patentes en trámite que serán parte de los activos del Estado.

Los ventiladores y otros equipos médicos, así como implementos para atender los males más comunes se podrán fabricar en México bajo esquemas mixtos en gestación que producirán dividendos y ahorros al erario. Se incentiva la inversión de micro, pequeñas y medianas empresas nacionales en desarrollo tecnológico con un esquema de coinversión: un peso público por cada tres de la entidad privada. Se forjan acuerdos con IMSS, Issste e Insabi para dirigir esfuerzos en torno a sus prioridades: stents para atender infartos, máquinas de diálisis, sensores novedosos, etcétera. Con Birmex y Cofepris avanzan estrategias en biológicos prioritarios, incluyendo vacunas. Con base en estos éxitos se forja soberanía y autosuficiencia en un área tecnológica fundamental: la salud.

En cuanto a transición energética, se han elaborado propuestas de tecnologías de vanguardia que se detallan en coordinación con la Secretaría de Energía, que establecerá las prioridades. Entre ellas, ecotecnologías para comunidades con alta marginación energética. Otros enfoques de innovación social con comunidades campesinas incluyen redes de producción-consumo de alimentos sanos de maíces nativos y otros cultivos de la milpa, así como de restauración, regeneración natural y cuidado de bosques, junto con Semarnat; Producción para el Bienestar, de Sader, y Sembrando Vida, de Bienestar. Se acompaña el mejoramiento tecnológico en diálogo horizontal para fortalecer autonomías en el cuidado de territorios comunitarios, semillas libres de transgénicos como bienes comunes, entre otros.

Directora general del Conacyt. Bióloga, Premio Nacional de Ciencias nivel III en el Sistema Nacional de Investigadores (estímulo económico en pausa desde el 1º/12/18). Profesora-investigadora titular C de la UNAM con comisión.