Educar en tiempos difíciles

By on enero 24, 2022
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Revista Educarnos

Tiempos difíciles para todos o casi todos. Educar, tarea honrosa y sin duda difícil. Aun la ciencia no ha descubierto un cómo educar infalible. Y quizá nunca lo descubra pues el ser humano, libre y autónomo por naturaleza y auto-conquista puede poseer rasgos de conducta comunes, sin embargo, la libertad le da un amplio margen para crear y practicar acciones con rasgos personales de cada uno.

Las tareas necesarias para vivir en sociedad obligan a las personas a realizar acciones comunes para conseguir fines comunes, a pesar de las dificultades inherentes a realizar, a veces al mismo tiempo, ciertas acciones comunes. Por ejemplo, despertar, alistarnos y transitar al lugar de trabajo. Las realidades que rodean esas tareas las facilitan o las dificultan. Para el caso del ejemplo, salir de casa y llegar al trabajo implica transporte simultáneo de un lugar a otro. Pronto nos educamos (¿o aprendemos) a construir y realizar una rutina con la cual hacer esas tareas al mismo tiempo que muchas otras personas las hacen con la misma o muy parecida rutina.

En la gran mayoría de las escuelas del país el mismo día, a la misma hora y en un aula muy parecida, con mobiliario similar, el o la maestra les da los buenos días a los estudiantes, y los estudiantes responden al saludo. No hacerlo así es romper con las cortesías no sólo acostumbradas sino esenciales para iniciar la interacción entre maestro/maestra con los estudiantes. ¿Qué pasa con éstas y otras acciones típicas de las tareas cotidianas en una escuela si, por ejemplo, la mitad de los estudiantes no asisten? Las tareas encaminadas a enseñar se han de adaptar o modificar para atender esa nueva realidad. ¿Y las tareas de aprender a realizar por los estudiantes? También se han de adaptar y modificar para ajustarse a las nuevas acciones del enseñar.

Cerrar las escuelas cambió las acciones cotidianas de las personas involucradas en la educación y demandó hacer otras diferentes, algunas no conocidas por todas las personas, estudiantes, maestros, maestras, familias de los estudiantes y autoridades. Continuar con las labores educativas sin escuela de por medio, con “educación remota de emergencia”, llevó a realizar, acciones pronunciadas y a la vez desconocidas. Sí, enseñar. Y a la vez sin ver a la cara a los estudiantes. ¿Y cómo enseño si nos los veo? Bueno los verás en una pantalla. Entonces ¿le estaré hablando a una pantalla? Sí. Los estudiantes también te verán en la pantalla y escucharán tus indicaciones. Tú estarás en tu casa y ellos en la suya. ¿Y van a levantar la mano si no me entienden? Sí. Los programas de la computadora tienen esa opción y tu verás quién levantó la mano y le vas a decir ¿Cómo te ayudo…? Y así todo un nuevo diseño para estar en contacto vía electrónica digital.

¿Tiempos difíciles? No, basta aprender y acostumbrarse a las nuevas rutinas. Sí. Difíciles, pues algunos estudiantes abandonan el estudio (+/-7%) otros se cansan de “pantalla” y no aprenden (+/-60%) y los maestros, sienten que no enseñan (+/-45%) según mediciones realizadas en los últimos meses del 2021. Regresar a la escuela, así sin más, nos enfrenta a nuevas preguntas. Tiempos difíciles. Oportunidad para repensar la tarea educativa.